Lo que sigue a las elecciones


Liébano Sáenz

Cada vez queda más claro que el país requiere de cambios estructurales para su desarrollo. Para regresar a tasas de crecimiento del doble del aumento demográfico deberán hacerse transformaciones importantes a la Constitución y a muchas de las instituciones que inciden en la economía; la recuperación económica internacional no impactará de manera importante la economía nacional si estos cambios no ocurren. La crisis global no debe servir de coartada o de cortina de humo para ocultar los problemas que existen en el país; las cifras de crecimiento económico de los últimos ocho años de México son de las más bajas de la región y el pronóstico que hacen acreditadas entidades es en el sentido de que el país será uno de los que mayores dificultades tendrán en la recuperación.

No es la economía la que debe someterse a la política, sino al contrario. No es un problema de un gobierno o de un partido, sino la distancia que existe en el sector político en su conjunto para asumirse responsable respecto a la realidad económica. Lo importante de las elecciones no sólo es lo que ocurra el 5 de julio, también, lo que venga después. No es una cuestión de equilibrio de fuerzas o de que el partido del Presidente obtenga mayoría absoluta en la renovación de la Cámara; el tema fundamental, es la capacidad del gobierno y de la política con una Cámara de Diputados mayoritariamente opositora.

Ya lo crítico, ni siquiera es la integración de la Cámara, sino los términos en los que se está desarrollando la contienda. Sobra decir que la polarización poco contribuye al entendimiento ulterior; todavía no sana el sentimiento de agravio de 2006 cuando se insiste en una estrategia de campaña agresiva y de descalificación del adversario. Más allá de su discutible eficacia está la cuestión sobre el ambiente en el que debe trabajar la nueva legislatura; no se pueden desdeñar las heridas de batalla, es iluso creer que los partidos y los nuevos legisladores podrán sustraerse de la carga que implican comicios precedidos por la confrontación, aún cuando el agredido sea el que obtenga el mejor resultado.

Las cifras de estudios de encuesta no dan para soportar la tesis de que la campaña negra le está dando resultado al partido en el poder. Algunos analistas y observadores lo están dando por hecho, pero no hay evidencia empírica que sustente su juicio. La mayoría de los estudios de preferencias electorales indican una importante ventaja del PRI respecto al partido gobernante; incluso la excepción a cargo de GEA-ISA –que da un virtual empate técnico–, presentó este mismo resultado en la medición previa al inicio de campañas.

La segunda mitad de una gestión presidencial es la más complicada y desde la de 1994, la elección intermedia ha resultado en una disminución del partido gobernante en la composición de la Cámara baja. El tiempo del poder no es lineal; la segunda mitad se desenvuelve con singular rapidez, con la afectación adicional que implica el proceso sucesorio nacional y que la mayoría de los estados renueven sus ejecutivos locales. La segunda mitad no sólo es más “corta” sino que también se transita sobre terreno minado.

Por ello era menester que en esta elección el Presidente y los gobernadores mantuvieran distancia de la parcialidad propia de los procesos electorales. Un pacto formal o implícito pudo estar sobre la mesa. No ocurrió así y es preocupante que, incluso en temas fundamentales como es la lucha contra el crimen organizado, exista un sentimiento amplio sobre su uso electoral. Es cierto, la justicia penal no puede estar sometida a calendarios electorales o condicionantes político partidarias, eso lo dice el Presidente y tiene razón, pero también lo dicen quienes le están cuestionando, es decir, que a semanas de la elección se realizan acciones programadas desde hace muchos meses como fue Michoacán y Nuevo León. Ambos tienen razón y la única manera de alcanzar el entendimiento es con el diálogo, una mayor distancia de los gobernantes sobre las elecciones garantizando el respeto riguroso a la ley y la prudencia o mesura de las dirigencias nacionales y sus voceros. Muy poco de esto está ocurriendo.

Los publicistas y los estrategas electorales no deben prevalecer sobre la política, como tampoco la política debe asumirse por encima de la economía o de la sociedad. Existe un acumulado de problemas y dificultades derivadas del rezago de la reforma estructural, como para agregar un nuevo componente implícito en quienes postulan polarización como vía para el éxito electoral. La elección concluye el 5 de julio, no así las responsabilidades que la política tiene frente al país, tarea que, insisto, tendrá que ser desarrollada de manera conjunta, no sólo a partir de la pluralidad política, del encuentro de poderes y órdenes de gobierno, la sociedad también deberá jugar su parte.

No se equivocan las voces que llaman por un gran acuerdo nacional. Su expresión debe ser política y debe ser incluyente, pero el tema central de ese acuerdo debe ser la economía. Las respuestas que deben darse difícilmente pueden procesarse a través del consenso y los cambios que de ahí podrían derivarse, por significativos y profundos, pero inevitablemente entrañan afectaciones. La urgencia resulta de la rapidez con la que transcurre la segunda mitad de la administración presidencial. El entendimiento para las reformas debe construirse en vísperas de la instalación de la Cámara para que sean los dos próximos periodos de sesiones ordinarias los que puedan generar los cambios que la situación demanda.

Las elecciones transcurren en medio del encono producido por la estrategia de confrontar y polarizar al electorado. Ésta no está dando resultado como para garantizarle al partido en el poder ser el ganador de la elección; tampoco parece tener mucha utilidad invocar al pasado como causa y razón de todos o buena parte de los males. Insistir en ello propicia que su clase política dirigente sea rehén del agravio y la desconfianza, puerta grande para que, mañana, sea el chantaje la lógica y el sedimento para el acuerdo entre el poder ejecutivo y quienes pueden representar la diferencia mayoritaria.

2 pensamientos en “Lo que sigue a las elecciones

  1. Estimado Jefe.

    El analisis que hace sobre lo que pueda suceder despues del 5 de julio es interesante. Es cierto estamos en manos de asesores que estan en busca de posicionar a sus “clientes”, para ganar las elecciones. Y luego que?

    Saludos.

  2. DESPUES DEL 5 DE JULIO SIGUE LA OTRA CAMPAÑA, LA PRESIDENCIAL, Y UNA VEZ MAS, TODAS LAS MEDIDAS, PROGRAMAS, INICIATIVAS, REFORMAS O COMO SE LLAMEN LAS ACCIONES QUE TOMEN O LLEVEN A CABO LOS PROTAGONISTAS POLITICOS, ESTARÁN ENCAMINDAS Y CON LA MIRA PUESTA A ESA INEXORABLE ETAPA NACIONAL. SIN DUDA HAY QUE ACTUAR CON PREMURA Y CONGRUENCIA. SI ME PREGUNTARAN QUE REFORMA ESCOGERIA DE ENTRE TODAS LAS POSIBLES Y EXISTENTES, INDISCUTIBLEMENTE SERIA LA REELECCION LEGISLATIVA FEDERAL Y LOCAL Y DE PTES. MUNICIPALES. ESA, SOLA, ABRIRIA EL PASO A MUCHOS OTROS CAMBIOS A NUESTO SISTEMA POLITICO

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