Gobernación y Hacienda en el Congreso


Liébano Sáenz

Las comparecencias en el Congreso de los secretarios Fernando Gómez Mont y Agustín Carstens son un capítulo relevante cuando inicia la legislatura. Los diputados recién electos tienen ocasión de abordar los temas más importantes de la agenda nacional, presente en los electores que los llevaron a la representación que ostentan: la política interior (incluyendo la seguridad pública) y el tema económico.

Los legisladores tienen mandato, también el jefe de los dos comparecientes. El encuentro es un ejercicio político en el que debe prevalecer, sin demérito de las partes, el compromiso que deviene de la voluntad electoral. Las exigencias de los legisladores federales deben asociarse con las de quien ejerce el gobierno. No es fácil: cuando el Presidente fue electo no había crisis económica y en materia de inseguridad, aunque la situación era preocupante, no adquiría la visibilidad y dimensión de ahora, particularmente por la lucha frontal contra el crimen organizado y su secuela de violencia.

Los dos secretarios son, después de los titulares de Defensa y Marina, los miembros del gabinete más importantes en su dimensión política. El buen desempeño del gobierno del presidente Calderón depende, en buena parte, de la encomienda que tienen estos dos funcionarios. Gómez Mont ha probado carácter y capacidad para una tarea desafiante en extremo. Aunque sus responsabilidades no tienen que ver, en estricto sentido, con el problema de la seguridad pública, acatando las instrucciones del Presidente ha cumplido con la determinación que requiere la encomienda. Los mayores retos están en la relación con los partidos, el Congreso y los mandatarios locales.

El secretario Carstens ha tenido un desempeño relevante a la circunstancia, no exento de complicaciones desde el mismo gobierno, quizás por el perfil del presidente Calderón y por la errónea idea, común en el PAN, desde los tiempos del presidente Fox, de que Hacienda ha sido un obstáculo para hacer más y mejor en el poder. El problema económico es sumamente grave, en el pasado mediato ha habido indolencia y en el inmediato, descuido para mantener bajo control el gasto corriente, como lo han revelado investigaciones serias sobre el crecimiento desproporcionado de la alta burocracia en los últimos nueve años. También ha jugado su parte el que no se hayan emprendido las reformas con la profundidad que la situación requería, como sucedió con las pasadas fiscal y energética, pero eso es más imputable a los legisladores que al Ejecutivo.

Adquiere interés el anuncio del secretario de Gobernación sobre una eventual reforma en temas fundamentales para la vida política y para el sistema de representación, como es la reelección consecutiva, la disminución de legisladores en las Cámaras y formas de democracia directa, el referéndum y el plebiscito. Es importante, porque muchos habían estimado canceladas las propuestas en tales materias y porque hay varios temas que no fueron objeto de mención y que se hacen evidentes de la evaluación del proceso electoral intermedio: la libertad de expresión debe acrecentarse, asimismo, debe revisarse el marco legal aplicable a las organizaciones políticas para modernizarlas y hacerlas consecuentes al desarrollo político del país. El IFE debe recuperar autonomía y los gobernantes deben mantener una posición de imparcialidad en materia electoral.

Como prioridad, el secretario de Hacienda tiene una tarea difícil: sensibilizar a los legisladores sobre la gravedad de la crisis y la necesidad de tomar medidas a fondo para responder frente a ésta, sobre todo, las que significan un costo político por el impacto que tienen en la población. Aunque los políticos y un sector de la opinión publicada lo tomen con reserva, es cierta la afirmación de que la población está en disposición de aceptación de una reforma fiscal que destine recursos a la pobreza y con previsiones que aseguren su buen destino y manejo.

Son preocupantes las reacciones de legisladores, voceros de partidos, ante la propuesta económica gubernamental. Tal parece que no advierten la gravedad de la situación. Todos se resisten a contribuir a la solución de un problema que demanda aportación de todos. Quizás en esto juega su parte la falsa percepción de que la crisis que se enfrenta es coyuntural, proveniente del exterior y, por lo mismo, pasajera. El secretario Carstens fue claro, el problema en las finanzas públicas es de carácter estructural, el severo deterioro de los ingresos petroleros y el incremento de ciertos rubros de gasto, como es la deuda social de las pensiones son realidad que llegaron para quedarse.

Cabe señalar que las crisis en el pasado, por su propia característica, permitían trasladar a la sociedad su mayor impacto a través del efecto de la inflación. Ahora la situación es distinta, la crisis en estabilidad macroeconómica conduce a una dificultad muy rigurosa a los tres órdenes de gobierno, especialmente, a los municipales y estatales. La crisis en las finanzas es compartida y, por lo mismo, la solución debe ser estructural. El ahorro que puede obtenerse de una disminución del gasto federal es insuficiente para resolver el problema, además de que genera otro tipo de dificultades. Es cierto lo señalado por el secretario de Hacienda: México es uno de los países con menor gasto público en proporción a lo que produce. En realidad se puede decir que, históricamente, los gobiernos han gastado poco y mal. Los indicadores sobre la calidad de infraestructura y capital humano así lo demuestran.

El debate al que invitan los responsables de la economía y de la política interior apenas inicia. Es común la vehemencia y en ocasiones, la desmemoria y la falta de comedimiento por parte de los legisladores; por ello es necesaria una opinión pública activa que examine con rigor y someta a escrutinio personas y argumentos, no sólo historias o temas francamente banales de la política.

El país está en una coyuntura sumamente delicada. Lo que ahora se haga es importante y trascendente para las próximas décadas; la reacción frente a las crisis define la medida de personas y generaciones. Ahora corresponde ver la realidad con amplitud de horizonte y altura de miras. La dejadez y la complacencia de quienes tienen hoy día la responsabilidad cobrarán elevada factura para los mexicanos de mañana.

Un pensamiento en “Gobernación y Hacienda en el Congreso

  1. Estas comparecencias ante el Congreso son de los pocos ejercicios de rendición de cuentas que se practican en nuestro sistema político, o mejor dicho en nuestro sistema de gobierno. No estoy muy de acuerdo con el formato, pero es de lo mejor que tenemos.

    Son tiempos retadores, se necesitan pantalones para ocupar ‘esas sillas calientes’. El tema económico es el mas complicado, aunque hay algunos que insisten en aprovechar el pretexto del bicentenerio para advertir que nuestros ‘ciclos de revolución sangrienta’, es decir los de nuestro país, se corresponden con el siglo, agregándole ‘calor’ a la cuestión del descontento social y la desestabilidad política. Lo mejor del caso es que, por lo menos hasta ahora, no hay un personaje político con la credibilidad suficiente para aglutinar en torno a el un posible movimiento social violento. Bueno, pensándolo mejor, no veo a nadie, claro, con excepcion de ‘Juanito’. Saludos.

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