De la nueva influenza a la vieja economía


Liébano Sáenz

Muy pronto, afortunadamente, se ha superado lo peor de la crisis derivada de la epidemia de la nueva influenza. Las autoridades actuaron a partir de lo que pudo haber ocurrido en un escenario negativo. En el nivel nacional y el local, de acuerdo a las circunstancias, no se escatimaron medidas preventivas. La población actuó en consecuencia porque percibió la eventual magnitud del problema si la enfermedad fuera letal o altamente contagiosa. Los estudios de opinión elaborados con oportunidad, mostraron, a partir de la preocupación existente en la población, un elevado consenso a las medidas preventivas, no obstante el perjuicio a las personas y, especialmente, a la economía.

El miedo no es un estado de ánimo constante, salvo en circunstancias de guerra permanente. No fue el caso y ahora vemos la estabilización de las cifras de los ingresos a hospitales y que los decesos, lamentables todos, son equiparables a un fin de semana sangriento a causa de las acciones del crimen organizado en casi cualquier región del país, un virus más siniestro e igualmente pernicioso. Las autoridades actuaron bien, pero lo hicieron a partir de la incertidumbre por el desconocimiento del padecimiento; injustificable por la incapacidad de diagnóstico a causa de la carencia de una infraestructura que diera respuesta oportuna. Lo cierto es que la inquietud de inicio se disipa gradualmente; la preocupación por la salud cede y gana espacio la de la economía.

En los temas electorales, por la proximidad de la elección se habla de beneficiarios y perjudicados. Se exagera con facilidad y los cambios de entorno se confunden con los estructurales como si la elección fuera el domingo próximo. En el seguimiento del DF, a presentar en Milenio Televisión, se registra un aumento en la aceptación del Jefe de Gobierno, pero no en la de su partido; en las mediciones de intención de voto, la evolución favorece al PAN; sin embargo, es poco probable que esto continúe. En la medida en que desaparece el miedo y la economía gana espacio, es posible que el PRD recupere la posición que tenía hace quince días.

El problema de la economía ya era grave en extremo previo a la crisis de la influenza; con ésta se agudizó más allá de lo que se advierte. El sector turismo está severamente dañado y con pocas perspectivas de pronta recuperación. Algunas autoridades no fueron muy sensibles cuando decían que una vez pasada la emergencia, la situación regresaría a la normalidad. Para negocios en dificultad lo ocurrido fue fatal, pero para el sector turístico el problema será de mediano y largo plazo. Las acciones de promoción turística difícilmente revertirán el daño que la gripe ocasionó en la imagen del país con las consecuencias dramáticas que esto entraña.

Por alguna razón que tiene que ver con la política, a las autoridades se les dificulta aclarar que el margen de maniobra del Estado en su conjunto  -gobiernos federal, local y municipal- se ha reducido considerablemente por la crisis en las finanzas públicas. Una economía sana implica que el déficit fiscal se mantenga bajo control; tampoco se puede recurrir al crédito internacional para incrementar la deuda pública; el tema urgente es el de la reforma hacendaria, pero la temporada electoral lo impide. Existe una generalizada complacencia sobre el régimen fiscal existente, incluso en sectores que debieran estar interesados en fortalecer la capacidad del Estado para hacer frente a las necesidades apremiantes del país como el fortalecimiento del sector educativo, la inversión en infraestructura, la modernización del sector energético o el apoyo al campo. No se trata de que se gaste más, sino que se cuente con ingresos suficientes para financiar lo que es urgente, justo y necesario.

La estrategia gubernamental anticíclica para enfrentar la adversa situación económica se dificulta operativamente por la falta de recursos para financiarla sin tener que recurrir al déficit fiscal o al incremento de la deuda. La reforma fiscal de 1995, tan draconiana como se requería, indudablemente contribuyó a la debacle electoral del PRI en 1997 y al triunfo del PAN en 2000, partido que hizo campaña sobre el incremento del IVA; pero se realizó porque eso era lo que se requería en ese momento, no obstante el sacrificio electoral que entrañaba. La iniciativa del gobierno pasado de tapar los hoyos del IVA en la segunda mitad de gobierno fue saboteada por los sectores duros en la Cámara de Diputados. Hoy todos, especialmente los más pobres, son quienes padecen las consecuencias de ese irresponsable sabotaje.

El Secretario de Hacienda, Agustín Carstens habló con franqueza. Estamos en recesión, la caída del PIB será mayor a 4%, el gobierno no tiene recursos y no hay otra más que deuda, recorte al gasto público o más impuestos. Lo primero es más fácil, pero es pasar a las nuevas generaciones el costo de nuestras dificultades y, particularmente, hacerlos responsables de nuestra irresponsabilidad. La cuestión es que la política conspira contra la reforma fiscal. Por alguna razón inexplicable el gobierno no ha querido presentar el tema de los recortes al gasto público. El oportunismo electoral que se prohíja, tendrá costos excesivos. Tal parece que se prefiere vivir en la ficción de que nada sucede, en lugar de asumir las facturas políticas derivadas de decisiones responsables. Buena parte de los cambios legales recientes han pervertido el proceso de reforma. Cambios menores o incluso, contraproducentes como parte de la reforma electoral, confunden y hacen posponer las transformaciones que el país requiere.

Volvemos a la realidad y a las dificultades del día a día, agravadas por la secuela de la crisis de la influenza. Lo peor de las dificultades económicas está todavía por padecerse. La estrategia anticícilica se ve afectada por la disminución significativa de los ingresos fiscales. Los programas de recuperación pasan a la condición de buenas intenciones o de bromas de mal gusto. La economía rehén de la política, de la mala política.

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