Contrapuntos a la propuesta del Presidente


Liébano Sáenz

Al término del periodo de sesiones ordinarias del Congreso, el Presidente Calderón presentó  iniciativa amplia de reforma política, consistente en un decálogo. El Presidente no esperó un consenso previo a la presentación de la iniciativa, sino que fijó posición de manera que quedó en los partidos y el Congreso la suerte de sus propuestas.

Hay aspectos muy positivos como la de empoderar a los ciudadanos para proponer iniciativas de ley, recuperar la representación igualitaria de las entidades en el Senado, fortalecer al Ejecutivo frente al Congreso con iniciativas preferentes y veto, así como el que la Corte tenga iniciativa de ley ante el Congreso.

El Presidente recupera lo que el PRI en el Senado pretendía arrebatarle y, además, obliga a la oposición a definir postura en temas en donde existe división interna. No queda claro que el Presidente tenga una apuesta fuerte en su aprobación. De cualquier forma, La propuesta del Ejecutivo federal merece un riguroso análisis, un amplio y necesario debate que incluya a todas las voces.

En particular, a la reelección consecutiva, respetable propuesta histórica del PAN y que mucha gente de talento y buena fe se adhiere en el anhelo de mejorar al Poder Legislativo, se le han conferido bondades excesivas. Por lo menos, en México no remediaría lo que sus promotores han juzgado. En primer término, la reelección afecta la equidad, quienes buscan reelegirse tienen enorme ventaja respecto a quienes les compiten; en EU la tasa histórica de éxito es de 98% en la Cámara baja y 85% en el Senado. Además, no es una propuesta renovadora, sino de estabilidad, cierra la puerta a la renovación generacional cuando el país más lo requiere. Que los legisladores repitan no los hace mejores, tampoco más profesionales; hay reformas que siendo necesarias, son impopulares, es difícil que se aprueben si se piensa en la próxima elección; además, los llamados poderes fácticos ampliarían su capacidad de persuasión, cooptación e influencia.

Reducir las curules es popular, pero el problema del Congreso no es el costo, sino la representatividad y la eficacia. Disminuir la representación proporcional no es la solución si se quiere que las minorías tengan cabida; el que los partidos pequeños existentes no sean muy aceptables no es argumento válido contra el pluralismo. Tampoco es cierto que pocos partidos hagan al Congreso más gobernable y productivo. En todo caso hay que rediseñar de fondo a las Cámaras, por ejemplo, igualar la proporción de diputados de representación proporcional y los de mayoría relativa, abriendo a la votación ciudadana a los primeros con listas cortas y desbloqueadas. El pluralismo merece más respeto y consideración. El país demanda diversidad en la representación. Falta imaginación para darle expresión, como es el hecho que los partidos puedan tener registro con un mínimo legal y el umbral diferenciado de votación se establecería para acceder a prerrogativas o a la representación. La representación igualitaria de las entidades en el senado es reconciliable con la representación proporcional, pero para ello se requiere un esquema innovador, no regresar a modelos que conllevan a la sobrerepresentación de los partidos grandes, como es implícito en la propuesta del Ejecutivo.

La experiencia en los esquemas donde opera la segunda vuelta parece acreditar buenas cuentas. Pero es bueno recordar que en un régimen presidencial, pueden ocurrir ejemplos como el de Collor de Mello en Brasil, Fujimori en Perú y Chávez en Venezuela; como también ha sucedido que ese mandatario arribe al poder con una fuerza parlamentaria exigua, riesgos de este expediente. Los mayores desencuentros entre el Ejecutivo y legislativo y la crisis constitucional subsecuente pueden presentarse en esta modalidad de elección presidencial.

El veto parcial del Ejecutivo también es una necesidad apremiante del régimen de división de poderes, pero en materia de presupuesto la reforma debe ir mucho más allá. En primer término es hora de regresar a las entidades su soberanía fiscal y, por la otra, ampliar el ejercicio de atribuciones a los Estados y municipios, incluyendo al DF y sus delegaciones.

No falta quien, en un exceso, al criticar la propuesta del Presidente Calderón, se refiera al retorno de la Presidencia imperial; un análisis somero de las atribuciones constitucionales revelaría que no es el caso, el sistema mexicano de siempre ha planteado un Presidente débil; el abuso derivaba no de sus facultades constitucionales, sino del dominio de un partido en todos los cargos de elección y su condición de sometimiento al Presidente de la República. Hoy la situación es distinta y es urgente, por ello vale mucho la propuesta que se incorpora en la iniciativa presidencial sobre el veto parcial y las iniciativas preferentes, pues se actualizaría así el régimen presidencial. La exigencia debe ser en el sentido de obligar al Congreso que dictamine y que sólo en el supuesto de omisión por inactividad, puedan progresar las propuestas del Ejecutivo. No es entendible que se disminuya al Ejecutivo, mucho menos que se trasladen al Senado compartir las facultades de nombramiento de todo el gabinete y crear una figura a cargo del gobierno sin el aval del voto popular directo.

Mi perspectiva del cambio político que el país requiere es el de la desconcentración del poder, la reforma del poder que planteaba Luis Donaldo Colosio. Necesitamos una reforma que regrese a los Estados y a sus regiones sus atribuciones y también sus responsabilidades, por ejemplo, en materia fiscal los Estados han perdido soberanía, necesitan recuperarla, sobre todo por la incapacidad de los órganos federales para dar curso a las reformas que el país requiere. El esquema centralista ya se agotó.

Los Estados y los municipios deben ser los ejecutores de la política social y deben tener mayores  responsabilidades en materia fiscal. El sistema actual de coordinación fiscal es contradictorio al federalismo. Reformar el poder es desconcentrarlo, no actualizando el vigente esquema centralista.

Reivindicar el federalismo es la agenda del futuro. No sólo es materia de justicia, sino de eficacia. Los gobiernos locales están más próximos a la gente, a sus problemas y a sus anhelos. El centralismo ya no da respuesta; poco se resuelve dando vueltas en círculo, remozando y actualizando el centralismo. Debemos dar pasos decididos a un nuevo esquema de gobernabilidad democrática fundado en el federalismo y el municipalismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s