La irrupción de los gobernadores


En este siglo México ha preservado su territorio. De no hacer algo que propicie una mayor cohesión entre regiones y grupos sociales, seguramente el país no llegará con la misma geografía al festejo que habrán de conmemorar los nietos de nuestros nietos.

En un país con poderosas inercias centralistas, a contrapelo de las formalidades fedealistas, es relevante la irrupción de los gobernadores en la política nacional. El centralismo en sus diversos planos -cultural, religioso, económico y político- tiene larga historia y precede a la nación como tal. La propuesta modernizadora del país en los dos siglos pasados era esencialmente centralista,  a pesar de la Constitución federal. La rebelión, los regionalismos y la pérdida del territorio nacional lo explican. Los gobernadores, con muy singulares excepciones, fueron figuras de escasa relevancia.

Paz y justicia, primero, justicia social, después  implicaban no sólo un Estado fuerte, sino centralista. La preservación de la integridad del territorio nacional fue uno de los logros del México, no democrático. Sin embargo, la balcanización duerme en lo profundo del tejido nacional.  Son muchos los procesos de desarticulación nacional que subyacen en una armonía más aparente que real. A partir de sus variables culturales y económicas, especialmente por el impacto diferenciado de la globalización, la geografía nacional está fracturada; día a día crecen en su desencuentro tres o cuatro Méxicos muy desiguales entre sí.

En el balance del centenario, en este siglo México ha preservado su territorio. De no hacer algo que propicie una mayor cohesión del país entre regiones y grupos sociales, seguramente el país no llegará con la misma geografía al festejo que habrán de conmemorar los nietos de nuestros nietos. No sólo hay diferencias, también desencuentros y empiezan a aflorar rasgos que alejan un sentido de identidad común. Las fronteras norte y sur son dos mundos aparte. Es significativo el contraste entre Oaxaca y Monterrey, Tuxtla Gutiérrez y Chihuahua, Chilpancingo y Torreón. En medio están el Bajío, el altiplano y el valle de México. La distancia se incrementa por la distinta dinámica del desarrollo económico y social. La migración interna matiza, pero no resuelve la brecha.

Los regionalismos es lo de hoy; muchos países lo padecen de forma violenta a partir no sólo de economías diferenciadas, sino de identidades que antecedieron la formación de naciones. Europa del Este se ha desdibujado. En México es distinto, más que el pasado lo que nos persigue es el futuro, especialmente porque la modernidad no corta parejo.

Los gobernadores constituyen uno de los signos recientes de la desconcentración del poder. Ahora son más poderosos que siempre. Su agrupación en la Conago, a despecho de la Constitución que lo prohibe, fue un logro. Los gobernadores supieron obviar las diferencias partidistas y han creado un frente eficaz de colaboración y negociación con las instancias nacionales. Al final, ni la polarización de la elección presidencial pudo separarles. En otro ámbito, el de los partidos políticos, los gobernadores disputan a sus dirigencias centralistas un espacio de autonomía y de decisión.

Lo poderes locales no siempre han marchado al paso de la modernización y del desarrollo político. Prácticas autoritarias superadas en el centro, se avivan en la periferia. También se han dado procesos de democratización ejemplares: la reforma electoral del centro no sólo ha cobrado implulso en los estados, sino que algunos se han adelantado. Los gobernadores son más poderosos e independientes, también conducen gobiernos con mayores recursos y atribuciones.

La diferenciación regional debe cobrar impulso a través de las instituciones representativas, en particular, el Congreso. Los legisladores son portadores de un mandato que debe ser atendido en la reforma legal y en la ejecución de las políticas públicas, mucho más allá de la disputa por el pastel del presupuesto. Es lamentable que los estados no hayan acogido las atribuciones que planteó recientemente el Ejecutivo en materia de ingresos. Se han malacostumbrado, con honrosas excepciones, quieren dinero, pero no las facultades de recaudación fiscal, desentendimiento que daña en sus fundamentos, el propósito federalista.

Uno de los desafíos a la vitalidad federalista lo representan los partidos políticos nacionales. conforme más democrática sea su vida interna, mayor presencia tendrán las regiones. Felipe Calderón ganó la candidatura a partir de la alianza con grupos locales; debido a una mejor articulación con los factores regionales, el PAN ha obtenido buenos resultados en las dos elecciones presidenciales; el adverso resultado del PRI en 2006, se explica en parte por el vacío de los poderes locales hacia su candidato presidencial.

En contraste a lo que ocurre en los partidos nacionales, la política cada vez es más local. Los triunfos recientes del PRI, después del desastrozo resultado electoral en la elección presidencial, tienen que ver con ese tejido partidista construido a lo largo del tiempo. Es bueno recordar que el origen del otrora partido dominante fue una alianza de proyectos regionales. El PAN ha consolidado de manera consistente su presencia en El Bajío. Los resultados en esos lugares hicieron la diferencia en la pasada elección federal. Por su parte, el PRD ha mantenido su dominio en la Ciudad de México y en el oriente del valle de México, zonas densamente pobladas. Sin embargo, la volatilidad en las preferencias es el signo dominante del país y esto significa que nada hay seguro.

En 2000 los tres principales candidatos, habían sido gobernadores; en 2006, los candidatos habían sido dirigentes nacionales de sus partidos. ¿Qué ocurrirá en 2012? Cualquiera el color es deseable un relevo generacional mejor avenido al mosaico de diversidad que es México. Quizás la tarea del gobierno de Calderón sea la de propiciar tal transición.

El PRI gobierna 18 de los 31 estados; por autoritarismo de su cúpula dirigente no ha podido potenciar su presencia territorial al momento de la disputa nacional, aunque parece que ahora eso está cambiando. En el PAN, partido gobernante, su dinámica la condiciona su relación con el gobierno, pero ha sabido desarrollar un sentido de partido más allá del poder gubernamental. El PRD apuesta al largo plazo y no obstante su debilidad regional, puede disputar con éxito el poder nacional como ocurrió en la pasada elección federal. Partidos, gobernadores y geografía, desafíos y realidades de hoy y de mañana.

Publicado originalmente en Milenio Diario

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