En política también nos alcanzó el futuro


Liébano Sáenz

El Congreso se perfila a una nueva generación de reformas en materia política. Inicialmente las propuso el líder de la bancada del PRI en el Senado y más recientemente, resurgieron en la comparecencia del Secretario de Gobernación, pero la esencia de ellas está en la agenda histórica del PAN y del PRD. El menú es variado: reelección consecutiva de legisladores; modalidades de democracia directa como revocación de mandato, referéndum, plebiscito e iniciativa popular; disminución del número de integrantes de las Cámaras. El senador Beltrones ha propuesto desde hace tiempo la ratificación del Congreso de la designación del gabinete, entre otras.

Llama la atención que no se hable de tres temas fundamentales: la modernización del Congreso, la ley de partidos políticos y la revisión de la reforma electoral de 2007. Estos aspectos debieran estar en el centro de la atención. Más aún, el avance que pudiera darse en las materias ya señaladas, podría ser contraproducente si no se abordan los temas primigenios de la política.

Por ejemplo, que las Cámaras del Congreso tengan muchos miembros es un tema, pero es poco importante. Disminuir el número de legisladores no aborda lo relevante, incluso lo puede agravar si no se atiende lo fundamental: el sistema de representación, la capacidad para generar buenos gobiernos y la representatividad misma del legislador

Respecto a la Cámara de Diputados hay una propuesta de reducir a los legisladores electos por el principio de representación proporcional. Quienes sustentan esta postura, asumen que los diputados electos en distritos sí representan efectivamente electores y territorios, mientras que los de representación proporcional sólo a las burocracias de los partidos y, por ello, en su opinión, habría que reducir su proporción y presencia.

Si tal fuera el caso, el sistema de representación proporcional no sería dominante en el mundo. Pensar con la vista puesta en el sistema político de Estados Unidos no es malo, pero nos puede llevar a errores elementales. Cierto es que nuestra Constitución y nuestro régimen tiene una fuerte influencia norteamericana, sin embargo, el sistema mexicano de representación es de corte republicano francés, se adoptó desde la Constitución de Cádiz, antes de constituirnos como nación y se ha reproducido en los proyectos constitucionales vigentes. En México, los diputados, aunque no nos guste, no representan territorios como sucede en EU, aquí son representantes de la Nación, así lo dice la Constitución. No es retórica, sino la esencia de la representación política, concepto moderno, actualizado con la noción de partidos políticos. La reforma de Reyes Heroles en 1977 hizo de las organizaciones políticas las articuladoras de la representación en el momento electoral y en la organización parlamentaria. La representación que ostentan los legisladores, aunque tampoco nos guste, se funda en los partidos políticos, no en la vinculación directa entre elector y representante. Por lo mismo, mejorar la representación conduce obligadamente al tema de los partidos políticos.

En todo caso, lo que debiera valorarse sería la idea de disminuir la Cámara de Diputados, pero igualando la proporción de los electos por representación y los de mayoría. Más aún, para los primeros se pueden crear más circunscripciones para que los electores los puedan votar en listas cortas desbloqueadas, con lo que se frenaría la discrecionalidad de las cúpulas partidistas y se involucraría a la voluntad ciudadana para determinar quienes resulten electos. Igual número de mayoría y de representación evita la sobre o sub representación. En el Senado es preciso recuperar el sentido de representación igualitaria de las entidades.

Mejorar el desempeño de los diputados y senadores y el de la representación nacional, nuevamente, nos remite a los partidos políticos. La reelección consecutiva o un menor número de legisladores no resuelven el problema si no se modernizan los partidos, si éstos no se vuelven garantes efectivos del derecho a ser votado y ejercen una tarea que los vincule de manera efectiva con la sociedad. No está por demás destacar que la reforma de 2007 fue a contrapelo de la democratización de los partidos, bajo la tesis de que la democracia es un tema interno y no una obligación pública de todos los partidos. La involución en materia de democracia interna y el crecimiento exponencial de los casos relacionados ante la justicia electoral obliga a un cambio.

Un tema que debe atenderse es cómo generar mejores gobiernos en el marco de un régimen presidencial en una realidad democrática y pluripartidista. El tema es de incentivos de colaboración entre el Ejecutivo y el Legislativo, especialmente por la dificultad que implica el hecho de que es poco probable que el Presidente tenga una mayoría parlamentaria partidariamente afín.

Las propuestas de reforma en cuestión, tienden a disminuir al Ejecutivo y hasta pretenden la parlamentarización del régimen vigente. La figura del gobierno de gabinete es una de las modalidades más acabadas y consiste para que sea el Congreso o una de las Cámaras que participe con el Presidente en la designación de los integrantes del gabinete y de un jefe que funcione como responsable del conjunto del gobierno. La idea es seductora, pero plantea problemas elementales. Para algunos una Presidencia fuerte es una amenaza, es la cancelación de sus ambiciones personales o posición actual de influencia.

El Congreso mexicano no tiene el prestigio ni la solidez para una responsabilidad de tal tamaño; además, una solución intermedia como la que se propone no resuelve, en todo caso sería mejor dar el paso a un régimen parlamentario clásico o a un presidencialismo democrático. ¿Cuál sería la relación entre un Presidente democráticamente electo, conocido y votado por el elector y el Jefe de gobierno que sería resultado de la negociación legislativa, sin vínculos hacia la ciudadanía, pero con poder y autoridad?. Lo menos que podemos anticipar es una situación de incertidumbre y ambigüedad si no de plena confrontación entre ambas investiduras. Disminuir al Presidente y someterlo al Legislativo es la salida menos recomendable.

La reforma política en su edición 2007 se hizo a espalda de la sociedad. Hoy es necesario una discusión abierta, sin simulación, exenta de chantajes, pero, sobre todo, con perspectiva de largo plazo, considerando lo mejor para el país, no para quienes tienen ahora una posición de privilegio en la que pretender continuar.

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