El extraordinario


Liébano Sáenz

Extraordinario el periodo de sesiones extraordinarias. Los diputados y los senadores han resuelto modificar aspectos importantes de las instituciones públicas. Los temas son trascendentes y hacen que el Congreso, al cumplir sus responsabilidades, gane credibilidad y prestigio. Las reformas aprobadas en su fase inicial, no son de satisfacción unánime, tampoco todas tienen el mismo valor o funcionalidad, no obstante, en su conjunto, representan uno de los capítulos más positivos de la vida parlamentaria de México. Los legisladores, sus coordinadores y los partidos tienen genuinas razones de satisfacción.

Lo acontecido es un buen preámbulo a la antevíspera de la elección intermedia. Es deseable que lo que ahora sucede en el Congreso sea el signo de la superación definitiva de las heridas, agravios y desconfianza, secuela de la elección presidencial y, más que ello, que exprese los nuevos términos del acuerdo político. Importa el pasado, pero mucho más, el presente y el porvenir. El entendimiento quizás no dé para lograr un consenso que consiga una reforma deseable en materia energética, pero sí para una que transforme a profundidad el sistema de justicia o al Congreso mismo, dos de los aspectos pendientes de mayor importancia para la reforma institucional. Una espléndida oportunidad que no debe ser desaprovechada para que el Congreso dé cauce a la anhelada reconciliación nacional y para que los legisladores se aproximen al sentido de la representación que ostentan.

En las propuestas aprobadas hay un sano equilibrio entre la determinación de eliminar el llamado veto de bolsillo del Presidente, con la de disminuir el veto virtual parlamentario al derecho de iniciativa del Presidente, al concedérsele el derecho preferente para dos proyectos de reforma cada inicio de sesiones. Por el lado del Ejecutivo, el veto de bolsillo es un fraude a la ley y una burla al Congreso; en el Congreso, el uso de la congeladora es un agravio al derecho de iniciativa. Las cifras del rezago legislativo consignan la necesidad de una reforma adicional para modificar la manera como se procesan y dictaminan las iniciativas; muchas de ellas tienen un mero valor testimonial individual, más que una expresión política de reforma o cambio legal.

Hubiera sido deseable llegar más allá en materia de veto. Por ejemplo, en materia de discusión y aprobación del presupuesto, precisar las atribuciones de reforma de la Cámara y los alcances del veto presidencial. La Constitución es ambigua al respecto y lo único que salva a medias la situación es el criterio de la Corte en ocasión de la diferencia entre Ejecutivo y la Cámara, con motivo de las modificaciones que ésta hiciera al presupuesto de 2005. También hubiera sido conveniente dejar la puerta libre para situaciones especiales o de emergencia, de manera tal que el Congreso pudiera atender propuestas del Ejecutivo cuando se presentaren. Mucho mejor hubiera sido que se ampliara la atención preferente a más de dos iniciativas del Presidente y que se incorporaran a los legisladores en ciertas circunstancias. La Corte debe tener derecho de iniciativa en materias de su competencia; de igual manera, es conveniente contemplar la iniciativa popular, aunque sea un recurso extraordinario y, probablemente, con poca eficacia.

El candado parlamentario sobre el Presidente para dejar el territorio nacional, era una reliquia sin sentido en el mundo actual. En el pasado inmediato no hubo acierto en los legisladores cuando se impidió, por razones poco serias o motivadas por el revanchismo, la salida del Presidente del territorio nacional. Que la mayoría parlamentaria haya resuelto modificar la previsión en la materia, constituye una muy grata señal de madurez.

El cambio en el formato del Informe ha recibido desproporcionada atención; en realidad esta decisión es jurídicamente poco relevante, sin embargo, tiene un enorme poder simbólico. La institución del informe devino en contradicción al aliento de pluralidad y libertad, propio de la consolidación democrática del país. El problema de la institución era de origen, ya que a partir de la Constitución de 1917, la comparecencia del presidente era en su condición de jefe de gobierno, cuando debió haber sido de jefe de Estado; el dominio político y electoral de un solo partido bajo el control del Presidente, significó que el Informe se volviera un ritual de sometimiento de la representación popular y nacional al presidente en turno; por esta razón la pluralidad, primero, y la fortaleza del Congreso, después, acabaron, en los hechos, con dicho ceremonial. Debió haberse reformado la institución para dar cabida, en términos de dignidad, al encuentro republicano de los poderes de la Unión, como es el origen profundo de dicha práctica; las condiciones particulares del momento político no alcanzan para justificar su desaparición. A los legisladores les resultó más cómodo desaparecer una institución republicana común en las democracias modernas, que transformarla.

El poder de citatorio del Congreso a los funcionarios de la Federación bajo juramento es un positivo precedente para atenuar los amplios niveles de impunidad verbal que existen en la vida pública nacional. Sin embargo, los mismos legisladores han pecado con creces de este abuso, incluso la inmunidad parlamentaria de la que gozan por sus expresiones ha dado lugar a calumnias e injurias en detrimento de personas e instituciones.

El Congreso se encamina a culminar las reformas secundarias derivadas de los cambios constitucionales en materia electoral. El proceso no concluye, falta que los Congresos locales procedan a lo propio. Los temas que ahora se abordan son delicados y trascendentes, entre otros, precisar causales de nulidad de la elección presidencial. Es deseable que los legisladores cuiden los términos del cambio a la Ley de Radio y Televisión a manera de conciliar los objetivos que animan la reforma electoral, con los de certeza de derechos de inversionistas y el de libertad de expresión.

2 pensamientos en “El extraordinario

  1. Querido Liébano: Muy bueno tu artículo de hoy. Lo que me sigue preocupando es que sólo se avance en lo simbólico y nos quedemos rezagados en las reformas trascendentales para modernizar al país. Ojalá que esto pueda abrir la puerta a una nueva etapa de acuerdos. Sigo siendo optimista. Un abrazo.
    El formato de tu blog es sensacional. Felicidades.
    Javier

  2. Querido Liébano: Muy bueno tu artículo de hoy. Lo que me sigue preocupando es que sólo se avance en lo simbólico y nos quedemos rezagados en las reformas trascendentales para modernizar al país. Ojalá que esto pueda abrir la puerta a una nueva etapa de acuerdos. Sigo siendo optimista. Un abrazo.
    El formato de tu blog es sensacional. Felicidades.
    Javier

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