Después del domingo


Liébano Sáenz

Los comicios de mañana definirán un nuevo equilibrio en la Cámara de Diputados y en la geografía electoral de gobiernos locales en once entidades. Las estudios de opinión indican que el partido gobernante y hoy primera fuerza en la Cámara de Diputados, el PAN, sufrirá una severa disminución de curules. La noche de mañana debe ser un punto y aparte en la contienda; deben dejarse atrás agravios y ofensas y, por delante, el compromiso de convalidar el mandato democrático; el bien del país lo demanda. La nueva legislatura debe adquirir conciencia de la seriedad del momento nacional. Lo peor que puede suceder es caminar con la vista atrás o muy adelantada, es decir, una sucesión anticipada.

No hay tiempo qué  perder. Son muchos los temas en agenda. Será crucial para el Presidente Calderón entender los nuevos términos del equilibrio político nacional. El PRI puede ser un aliado valioso, pero, también, un obstáculo para lo que resta de su gestión. Los términos de la contienda de la dirigencia del PAN poco contribuyeron para un marco de corresponsabilidad y colaboración; fue meritorio y visionario que Beatriz Paredes haya resistido la presión de los duros del PRI de enfrascarse en el pleito.

Ahora resultará  insostenible la premisa del quid pro quo que proclama el líder de los priístas en el Senado para explicar su relación con el gobierno. El saldo de ese método de negociación ha sido desastroso para el país, el gobierno y para el mismo Congreso. Incluso es discutible que el PRI o el PRD se hayan beneficiado. Por el bien de la democracia y del régimen de división de poderes no es aceptable el chantaje como moneda corriente en la relación del Presidente con quienes tienen interlocución privilegiada en el Congreso.

Al respecto llama la atención la facilidad y poco comedimiento con la que estos poderosos legisladores respondieron a la opinión del ex presdiente Zedillo sobre los cambios legislativos que deben hacerse para fortalecer a la economía nacional. Las malas formas no deben preocupar, sí la incapacidad para analizar o procesar propuestas de terceros, especialmente, en temas de genuino interés nacional e institucional. Las rencillas de grupo no caben, mucho menos supuestos agravios imaginarios del ayer o del antier.

El estado del país es responsabilidad de todos, no sólo del Presidente. Nadie con representación política o institucional puede regocijarse por las dificultades en la economía o política. Que el PRI obtenga este domingo un mandato como primera fuerza en la Cámara baja, implica una obligación mayor para transitar hacia la corresponsabilidad y la complementariedad de poderes.

Para quien sabe leer las cifras de lo que viene, la nueva integración de la representación popular no sólo atenderá a líneas partidistas, también, habrá  una mayor representatividad de los estados que hoy son gobernados por mandatarios priistas; en la elección de 2006 los diputados tricolores electos en distritos fueron tan solo 65; el pronóstico es que en la próxima legislatura serán más de 165. Esto tiene implicaciones que, bien entendidas y a tiempo, establece condiciones adecuadas para la generación de acuerdos. De darse esta nueva circunstancia, el equilibrio de fuerzas se trasladará más a los estados y menos a las estructuras centrales del PRI, que es la situación que hasta ahora otorgaba indebidamente excesivo poder personal a algunas destacadas personalidades en el legislativo.

El mayor desafío está  en los temas  económicos y en el fortalecimiento de las finanzas públicas. La situación es insostenible y el déficit fiscal no sólo repercute en el corto plazo, sino en el incremento de la deuda pública. Son temas que deben ventilarse bajo premisas de responsabilidad; cuanto antes mejor, de ser posible, una vez que se instale la nueva legislatura, antes de que el ciclo sucesorio complique los acuerdos.

Un compromiso para la gobernabilidad no requiere que los actores legítimos del proceso –gobierno y partidos– declinen en sus tareas, intereses o proyectos. El Presidente no debe ni tiene por qué compartir la responsabilidad que sólo a él corresponde; el gabinete y la administración son lo suyo, tarea que constitucionalmente no se comparte. Los partidos y la oposición pueden mantener su postura crítica e independiente de lo que hace o ha hecho el gobierno, así como mantener su oferta diferenciada a la casi una década de gobierno nacional panista. Es fundamental la claridad sobre los términos del acuerdo y que éstos no sean saboteados en el curso del proceso legislativo. Una buena iniciativa no debe ser degradada en etapas acumuladas de chantaje, lo que hace que el proyecto devenga en un adefesio o en una ley hueca. En las circunstancias actuales la iniciativa se presenta porque ya existe acuerdo en su aprobación, no para ir construyéndolo en el camino.

Es muy probable que la actual dirigente del PRI, Beatriz Paredes, sea la coordinadora de la fracción mayoritaria. Su experiencia y su fortaleza le permiten imprimir el liderazgo que su fracción y el Congreso requieren. Con habilidad y carácter ha sabido sortear la provocación de fuera y las presiones internas. Una de los atributos del PRI respecto a sus adversarios ha sido su unidad; el entendimiento de la dirigencia con los mandatarios tricolores ha sido clave; una vez transitada la elección, así  debe mantenerse para que el Congreso cumpla sus responsabilidades. Es preciso aprender del pasado: la división y el autoritarismo resultan fatales para el PRI.

El PAN como partido gobernante deberá adecuarse a la nueva circunstancia. A la Cámara llegan cuadros de talento y valía, distantes de la polarización que ha tenido lugar durante la campaña. El PAN deberá recuperar esa extraordinaria y ejemplar tradición parlamentaria propia. Asimismo, la renovación de dirigencia deberá darse con sentido de inclusión y de ratificación del proyecto cívico de origen. El PRD deberá  superar las diferencias y recomponer su relación con los partidos afines. El país requiere una opción de izquierda constructiva, responsable, emotiva, sí, pero inteligente y decidida a ganar el poder.

Los tiempos por delante convocan a la responsabilidad. Las campañas y todo su ruido deben quedar atrás. Lo importante es el mandato. Lo que es común, incluso de quienes invitan a anular el voto, es la exigencia por una mejor política.

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