El encuentro del Presidente y el jefe de gobierno


Liébano Sáenz

Un acontecimiento poco conocido a las horas siguientes a la elección presidencial de 2000 fue el encuentro del Presidente de la República con los gobernadores del PRI en la casa presidencial. Horas antes, se había reunido con la dirigencia nacional del PRI y momentos después con su candidato presidencial. Circunstancias particularmente difíciles para todos. Nada hay que aligere el peso de la derrota. La realidad es que el voto mayoritario de los mexicanos había favorecido al candidato presidencial opositor.En los gobernadores se advertía preocupación. Había razones para ello. El candidato ganador no había construido con sus pares, como gobernador de Guanajuato, términos de relación que ofrecieran certeza política, ni siquiera trato respetuoso. Se recordará su explícita y permanente descortesía hacia las instancias federales. Por carácter o cálculo político, Vicente Fox buscó diferenciarse de los mandatarios locales, incluso de los gobernadores de su propio partido a través del desdén o la confrontación.

En el encuentro de ese día crítico, el gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez, hizo referencia a esa conducta de Vicente Fox para fundar su alarma sobre lo que podría venir. Otros, como el gobernador de Tabasco, Roberto Madrazo; o el de Yucatán, Víctor Cervera Pacheco; o el de Oaxaca, José Murat, tuvieron una postura considerablemente más serena y respaldaron la propuesta del presidente Zedillo de hacer del relevo de administración un acto ejemplar de respeto y civilidad políticas. Fue un acto de madurez compartida lo que permitió que la transición ocurriera en términos de normalidad. Quedó claro que la política debe diferenciar con claridad y contundencia los momentos de contienda, de los de gobierno. Diferenciación más simple para los que ganan que para los que pierden. Al presidente Zedillo le interesaba además, después del descalabro de los resultados, empezar a construir la gobernabilidad hacia adentro del PRI.

Lo narrado es pertinente respecto a las dificultades que se observan en el Gobierno del DF y de un sector del PRD en la relación con el Presidente. Prevalece la dificultad para superar el encono y las heridas que resultaron de la elección de 2006. Las campañas negras, la diferencia estrecha y otros aspectos ya narrados en detalle por la crónica de los comicios afectaron la conformidad en el resultado por quienes perdieron. Quizá la falta más costosa fue que el presidente Fox perdiera su condición de jefe de Estado y, por lo mismo, garante de la imparcialidad. Fue lamentable, pero eso no puede imputársele a Felipe Calderón. En todo caso, hay que aprender la lección para recuperar el sentido y la dignidad propios de la investidura presidencial.

Después de los comicios pasados no ha ocurrido la reconciliación necesaria. En su lugar ha habido un precario acomodamiento a partir de las necesidades mínimas de gobierno y de la personalizada colaboración política y parlamentaria. Se vive una normalidad sui géneris, como si el ambiente de contienda de la elección de 2006 permeara la política en los tiempos actuales. No ha podido alcanzarse, en toda su extensión, el diálogo y la colaboración entre el gobierno de la ciudad capital y el federal, lugar común en toda democracia. De la intransigencia y la polarización subsecuentes ha habido beneficiarios, también bajas, entre éstas la posibilidad de que la oposición cumpla sus responsabilidades.

Así ha ocurrido hasta este momento en el que la sociedad civil legítimamente indignada, reclama en tono de exigencia el entendimiento entre el jefe de Gobierno del DF y el Presidente de la República. El valle de México es una de las regiones más problemáticas en materia de inseguridad. Para atender este problema se requiere de esquemas eficaces de colaboración y coordinación. Es necesario definir una agenda de compromisos recíprocos y que a este proceso se incorpore el diálogo entre los titulares de los gobiernos.

La Conago ciertamente es una instancia útil para invitar al acuerdo o cumbre en materia de seguridad, pero también requiere compromiso de los partidos y los legisladores. Hace cinco años, la misma organización convocó, con el aval del presidente Fox, a una Convención Nacional Hacendaria. Los acuerdos fueron significativos no obstante que habían sido previamente condicionados por aceptación unánime; sin embargo, los legisladores se desentendieron de lo acordado, ni siquiera se pudo recuperar en la pasada reforma fiscal. La desmemoria prevaleció. El precedente es ilustrativo de las dificultades del proceso decisorio nacional, incluso en temas de la mayor relevancia cuando no hay un sentido de responsabilidad frente a las causas que le urgen a la sociedad.

Lo que importa es el presente y más que ello el mañana. Las elecciones federales intermedias se aproximan. Once entidades, incluyendo las dos del valle de México, tendrán elecciones locales intermedias concurrentes al proceso federal. Es muy importante recuperar el proceso de entendimiento y de corresponsabilidad en los temas de la agenda política nacional. Es necesario que el diálogo entre autoridades sea realidad, especialmente en los temas de urgencia como es el de la inseguridad. También entender que el marco institucional, aún con sus imperfecciones, es la base no sólo para la coexistencia, también para su propio perfeccionamiento político.

Ha cobrado vigencia en buena parte del sector político, que los temas nacionales son ocupación exclusiva de los partidos y los legisladores. La reforma electoral reciente obvió a la sociedad y en más de un sentido se le marginó, limitaron sus derechos o se le excluyó. Ahora esa misma sociedad, en uno de los temas fundamentales demanda ser escuchada y lo que no deja de ser paradójico, que al menos los políticos se hablen entre ellos para que atiendan sus responsabilidades elementales. Ciertamente, de una o de otra forma, deben dialogar el jefe de Gobierno del Distrito Federal y el Presidente de la República.

Un pensamiento en “El encuentro del Presidente y el jefe de gobierno

  1. Querido Liébano,
    Coincido contigo en que es necesario el dialogo entre las autoridades y más aún es necesario que además de dialogar y dejar acuerdos por escrito, las autoridades sean capaces de definir procesos técnicos reales para llevar a cabo las reformas y cambios necesarios que verdaderamente ofrezcan una solución al trágico entorno de inseguridad en el que estamos viviendo.

    un abrazo,

    Ana Paula Domínguez

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