Cien días más de inseguridad


Un buen diagnóstico a un grave problema es el principio a una buena solución. La inseguridad pública y la violencia reciente que la acompaña, así lo demandan. El país, la sociedad, el conjunto del Estado enfrenta uno de los desafíos más serios. Simplificar el problema es eludir la solución. Confundir efectos con causas, implica que el problema habrá de proseguir de manera indefinida y en aumento. Hay verdades evidentes, otras, más bien discretas, otras más, las que no queremos conocer o aceptar. Por lo pronto son certeras las palabras del secretario de la Defensa: la viabilidad del país está en riesgo.

Es evidente que a los gobiernos les corresponde la tarea principal en materia de seguridad pública; para ello se requieren buenas leyes y también una justicia eficaz (que sancione al delincuente) y eficiente (pronta y expedita). En México los elevados niveles de impunidad se han tornado en incentivo para una criminalidad profesional, reincidente y con capacidad para reproducirse, organizarse, incluso, para apropiarse de ciertas funciones del Estado, como es la de recaudación y, a su modo, la de justicia, no digamos, la del monopolio de la violencia.

Sería injusto desconocer que se ha avanzado, pero los resultados ponen en entredicho lo realizado. Los poderes judiciales se han fortalecido en todos los sentidos y las procuradurías han ganado autonomía técnica y muchas se han modernizado. Bastaría medir el aumento al presupuesto destinado a seguridad pública de los últimos años, para precisar el tamaño del esfuerzo público, pero los resultados no son satisfactorios. El índice delictivo y la oprobiosa tasa de impunidad lo revelan.

Es incómodo y politicamente incorrecto decir que la sociedad tiene buena parte de la responsabilidad en materia del crimen. No sólo es cuestión de complacencia o indiferencia —que existe—, es un tema de descomposición en sus bases más profundas. No es necesario plegarse al moralismo conservador para identificar que las tres instituciones fundamentales en la formación de la persona, viven un profundo y, quizás, irreversible deterioro: la escuela, la Iglesia y la familia. Está presente una crisis de valores y los referentes de éxito (dinero) o de autoridad (jerarquía política) no aportan un sentido básico de ética.

Los mexicanos no creen en sus autoridades policiacas, tampoco en las leyes y los procedimientos judiciales. La mayoría están convencidos de que éstos sólo sirven a los más poderosos. En esta medida es difícil contar con la imprescindible participación social para que las autoridades actúen en la lucha contra el delito. Así se da el caso de que el narcotráfico no sólo haya penetrado a la economía y a las instituciones de Estado, también lo ha hecho al tejido social en su profundidad. Esta forma de organización delincuencial está más cerca de las personas y de las familias de lo que se advierte. El tema no es sólo de criminales agresivos, violentos y fuertemente armados, que lo son. También se hace presente, como lo ha señalado un destacado funcionario federal en la materia: en el vecino de la esquina, en el “changarro” del barrio o la viejecita que hace los suyo para ganarse la vida. Ciertamente, hay mucho por conocer del poder del crimen en los extremos de lo social.

Las autoridades están en jaque porque socialmente se ha aceptado una falacia, al menos parcial: el crimen es culpa de las autoridades. El criminal es un producto social. Desde luego que las autoridades tienen mucho que ver en la formación del delincuente; los mismos reclusorios son, quizá, la mejor escuela para evolucionar en la escalera de la criminalidad. Los policías también se vuelven criminales. Pero no se pueden eludir las condiciones sociales que propician el nacimiento del delincuente y su evolución. En la medida en que la sociedad no se advierta aludida en el problema, jamás la veremos en la solución. En consecuencia, las medidas institucionales convencionales (mejores policías, más equipadas, más leyes, más presupuesto) rendirán flacos y lentos resultados.

Algunos ven hasta con regocijo la manera como los gobernantes se muestran a la defensiva por la gravedad del problema de la inseguridad, sin advertir que es la sociedad no el gobierno quien está en jaque. El ejercicio del poder desgasta, más en condiciones adversas como las que imponen el agravamiento de la inseguridad y la situación económica. Sin embargo, es cuestión de elemental lealtad hacia nosotros mismos, identificarnos en la dificultad y también en la responsabilidad de la solución. Lo peor que puede suceder es que los políticos hagan del tema de inseguridad un recurso de chantaje en la negociación o de manipulación en el intento de atacar al adversario, como ha ocurrido en fechas recientes, en la política local y nacional, hasta en las querellas intrapartidistas e interinstitucionales.

La contabilidad de cien días, semanas o meses poco contribuye si es un recurso más de simplificación del problema. Es deseable que este nuevo ánimo de escrutinio mediático y social a lo que hace el gobierno, también se traslade a la misma sociedad. Que se depuren policías y se sancione con severidad a quien desde el poder político sirva a la causa del crimen, pero también que la sociedad demande los cambios que le permitan cumplir con sus tareas elementales como es la denuncia y la auditoría ciudadana al proceso penal.

La viabilidad del país está en riesgo. Celebro la agudeza periodística de Carlos Marín y Francisco Garduño para destacar en la nota de ayer aquí en MILENIO, un aspecto elemental de un estudio de opinión de más de 16 mil encuestados en todo el país: 26% de los entrevistados dijeron conocer a alguna persona que pudiera estar vinculada con el tráfico de drogas y que éstos tienen operando más de dos años. La cifra es apabullante y dice que el narcotráfico está mucho más próximo a la sociedad de lo que muchos quisieran admitir. El balance de cien días exige una reflexión más seria y profunda sobre la realidad de la inseguridad si se trata de lograr una solución; para el desahogo, la revancha o la ventaja política están las condenas anticipadas.

3 pensamientos en “Cien días más de inseguridad

  1. Coincido. En esta época de violencia es común echarle la culpa al de enfrente, al de arriba, al de los lados. El crimen como resultado de la incapacidad del alcalde, o la complicidad del gobernador, o la ingenuidad del presidente. Quizá hay un poco de todo lo anterior, pero es imposible ganar la guerra cuando nuestras tropas gastan su parque y energía combatiéndose a si mismas.

    El fuego amigo solo avanza el interés político que busca lucrar con la derrota.

  2. Querido Liébano,
    Como siempre, disfruto y valoro mucho tus reflexiones.
    Coincido contigo plenamente y en particular celebro tu reflexión en torno al tema de la inseguridad.
    Cada vez que veo los anuncios que publica el gobierno federal en donde dicen demostrar con hechos que están acabando con la violencia, narcotráfico e inseguridad en México, no me queda más que reírme. Acaso, ¿creen que nos la creemos?, ¿creen que porque atraparon al “Hummer” o un submarino de los narcotraficantes en el océano, el problema está resuelto?
    Definitivamente tenemos que reflexionar, abrir los ojos y ver todo lo que realmente no funciona. La violencia empieza con uno mismo, en los hogares y así se va multiplicando. ¿Cuáles son nuestros valores hoy en día?, ¿en qué creemos y porque permitimos que la violencia se promueva de forma tan brutal en los medios de comunicación masiva a nivel nacional y globalmente?, ¿cuáles son las verdaderas causas del problema?

  3. Querida Liebano,

    Gracias por tus muy acertadas palabras. Me parte el alma ver lo que esta pasanda en la ciudad de nuestra juventud y en el pais que tanto amo. A nivel mundial, estos ultimos dias hemos visto demasiada vilolencia y tristeza.

    Saludos,
    Lilia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s