Urge recuperar la normalidad democrática


Liébano Sáenz

El reciente reclamo de Germán Martínez al IFE, por no atender con oportunidad los requerimientos de publicidad electrónica de su partido, es indicativo de la pérdida de la normalidad democrática, uno de los mayores logros en el desarrollo político del país. Este activo que se construyó a lo largo de diversos gobiernos priistas y que concluyó con éxito en la reforma de 1996, suscrita por todas las fuerzas políticas en el Congreso y en la que participaron actores relevantes de hoy día como es el propio Presidente Calderón, la dirigente del PRI Beatriz Paredes y el coordinador del FAP, Porfirio Muñoz Ledo. El corolario de aquella reforma fue la integración de un Consejo General del IFE por consenso y que constituyó la columna vertebral para superar la desconfianza y los recurrentes cuestionamientos de unos y otros.

El IFE de hoy día ha visto disminuir prestigio y autoridad. No hay nadie quien lo defienda o siquiera explique la razón de sus dificultades. Es cierto que muchos de esas conflictos tienen como origen la inmadurez de los actores políticos y, en más de las veces, una mala legislación que expone al IFE a una situación de enfrentamiento con los medios y los candidatos, por las responsabilidades que la reforma de 2007 le confirió, al hacerlo administrador y vigilante de los millones de spots de televisión y radio para los comicios federales y locales. Pero también lo es, que algunas de esas dificultades, se producen porque no ha habido habilidad ni claridad en el desempeño de los integrantes del órgano superior, de sus comisiones y de las áreas ejecutivas; y todavía más comprometedor es el hecho de que el Tribunal Electoral revoque decisiones del IFE por su ilegalidad.

Ante esta realidad cotidiana, pareciera que el IFE dejó ya de ser factor de certeza y garantía de certidumbre, para convertirse en elemento de recurrente impugnación y controversia. Ahora, hasta el mismo partido con mayor número de votos en las Cámaras y a cargo del poder nacional y, por lo mismo, corresponsable del estado de cosas, se lanza contra lo que sus mismos legisladores coadyuvaron a provocar. Sin embargo, la realidad es que el IFE más que causante, es una de las bajas de una deficiente normatividad electoral. Tienen razón los dirigentes y candidatos en indignarse por la lentitud y el burocratismo para atender con oportunidad los requerimientos en materia de publicidad en radio y televisión. Igual les asiste la razón al advertir la discrecionalidad y ambigüedad en los criterios de desempeño del IFE, pero esto resulta de la norma aprobada en 2007.

Uno de los aspectos más preocupantes de la nueva ley electoral es el fracaso de los partidos para introducir procesos democráticos en la selección de sus candidatos, no obstante que se previó la realización, financiamiento y publicidad para precampañas democráticas. En el mejor de los casos la democracia no fue la regla, la designación autoritaria de candidatos prevaleció en esta ocasión y en los pocos casos en los que sí hubo competencia, las deficiencias abrieron paso a inconformidades e impugnaciones. La designación de candidatos quedó muy por debajo de las expectativas democratizadoras de muchos de los militantes de las distintas fuerzas políticas. Partidos autoritarios y poco avenidos a los principios de la democracia participativa, impiden el avance político del país y generan incentivos para que prevalezcan los políticos menos aptos para desempeñar con eficacia el oficio. La competencia democrática depura a los peores y promueve a los mejores. Se requiere una renovación generacional, pero las nuevas reglas no lo facilitan.

Otro de los empeños del IFE fue el intentar blindar las campañas de la amenaza que entraña el crimen organizado. Desde aquel momento indicamos en este espacio que el IFE no tenía atribuciones ni instrumentos para dar lugar a una expectativa de tal tamaño, sin embargo, sus consejeros propiciaron que la opinión pública asumiera que se estaban haciendo las previsiones sobre una preocupación legítima, pero inalcanzable  con el marco legal existente. Un caso muestra y demuestra las limitaciones en esto, se trata del candidato a diputado federal, Mario Moreno Conrado del PRD, alcalde con licencia del municipio de Ixtapaluca. El candidato aludido está sujeto a proceso penal por presunta responsabilidad derivada de la asociación delictuosa con secuestradores y no hay nada que el IFE pueda hacer al respecto.

Por otra parte, se debe evitar el spotismo que ofende al ciudadano y degrada al debate político, pero lo auspicia la propia reforma. Se requiere recuperar libertades fundamentales y que los partidos y candidatos puedan acceder a la publicidad con mayor facilidad y libertad. Más que todo, los partidos deben seleccionar a sus candidatos a través de procedimientos democráticos. Asimismo, someterse a normas comunes en materia de legalidad y democracia interna.

Desde que se aprobó la legislación señalamos estas y otras dificultades. La conclusión obligada es la necesidad de un cambio a la normatividad existente. Éste, debe ocurrir antes de la elección presidencial. Ahora que se puso de moda proponerle a terceros que se fajen los pantalones, sería justo que los legisladores que promovieron y lograron la reforma de 2007, la acotada reforma petrolera y la insuficiente modificación fiscal, finalmente actuaran con el ejemplo e hicieran lo propio rectificando el daño que le infligieron al IFE y a las libertades ciudadanas, pues es preciso recuperar la normalidad democrática. La actual integración del IFE padece un preocupante déficit de legitimidad como efecto de una deficiente legislación.

La nueva reforma electoral no debe volver a ser secuestrada por los legisladores y los partidos, como sucedió en el cambio legal pasado. Para que prevalezca el interés ciudadano es preciso que el Congreso actúe con apertura, que las deliberaciones no sean exclusivas de los partidos y sus afines, que la voz diversa, plural y crítica de la sociedad, de sus regiones y de sus interlocutores sociales se haga sentir en el ejercicio de la responsabilidad legislativa.

2 pensamientos en “Urge recuperar la normalidad democrática

  1. Hola Liébano. Gracias por visitar mi blog y por tu interés. Me alegra que te gusten mis experimentos de palabras.

    Yo sí que me he quedado maravillada con tu trayectoria profesional y con tu blog.

    Desconozco bien la situación que planteas en este texto pero sí estoy de acuerdo con tu planteamiento. En muchos países la democracia se torna simple palabrerío y a gente piensa que democracia consiste en poder elegir a un líder y después que tenga carta libre para actuar, tú lo defines muy bien en tus últimas líneas del texto. Además me indigna como en muchos países los organismos públicos y los medios de comunicación son utilizados como armas de imposición en vez de como armas de reflexión.

    Visitaré a menudo este lugar.

    Recibe un cordial saludo

  2. Lic. Saenz,

    Parecería que uno de los problemas más serios del IFE es el profundo desdén del panismo por las instituciones, en este caso las electorales. Da lo mismo utilizar al IFE para convalidar un triunfo electoral, asegurar el éxito de una revancha política o simplemente para convertirlo en el centro del debate político.

    En ocasiones se tiene la impresión de que el PAN no ha asimilado su posición de partido en el poder, asumiendo su responsabilidad de velar por el constante fortalecimiento de las instituciones.

    Como usted bien lo dice: “el IFE dejó ya de ser factor de certeza y garantía de certidumbre, para convertirse en elemento de recurrente impugnación y controversia”.

    Lo más lamentable es que dificilmente veremos un acuerdo entre los partidos que regrese al IFE la confianza y el prestigio que en otro tiempo tuvo como “arbitro” electoral.

    Como se dice en el futbol, el mejor arbitro es el que menos se nota y hoy el IFE ha cobrado demasiada notoriedad.

    Le envío un cordial saludo.

    SDLP

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