Impuestos y política


Liébano Sáenz

El incremento de impuestos en la Cámara de Diputados ha dado lugar a una disputa que va más allá de las razones y argumentos sobre lo qué es más conveniente para el futuro del país. La decisión de la Cámara baja fue difícil y por ello, no deja de ser sorprendente el número de diputados que aprobaron el cambio, evidencia de una buena negociación, sobre todo, porque entraña un costo político directo. Ninguna reforma fiscal es aceptable en la medida en que se establezcan más impuestos; incluso hay razones para pensar que lo aprobado tendrá efectos negativos en la economía, aunque considerablemente peor, si no hubiera habido cambio.

El debate se ha complicado porque en la sociedad no ha quedado clara la gravedad de la situación de las finanzas públicas. La SHCP lo ha dicho, pero el debate entre las fuerzas políticas no ha permitido traducir el significado y los efectos de no hacer nada. En la población no hay sentido de urgencia ni de necesidad porque no se ha dimensionado el deterioro de los ingresos petroleros y los problemas estructurales del sistema recaudatorio nacional. El problema no se resuelve exclusivamente por la vía del ineludible ahorro en el gasto.

El debate fiscal, incluso por quienes votaron a favor, se dirige mucho más a un intento de eludir los costos políticos, que el de argumentar sobre el sentido del voto justificado por la delicada situación económica del país. Fue inaudito el mensaje del dirigente del PAN, el que ha sido aprovechado por quienes estaban interesados en frenar el cambio en la Cámara revisora. La amenaza de quienes mandan en el Senado de revertir lo que con mucha dificultad alcanzaron los diputados, es grave; al menos para los del PRI, se asume que actuaron a partir de una posición común de carácter partidista, como bien lo ha dicho el diputado hidalguense David Penchyna, secretario de la Comisión de Hacienda, uno de los legisladores más articulados y conocedores del tema fiscal. En una solución tan controvertida, por supuesto que hubo diferencias, pero una vez que se alcanza un acuerdo al interior de un grupo parlamentario, es cuestión de elemental lealtad mantenerse en una postura unificada.

Es un acto de oportunismo que una parte de los senadores del PRI se vuelvan críticos de lo realizado por su partido en la Cámara baja. Pareciera que la batalla no es por un mejor régimen fiscal, sino una disputa adelantada de la sucesión presidencial en la que se pretende asignar el costo de la decisión a los gobernadores del PRI, haciéndoles el juego a los adversarios del tricolor.

El sistema recaudatorio mexicano es uno de los más ineficientes del mundo. Los impuestos son elevados y es complicado el cumplimiento con las obligaciones fiscales; no es sorpresa la baja recaudación tributaria, además de que amplios sectores de la economía no paguen impuestos, incluso de aquellos con capacidad sobrada para ello. El régimen de coordinación fiscal ha alentado que municipios y estados declinen en su soberanía hacendaria. La realidad es que la política no ha encontrado la forma de abordar de manera inteligente y constructiva el problema, para así construir una solución de fondo. Pareciera que las reformas parciales han conspirado contra una solución estructural.

La intención del Ejecutivo de una reforma a fondo ha sido repetidamente subvertida por quienes más influyen en el Senado, como también sucedió con la iniciativa de la reforma del sector energético. Las buenas leyes no se miden por el grado de aceptación de la opinión pública, sino por los méritos intrínsecos de éstas. Además, desde el punto de vista electoral, también tiene sus efectos una economía estancada, precisamente por el temor de los políticos para emprender cambios de fondo. Quien piensa en el mañana, debe encarar el presente con responsabilidad. Sin embargo, dentro y fuera del PRI hay quien apuesta al deterioro y a la descomposición.

El desafío mayor de la política ha sido dar curso al cambio estructural. El país no ha conocido reformas trascendentes por más de 12 años, aún cuando el mundo ha cambiado. Los países que han tenido éxito son los que han mostrado capacidad de adaptación al nuevo entorno, no los que persisten en prácticas y fórmulas que han perdido viabilidad o vigencia. La reforma ya no es un simple tema de conveniencia, por lo que ahora se padece se puede decir que es cuestión de supervivencia, al menos para muchas regiones y sectores amplios de la población. La inamovilidad y la simulación de reformas han provocado grave daño al país y son la causa profunda del deterioro económico y social.

Una disputa sucesoria anticipada es lo peor que puede ocurrir, la mayoría en el Senado debe marcar distancia. El país no debe ser rehén de quienes pretenden modificar las coordenadas de la política en beneficio personal sin importar los efectos en la economía nacional. La reforma fiscal es una oportunidad para deslindar responsabilidad de oportunismo; compromiso con el país, de proyectos particulares; visión de futuro, de estrecha perspectiva de coyuntura. Las conductas y las palabras definen a cada quien, así ha ocurrido en la reforma fiscal

El desliz del Presidente del PAN no debe ser utilizado de coartada por los reventadores de la reforma fiscal. La Cámara de Diputados logró un consenso mayoritario en uno de los temas más difíciles. Es cuestión de elemental lealtad política que el Senado corresponda en el mismo sentido. Se puede modificar el proyecto, pero para mejorarlo, no para degradarlo por mero oportunismo.

El trabajo de los diputados no concluye. Es preciso que se complemente con una modificación importante en materia de presupuesto. Que se asegure el buen destino de los recursos; que éstos no se desvíen financiando una burocracia onerosa e ineficiente; que mejore la rendición de cuentas de todos los receptores de los recursos públicos; que se instrumenten acciones de austeridad y de optimización del gasto para su aplicación oportuna; cuidar que los grandes proyectos de inversión federal no deriven en beneficios personales de quienes tienen capacidad de gestión e influencia en las Cámaras, tráfico de influencia.

Saludo y felicito a la comunidad de redes sociales de Internet que dieron una novedosa y ejemplar muestra de civismo deliberativo frente a los Senadores

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