El Presidente ante el crimen


Liébano Sáenz

El país vive una nueva ola de inconformidad por los niveles de criminalidad, detonada por el homicidio del joven Fernando Martí. Alejandro, su padre, se ha tornado en la voz de muchas personas para señalar en las autoridades incapacidad o impotencia; la frase lapidaria “si no pueden, renuncien” es el signo de estos tiempos de hartazgo y decepción. Llama la atención que sea la sociedad civil y la expresión libre en los medios de comunicación, incluyendo a los electrónicos, el elemento activo de este proceso de reclamo y reivindicación; los partidos políticos y sus representantes se han mostrado a la zaga.

Ante la crisis, es preciso reciedumbre y prudencia de autoridades. Lo peor son las acciones desesperadas. No es hora de ganar la opinión pública o publicada, sino de ofrecer respuestas con autenticidad de propósito y resultados reales y duraderos. El tema de la inseguridad pública es cuestión de Estado. La causa originaria de este serio problema es la impunidad y el desdén a la legalidad, que tiene muchas expresiones; siendo la criminalidad sólo una y quizás la más preocupante.

La solución al crimen debe darse, inevitablemente, a través de las instituciones y mediante la prevención que corresponde al tejido social, es aquello que inhibe que las personas ingresen a la ilegalidad, a la infracción, a la falta menor que, gradualmente, traslada al delito y finalmente a la violencia. De allí la necesidad de tolerancia cero y de que los servidores públicos sean ejemplo de honestidad, ética y apego a legalidad. Delinquir no es un acto repentino, sino un acumulado de desprecio a las reglas que incuba en la familia, en la escuela, en la vida cotidiana, en el desentendimiento de la urbanidad. El delincuente no nace, se hace y, por lo visto, en nuestro país muchos encuentran condiciones óptimas para su incursión delictiva, precisamente por la impunidad. Bajos riesgos y altos beneficios es la premisa tanto de la corrupción como del crimen organizado.

La respuesta institucional es de voluntades, pero también de leyes, procedimientos y prácticas. Si no hay denuncia dificultará la tarea que corresponde a la autoridad; si la denuncia en sí misma representa un riesgo para el ciudadano, como sucede en muchos casos, la víctima actuará por su propia cuenta o, muy probablemente, vivirá la frustración ante la impotencia propia y colectiva para hacer valer la sanción al delincuente. La solución exige un reencuentro de la policía con la sociedad; la distancia que media entre estos hoy, es una de los problemas más serios a resolver. Por ello la depuración de los cuerpos de seguridad debe ser prioridad. Pero el lugar del delincuente depurado es la cárcel, nunca la calle.

La procuración y la administración de la justicia penal viven una seria crisis. Sucede en el fuero federal y en el común. Es una crisis de hace tiempo; la Corte ha planteado desde hace varios años modificaciones a fondo sobre el tema, pero no ha sido atendida por el Congreso o los partidos. Por ejemplo, es necesario evitar que la revisión constitucional de los procesos judiciales penales constituya un medio para la liberación de culpables, como ayer lo señalaba En Privado, Joaquín López-Dóriga, en este mismo diario.

La reunión del Consejo Nacional de Seguridad ha convocado no sólo a autoridades y representantes de los poderes federales, sino a la sociedad. Es un acierto que el acuerdo implique el compromiso por la legalidad, la verdadera respuesta para resolver el problema. Más, todavía, que se haya dejado escuchar la voz de dos representantes de la sociedad, quienes han reproducido con fidelidad la indignación de muchos ante la situación. Existen compromisos que deben cumplirse por las autoridades, los legisladores y los órganos judiciales, a la luz de las responsabilidades conferidas por el cargo que desempeñan y no como resultado del ambiente de opinión que les cuestiona en la coyuntura.

Ahora más que nunca el Presidente debe contar con el apoyo de gobernadores, legisladores, partidos y del Poder Judicial Federal. La libertad de expresión debe ser salvaguardada porque es la mejor manera de reivindicar el derecho de la sociedad a saber y de someter a escrutinio al poder.

El tema de seguridad es de Estado, su representante es el Presidente de la República. No hay tiempo de querellas, ni heredadas ni menos de las surgidas por el futurismo electoral o político. Lo peor que puede suceder es una autoridad nacional disminuida por mezquindad, oportunismo o confusión de sus opositores politicos. El crimen debe advertir la indignación de la sociedad y la voluntad colectiva de todas las autoridades para enfrentarlo en todas sus modalidades.

En los gobiernos debe generarse un ejercicio de autocrítica y corrección. Los compromisos del acuerdo sólo tienen sentido en la medida de los resultados. Debe anticiparse que éstos no serán inmediatos, aunque sí deben ser tangibles, verificables y, sobre todo, veraces. La mejor manera de inhibir al crimen es evidenciando las nuevas condiciones para abatir la impunidad. El gobierno nacional deberá emprender actos ejemplares o emblemáticos que constaten la realidad de un punto de inflexión sobre el tema.

Se aproximan tiempos electorales. Es censurable que partidos y candidatos pretendan ganar ventaja medrando la tragedia y un problema del que nadie puede asumirse ajeno de responsabilidad. Como lo advierte el caso de la inseguridad, la sociedad lleva mucha ventaja al sector político, y no busca ni necesita representantes ni voceros de la política, sólo requiere que cada quien haga lo propio para abatir los inaceptables y ofensivos niveles de impunidad que de siempre han existido y que ahora ponen en entredicho las bases más elementales de la convivencia.

La sociedad debe expresarse con libertad. Las organizaciones civiles y los medios de comunicación muestran su vitalidad. Los políticos debieran entender y asumir sus responsabilidades y obligaciones de cuidar la libertad de asociación y de expresión, puesta en entredicho por ellos mismos en el último año. Son tiempos de responsabilidad. La situación obliga.

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