El Presidente y su Gabinete


No son para apreciarse las declaraciones de aquellos que invocan la lealtad partidista como valor superior en la designación de un miembro del gabinete; llevarlo al extremo, representa un agravio a los muchos colaboradores valiosos del Presidente que no son miembros del PAN; además, contradice una de las exigencias históricas de tal partido: la separación del gobierno y del partido gobernante.

La lealtad que debiera invocarse respecto de los miembros del gabinete, es a la institución presidencial no al partido. El Presidente requiere de colaboradores competentes; pueden ser próximos en el afecto o en el quehacer partidario, pero el criterio principal es que los altos funcionarios del gobierno, además de un sentido de compromiso con quien les designa, requieren ser eficaces en una tarea que tiene una doble funcionalidad: representar al Presidente en la gestión y administración del área respectiva y, también, servir de interlocutor de ese sector hacia el Presidente de la República.

Consustancial a la responsabilidad unipersonal que entraña el cargo de Presidente, está la de designar Gabinete. Para casos muy singulares la Constitución ha determinado que el Congreso pueda ratificar designaciones. Esto ocurre en los regímenes presidenciales puros y es un buen precedente, pero no entraña que el Presidente deba consensar con la mayoría parlamentaria, quienes deben ser sus colaboradores. En todo caso, el Congreso interviene como una forma de auditoría, pero no para apropiarse de una responsabilidad exclusiva del Ejecutivo en un régimen presidencial: el ejercicio del gobierno.

El tema viene al caso por la controversia sobre las designaciones de gabinete que ha hecho el Presidente Calderón. A quienes les parecen poco acertadas, se inclinan por la idea de que la designación debiera compartirse con el Congreso o alguna de las Cámaras. De ocurrir así, se daría un giro significativo al régimen de gobierno, introduciendo formas de régimen parlamentario. Sería una suerte de institucionalidad intermedia en la que se sumarían los defectos de los dos sistemas: el presidencial y el parlamentario.

El juicio sobre lo particular no debe llevar a decisiones sobre lo general. Con esta actitud se cometieron errores monumentales en la legislación electoral, al pretender corregir las desviaciones observadas de la elección de 2006; ahora tenemos una legislación que generó más problemas y deficiencias de las que corrigió. No debe ocurrir lo mismo con el régimen de gobierno. Acotar el poder de designación del Gabinete, involucrando al Senado o al Congreso diluye la responsabilidad presidencial, propicia la fragmentación o enfrentamiento al interior del gobierno al plantear una bicefalia (el Presidente y el jefe del gabinete), involucra al legislador en tareas que no le conciernen a su investidura y afecta el sustento republicano de la autoridad; al menos en el régimen vigente se tiene la ventaja de que al votar, le queda claro al ciudadano quién lo va a gobernar; en lo que se propone quien gobierna resulta de la negociación entre las élites parlamentarias y partidistas y no del voto ciudadano.

En el pasado, frente a los excesos de un presidencialismo no acotado, la oposición hizo de la disminución del poder presidencial un objetivo central del proceso democrático. No se advirtió que las desviaciones ocurrían no por las facultades constitucionales del Ejecutivo, sino por el virtual monopolio del poder por un solo partido y la influencia del Presidente en turno sobre el conjunto de la actividad partidista. Con el tiempo se logró una democracia competitiva y con alternancia, pero también se disminuyó el poder presidencial.

Algo semejante está ocurriendo con la oposición de hoy día. Su aversión al partido que gobierna los ha llevado a plantear que el Congreso participe en la designación de los miembros del gabinete y crear una figura alternativa al Presidente que funcione como Jefe de Gabinete. Una reforma de tal magnitud merece un debate más allá de la simple polémica sobre las designaciones que ha realizado el Presidente Felipe Calderón. Asimismo, la apreciación de las cosas debe despojarse de una apreciación de coyuntura o de un cálculo partidista. No se cambia la Constitución en función de un objetivo de coyuntura personal o partidista.

Por otra parte, un cambio de tal naturaleza implicaría que los gobernadores y el Jefe de Gobierno del DF, también deban designar a sus colaboradores conjuntamente con el Congreso local. Los implicaría porque el argumento es tan válido en lo nacional como en lo local.

En el pasado reciente se han aprobado reformas de mucha importancia sin estar precedidas por un debate auténticamente nacional. Lo peor que podría ocurrir es que un acuerdo cupular, derivado de las muy personales ambiciones de los actores políticos nacionales, llevara a una reforma que dañara en sus fundamentos al régimen presidencial.

Quienes fuimos formados en la doctrina constitucionalista liberal, de la que surgió una tradición de grandes mentores sobre las instituciones políticas nacionales, abrevamos de ellos la convicción de que el régimen deseable y posible, a partir de la realidad nacional y de los grandes desafíos nacionales, era el de un sistema presidencial democrático bajo la premisa de la división de poderes. Para algunos, aquellas tesis han perdido validez. No es mi caso. Como lo he expuesto en otras ocasiones, la institución presidencial debe conocerse mejor. Sin duda, requiere de modernización, proceso que ha sido pospuesto más de lo conveniente por los diversos mandatarios y legisladores. Su actualización implica su fortalecimiento, no debilitamiento. Parlamentarizar al gobierno alternado en sus fundamentos el poder de decisión presidencial del gabinete es una tentación que debe examinarse críticamente. Sus implicaciones son devastadoras. Es inaceptable que el cambio institucional ocurra sin un debate de largo alcance que involucre al conjunto nacional. La reflexión sobre el futuro debe trascender la estrechez del espacio legislativo formal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s