El PRI, mayoría en la Cámara ¿para qué?


Liébano Sáenz

El país vive una situación singular que requiere cuotas de responsabilidad de todos los actores. Los términos del mandato de la elección intermedia deben entenderse. El PRI obtuvo un voto mayoritario no para cobrar revancha; el PRI ganó porque postuló responsabilidad, mesura y compromiso con el país. Como ya se ha dicho, el mandato no fue un cheque en blanco, exige congruencia con el postulado que lo consiguió.

El Presidente Calderón ha convocado al acuerdo, a dejar atrás el sentimiento de conflicto propio de la elección. Quizás los adversarios del PAN desearían escuchar un reconocimiento del error de alentar una campaña polarizada. Al menos para el ganador, el PRI, eso debiera ser innecesario; el sentido del voto habla por sí mismo. Ahora corresponde encarar con arrojo los problemas que el país enfrenta.

La actitud de algunos legisladores frente a temas muy concretos de la vida política no está  correspondiéndose con la dimensión del mandato que el electorado ordenó, parecería que no asumen la seriedad de la situación, especialmente en los temas de inseguridad pública y de economía. La reacción a las palabras del Secretario de Gobernación respecto a los grupos criminales en Michoacán ha sido desproporcionada; una expresión desafortunada en su forma, pero aceptable para proyectar la determinación del gobierno de la República para enfrentar a los criminales, da lugar a señalamientos, incluido el del Presidente del Senado, Gustavo Madero, que no parecen entender lo que el gobierno y nuestro Ejército están viviendo en Michoacán y tampoco la lectura que los de enfrente pudieran obtener de tal crítica.

El Ejército mexicano acredita en los hechos y resultados su condición de institución leal a México y salvaguarda del Estado. Por la insuficiencia y fragilidad de las policías se le ha llevado a cumplir una tarea difícil y comprometedora. No es poco lo que debe reconocérsele en la lucha contra el narcotráfico. Las autoridades de todos los órdenes de gobierno y el conjunto del sector político –partidos y legisladores- deben respaldar de manera decidida al Ejército. En especial, dar los pasos para que sean las policías bajo mando civil, las que cumplan las tareas de seguridad pública. El Ejército, por todo lo que representa y es, debe actuar en esta materia de manera temporal y extraordinaria. La elevada confianza ciudadana sobre el Ejército debe cuidarse y administrarse. Es un capital que ni los políticos ni las autoridades civiles tienen derecho a dilapidar.

El deterioro económico no tiene precedente, se está dibujando una crisis de serias proporciones. El gobierno optó por un manejo que evitara su agravamiento, pero el desgaste que han asumido las autoridades financieras ha sido elevado y ya se empieza a dimensionar socialmente la gravedad y profundidad de la crisis económica.

Algunos legisladores, desde la oposición, mantienen silencio frente a las devastadoras cifras de la economía, como si el problema fuera ajeno o estuviese ocurriendo en otra región del mundo, no en su país. Otros, han sido omisos y su discurso no es muy distinto al que expresaban durante la campaña respecto a centrarse en el gasto sin abordar el tema de los ingresos públicos, que ya están registrando un desplome que compromete el que las autoridades federales, estatales y municipales puedan cumplir con sus tareas. Frente a esta situación, los diputados salientes del PRI llaman a la reducción de impuestos e incremento de gasto, como si eso fuera posible. Parecen indiferentes a la presión que ejerce el desequilibrio fiscal sobre las finanzas públicas, al tiempo que el Secretario de Hacienda ha empezado a precisar los recortes obligados por la dimensión del desastre económico. En los Estados y los municipios también empiezan ya a ver y padecer el deterioro de los ingresos públicos.

Nuevamente, en el capítulo económico, algunos legisladores actuales no parecen entender la magnitud del problema. Es urgente tomar decisiones, pero éstas no pueden ir sólo en términos de lo coyuntural como es el agilizar las aplicaciones del Presupuesto y reducir el subejercicio de las asignaciones aprobadas por la Cámara de Diputados. Apenas 24 horas después de anunciadas las reducciones presupuestales, el Senador Gustavo Madero, coordinador del PAN en la cámara alta, declaraba ayer que  La recesión económica “será un factor que evitará la aprobación este año de una reforma fiscal espectacular”. Todo lo contrario, la emergencia económica obliga a tomar decisiones de corte estructural, entre éstas, aproximar los ingresos a estándares razonables, más ahora que el Petróleo ha dejado de ser la palanca del financiamiento público y del desarrollo nacional, precisamente por la negligencia del Congreso y la incapacidad de éste y de los gobiernos previos para concretar una reforma sobre la materia.

Las reformas fiscales son impopulares, mucho más en tiempos de crisis. Además, se vuelven pesca generosa para quienes optan por el oportunismo, como lo hizo el PAN en 1995 frente al incremento del IVA aprobado por el PRI en su condición de fracción mayoritaria. Pero el tema ahora es que no hay opción, sobre todo si el PRI asume que tiene posibilidades reales de ganar el poder nacional en 2012. Se puede continuar ignorando el problema, pero sus efectos serán acumulados y en poco tiempo habrá de cobrar significado el no haber tomado decisiones ahora y con la profundidad requerida. Se puede engañar a uno mismo y a otros, pero no a la economía. Su realidad y sus cifras invariablemente acaban por imponerse.

El presente nos ha alcanzado. La frivolidad y la demagogia que acompañaron a la situación de gobierno dividido en la década anterior, deben concluir. Con base en el mandato democrático corresponde al PRI, la fuerza política que en su momento, desde el poder entonces, dio el mayor peso para lograr la transición democrática, ahora le corresponde dar el paso para el ejercicio responsable de su nueva mayoría en la cámara baja, esta vez desde la oposición, para vencer la crisis económica que ya está aquí. Un precedente del que el país será el beneficiado y el PRI también, si se siente opción de gobierno a partir del 2012. Aprendamos de estas elecciones intermedias, el electorado probó, una vez más, que sí sabe a quién y para qué le entrega el mandato.

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