Liébano Sáenz
Conforme pasa el tiempo se confirma la evidencia de que la transición democrática en México careció del capital humano para asumir responsable y constructivamente el cambio. El gradualismo que la caracterizó permitió la continuidad no sólo de personas, sino de actitudes y valores que minaron aliento transformador. Agravio y rencor de perdedores, complejo de superioridad moral de ganadores, pasividad expectante de muchos otros. Casi nadie hizo del cambio virtud, sino oportunidad para avanzar en sus intereses con la pesada carga del prejuicio de un país poco avenido a los valores de la democracia.
No sólo se ha dado vuelta en círculo, sino que en varios aspectos ha habido involución. La institución fundamental del régimen político, la Presidencia, hoy padece el acoso de quienes la ven como amenaza. Para algunos no se trata de transformarla, sino de disminuirla, de someterla para chantajearla. Ya han pasado doce años desde que el Presidente perdió mayoría en el Congreso y casi nueve, de que se dio la alternancia. El musculo reformador de las décadas pasadas, hoy simplemente no existe. El Ejecutivo no ha tenido el respaldo del Congreso para concretar las reformas con la profundidad y amplitud que el país demanda. Read the rest of this post »



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