Poder y periodismo


liebano_saenz_int1.gifLa guerra de Irak no debió ser, al menos no por las razones que en su momento el presidente Bush esgrimió a sus conciudadanos, al Congreso y a sus aliados. Dos fueron las razones que nunca se probaron y que pronto se descubrió eran francamente falsas: la primera, el vínculo entre la organización terrorista responsable del ataque del 11 de septiembre Al-Qaeda y el gobierno de Saddam Husein, y la segunda, la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Lo sorprendente fue el consenso en la sociedad norteamericana al momento en el que el presidente resolvió emprender su guerra. El Congreso la aprobó por unanimidad y la sociedad, ávida de cobrarse el agravio por el ataque terrorista, dio su más amplio aval a la incursión militar.

Hace algunos días el Centro de Integridad Pública —organización no gubernamental fundada por periodistas, establecida en Washington, orientada al escrutinio ético del gobierno, del Congreso y de los políticos— ha hecho público que el presidente norteamericano se apartó de la verdad en cientos de ocasiones para argumentar la justificación de la guerra en Irak sobre premisas falsas.

El estudio concluye en una afirmación fácil y evidente: las autoridades norteamericanas mintieron. Sin embargo, lo significativo no es eso, sino las razones por las que la prensa y el Congreso fueron ineficaces para cuestionar una guerra que ha llevado al país, al gobierno norteamericano y a su presidente al mayor desprestigio posible, como ahora casi todos concluyen. En otras palabras, lo importante no es el déficit ético o de eficacia del gobernante, sino la disfuncionalidad del conjunto del sistema para suplir, contener o corregir las faltas de quien detenta el poder gubernamental.

En los episodios más trágicos y dramáticos de la humanidad, el miedo explica buena parte de lo acontecido y su desenlace. La sociedad norteamericana, no obstante su extraordinaria capacidad para sumar, incluir y enriquecerse de la diversidad, así como su indiscutible vocación libertaria, a la hora en la que el miedo se impuso se volvió contra lo mejor de sí misma. El presidente Bush llevó a su país a la guerra. No es improbable que una actitud más rigurosa por parte de los medios de comunicación hubiera contenido el desaguisado, el que ahora, a toro pasado, señala culpa, por igual, a quien ordenó que a quien consintiera. El hecho revela que la respuesta y prevención a las desviaciones éticas en el ejercicio del poder son las libertades, en particular las vinculadas al ejercicio periodístico.

El tema es pertinente para este momento de México. Con dificultosa lentitud el país arribó a un arreglo democrático. Puede haber insatisfacción con el gobernante, los actores políticos, el sistema o los resultados, pero el país vive en una realidad democrática y esto es un logro que como colectivo nacional potencia nuestras virtudes y defectos. Lo cardinal, más que el diagnóstico revelador de insuficiencias, son las respuestas, las salidas que conduzcan a una convicción compartida de que la democracia, además de deseable, es conveniente y útil a las personas por sus resultados y alcances.

Para una mejor democracia, unos mejores gobierno y política, es preciso asumir con mayor determinación el tema de las libertades, que por sí mismas no dan justicia o equidad, pero son su soporte y, a la larga, las vuelve objetivos necesarios y expresión de la modernidad a la que conduce. Sin libertades no hay progreso y sólo será compartido en la medida en que el ejercicio efectivo de esas libertades alcance a las mayorías y minorías nacionales.

Tengo la convicción de que muchas de nuestras dificultades habrán de encontrar mejores condiciones de solución cuando superemos las circunstancias de agravio y desconfianza. Esto no pasa por las coincidencias, sino por la capacidad de coexistir con nuestras diferencias. Esta tesis reivindica al periodismo en sus diversas expresiones, especialmente el que se orienta al escrutinio del poder. De estos tiempos de democracia es preocupante el desdén de la clase política a las libertades, lo que ha sido objeto de diversas reflexiones en este espacio.

Con el propósito de mejorar las instituciones democráticas en meses recientes se modificó la Constitución. El contenido de las propuestas, la omisión discursiva y propositiva gubernamental, las deliberaciones dentro y fuera del recinto parlamentario, las actitudes de descalificación hacia quienes los políticos ven como ajenos, la desconfianza que encubre desprecio a los medios, todo ello ha conducido a que una reforma necesaria, incluso con innegables avances, conlleve una merma a las libertades. Esta situación se advierte no sólo en la ley, sino en una actitud cada vez más socializada en la clase política. Dañar las libertades nos expone porque mina los anticuerpos al autoritarismo o al mal gobierno.

En los próximos meses se anticipa una agenda en la que nuevamente la libertad de expresión estará en juego, especialmente al abordar el tema de la radio y la tv. En este proceso, es importante que la mayoría en el Congreso tenga capacidad para diferenciar temas como desempeño económico de los negocios, tecnología en telecomunicaciones, con los de contenido de programación y editorial. Es una realidad la pretensión de quienes se asumen portadores del interés público, imponer criterios y someter a control gubernamental el ejercicio de la libertad de expresión. Los legisladores en su cometido no deben perder de vista la importante tarea que el periodismo realiza en los medios electrónicos. El deseo compartido por una mejor oferta televisiva y radiofónica no se construye con el estatismo y el control burocrático discrecional, sino con las condiciones que permitan una efectiva libertad de expresión.

La experiencia propia y ajena revela la necesidad de mantener un vigoroso y plural ejercicio de libertades. Es la mejor garantía de que el poder, en sus diversas expresiones, tenga rumbo y sentido hacia las mejores causas. El periodismo puede resultar incómodo, pero, ciertamente, es la base para una mejor democracia, gobierno y política.

Publicado en Milenio Diario 

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