Los partidos y la reforma


Liébano Sáenz

El debate es propio y común a todo proceso de reforma. En el marco de las actividades del Senado de la República, ha iniciado la deliberación sobre la reforma política. La atención se ha centrado en la iniciativa presidencial en la materia, la que incorpora un amplio menú de propuestas trascendentes de cambio institucional. Las diferencias y las expresiones críticas no debieran preocupar. Lo importante es que la reforma cobre curso, que la propuesta presidencial se enriquezca a partir de la voz plural del Congreso y de la misma sociedad.

Preocupa que no haya reforma o, lo que podría ser peor, que en el proceso legislativo se pierda el verdadero sentido del cambio, como ha sucedido en el pasado. Al Ejecutivo Federal no se le puede criticar el que haya fijado posición, justo lo contrario: es un precedente positivo. Los legisladores y los partidos han exigido al Presidente propuesta y ahí la tienen ya; por otra parte, negociar la iniciativa previo a su presentación, ha dado resultados encontrados: favorables en la reforma del ISSSTE; muy negativos en la fiscal y energética. Lo deseable es que los partidos y los legisladores se abran a un debate que desencadene las transformaciones que el país requiere.

En el Senado ha habido ambigüedad y en ciertos sectores, una cuota de inconveniente hipocresía. Se proclaman reformadores y cuando se presenta la oportunidad la eluden o la subvierten con una contrareforma. Cierto es que la iniciativa del Presidente es perfectible; incluso, estimo que el diseño de la iniciativa fue, precisamente, para que las deliberaciones sirvieran para mejorarla. Lo que no es aceptable ni admisible es que se rechace toda una propuesta bajo el argumento de que primero debe discutirse la agenda social o económica; mucho menos válido es utilizar temas de coyuntura –como por cierto solía hacerlo en su tiempo el PAN– para posponer o interrumpir su deliberación. Es positivo que el día de ayer los dirigentes del PRI, PAN y PRD hayan comprometido su voluntad de reforma.

Sí existen problemas importantes en la iniciativa presidencial. Aquí mismo hemos planteado reservas a algunos de sus contenidos. De hecho, muchos de los propósitos que animan al proyecto presidencial no se cumplen con la propuesta y, en algunos casos, podrían ser contraproducentes. No se empodera al ciudadano si no se empieza por garantizar el derecho a ser votado y que va mucho más allá de las candidaturas independientes o de la reelección consecutiva. Empoderar al ciudadano a costa de los partidos es un error; la reforma radical es transformar a los partidos, someterlos a la legalidad democrática. Lamentablemente eso no está en la propuesta, pero tampoco en las reflexiones alternativas al proyecto presidencial, con la excepción de algunos planteamientos de la Presidenta del Tribunal Electoral, la magistrada María del Carmen Alanís y que debieran ser concretadas. ¿Cómo garantizar con eficacia el derecho ciudadano a ser votado?

El problema más serio que enfrenta el debate para la reforma es que en el PRI no hay unidad al respecto. Hay perspectivas encontradas. La reelección consecutiva de legisladores –demanda histórica del PAN- es aceptada y promovida por el coordinador del PRI en el Senado, pero es una propuesta con amplio rechazo popular y que ha dividido de siempre al PRI. En mi opinión las bondades de la reelección son más teóricas que prácticas, en especial por la ventaja que tiene quien pretende reelegirse. Verlo como una forma de auditoría ciudadana para premiar o sancionar me parece un exceso a la luz de la realidad. Es preciso advertir los riesgos de esta propuesta en la reedición de cacicazgos y el sometimiento de los legisladores a los factores de interés que inciden en la elección, tema muy presente en el sistema político norteamericano.

El problema del gobierno es que no ha encontrado cómo y con quién negociar en el PRI. La dirigencia nacional, la alianza de los gobernadores y el PRI en el Senado no sólo son tres segmentos independientes, sino que en varios aspectos tienen posturas incompatibles. El tema del fortalecimiento y modernización de la Presidencia a través de la iniciativa preferente podría ser del interés de los mandatarios estatales, no así de algunos senadores priístas y de quienes suscriben una postura ortodoxa de partido opositor.

Lo importante es que el cambio no se malogre con reformas cosméticas; no deja de ser válida, aunque discutible, la tesis de que es mejor una no reforma que un cambio irrelevante, esto, porque pervierte, confunde y hace postergar la determinación transformadora. Los parches con frecuencia terminan aplazando decisiones de fondo. En una carta dirigida al líder de los diputados priístas, el coordinador del PRI en el Senado anticipa el día de ayer, que su partido elaborará su propia propuesta. Hay que estar atentos a ver si esto corresponde a un interés personal o a lo que el país y el PRI requieren.

La modernización de la Presidencia es una de las mayores urgencias. El PRI, el partido con mayor sentido del poder político y concepto del Estado, ahora se envuelve en el parlamentarismo. Tiene explicación: un sector reticente de siempre al proceso democrático se ha refugiado en el Congreso al amparo del voto plurinominal en posiciones de liderazgo y desde allí ha subvertido las propuestas de transformación social y política, entre otras, la reforma al Poder Legislativo, la actualización del Federalismo y el tránsito del sistema de partidos a la legalidad democrática.

Por origen e historia, el PRI debiera estar a la vanguardia de la propuesta de renovación de la institución presidencial. No ha ocurrido así, no sólo por un desentendimiento del pasado, sino porque quienes mayormente inciden en el trabajo parlamentario, en un cálculo derivado de la derrota de ese grupo en 2006, se asumen distantes del futuro poder presidencial; de allí la tentación de disminuirle y diluir facultades elementales al Presidente como es el nombramiento del gabinete y el ejercicio del gobierno. La contrareforma ha sido su divisa.

En las deliberaciones del Senado, en las que se han excluido voces muy importantes, la iniciativa del Presidente ha sido objeto de examen. Se han escuchado opniones críticas de políticos, analistas y juristas dignas de la mayor atención y consideración. También hay que escuhar y valorar los razonamientos del gobierno y su partido. Cierto es que la propuesta es perfectible; pero el cambio, impostergable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s