Un relevo generacional


Liébano Sáenz

Conforme pasa el tiempo se confirma la evidencia de que la transición democrática en México careció del capital humano para asumir responsable y constructivamente el cambio. El gradualismo que la caracterizó permitió la continuidad no sólo de personas, sino de actitudes y valores que minaron aliento transformador. Agravio y rencor de perdedores, complejo de superioridad moral de ganadores, pasividad expectante de muchos otros. Casi nadie hizo del cambio virtud, sino oportunidad para avanzar en sus intereses con la pesada carga del prejuicio de un país poco avenido a los valores de la democracia.

No sólo se ha dado vuelta en círculo, sino que en varios aspectos ha habido involución. La institución fundamental del régimen político, la Presidencia, hoy padece el acoso de quienes la ven como amenaza. Para algunos no se trata de transformarla, sino de disminuirla, de someterla para chantajearla. Ya han pasado doce años desde que el Presidente perdió mayoría en el Congreso y casi nueve, de que se dio la alternancia. El musculo reformador de las décadas pasadas, hoy simplemente no existe. El Ejecutivo no ha tenido el respaldo del Congreso para concretar las reformas con la profundidad y amplitud que el país demanda.

Las dificultades en la agenda social y económica se deben a la incapacidad de la democracia mexicana para procesar las reformas que se requieren. Desde hace tiempo se sabía que si no se actuaba el petróleo dejaría de ser una palanca para el financiamiento del desarrollo nacional. Las propuestas no faltaron, pero se impuso el prejuicio y la irracionalidad política; todavía en este gobierno hubo un intento serio del Ejecutivo para atender el tema; se decidió una reforma a medias, como también ocurrió con la fiscal. Cambios cómodos que resolvieron el problema en el discurso, pero no en la realidad.

Algo se avanzó  en la reforma del ISSSTE, pero en la electoral hubo un serio retroceso que se ha regateado y que se hizo evidente en el proceso electoral pasado. El IFE ha dejado de ser el eje de la organización de elecciones creíbles y transparentes. Se decidió transformarlo en administrador de la publicidad de radio y tv. Se espotizó el debate y se constitucionalizó la inequidad al trasladar a la elección precedente el acceso a la radio y tv, la arena más importante para dirimir la contienda. En el ejercicio de las libertades se impuso un absurdo estatismo que impide a sus promotores ver la magnitud de su engendro. No remediaron lo que pretendían, sí crearon problemas más graves como la simulación. Los partidos ahora son más poderosos, en su conjunto tienen sometida a la autoridad electoral, la legalidad interna es una farsa, al igual que los procesos democráticos para elegir candidatos o seleccionar dirigencia.

El Congreso tampoco puede dar lecciones de ética democrática. La transparencia ahí no existe y la disciplina interna para evitar tráfico de influencia y corrupción se ha ignorado. Lo peor es que la situación alienta una forma de complicidad que incorpora a todos los partidos y fracciones y que daña en sus fundamentos la prospectiva para un mejor régimen. Los gobiernos locales y municipales han ganado libertad y autonomía del centro; tuvieron más recursos y con ellos han hecho un esfuerzo por consolidar el desarrollo institucional y las bases para un buen gobierno.

El relevo generacional es imprescindible para romper el círculo vicioso. Queda claro que no ocurrirá hasta que se resuelva la contienda por el poder nacional en 2012. Hay un peligroso tramo en el que se puede revertir el proceso democratizador, sobre todo por aquellos que dentro y fuera de la política ven en la descomposición el medio para ganar el poder o para mantener su posición de privilegio.

Una nueva generación en el liderazgo del país, es mucho más que empatía cultural o analogía de edades. Es, fundamentalmente, un talante nuevo ante el poder, el país y el tiempo. México conmemora su independencia y Revolución. Hay mucho de gloria y tragedia en el pasado, pero más que eso hay un mandato histórico por cumplir. Para una nueva generación importa el origen y por ello también el presente y el porvenir. Una nueva generación no puede estar conforme con el balance, es mucho lo que hay por hacer, pero no se puede alcanzar con el mismo método, con el pragmatismo que privilegia lo inmediato y lo particular. Como dijera un joven político norteño en un debate frente a su adversario: “Cuando ya creíamos saber las respuestas, cambiaron todas las preguntas”.

La reconciliación, la responsabilidad colectiva, el compromiso con perspectiva de largo plazo han sido las carencias de la generación actual. Ya no hay un pasado autoritario al cual culpar. Doce años de gobierno genuinamente democrático deben obligar a verse a sí mismos como la causa y origen de muchas de los problemas y, particularmente, de las soluciones.

Ahora es común la práctica de reducir la política a proyectos personales. Se mide el terreno y la contienda en esos términos y, por lo mismo, todo se vuelve un calculado juego para beneficiar intereses particulares y para hacer del interés general sólo aquello que conviene al interés personal. Ni siquiera asumen que el disenso es sobre la insuficiencia de su desempeño, sobre la oportunidad perdida, sino que la toman como una forma de agresión personal a la que hay que responder de igual manera. Desdeñan el debate, porque para ellos, la discrepancia agrede y la vuelven asunto personal

En los gobiernos locales, en el Congreso y en el gabinete es donde ha cobrado mayor ímpetu el relevo generacional. Que las cosas sean distintas no las hace buenas, tampoco la juventud es sinónimo de modernidad. Pero al menos esos jóvenes no cargan sobre sí el prejuicio de un régimen que quedó atrás. Tienen las condiciones y la capacidad para actuar bajo premisas distintas, con tolerancia hacia quien piensa diferente y sin complacencia por el estado de cosas. Pronto quedará en ellos la acción más que la palabra.

Un pensamiento en “Un relevo generacional

  1. Estimado Jefe.

    Efectivamente nuestra democracia se encuentra debilitada, las instituciones bajo un acoso de interes de grupos o personas, y eso es a nivel nacional, los Estados tambien estan minados con la falta de capacidad para resolver los problema. y por si fuera poco la falta de equidad y justicia por parte del Poder Judicial mina el actuar del Estado Mexicano.

    Saludos

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