Alianzas que restan


Liébano Sáenz

Un desafío mayor para la estrategia política lo representa entender políticamente a los Estados y al Distrito Federal. El proceso de desconcentración del poder en términos regionales ha sido consistente al proceso democrático.  La competencia electoral, la alternancia, la pluralidad ha sido el apalancamiento mayor para el fortalecimiento político de las entidades del país.

En semanas recientes el gobierno federal se ha pronunciado para que los estados tengan un eficaz régimen de rendición de cuentas, transparencia y escrutinio al poder público. Un sector de opinión se ha sumado al llamado. En algunos esta postura ha llevado a una crítica excesiva y simplificadora de la realidad política de las entidades. Cierto es que la democracia implica que toda forma de poder esté sujeta a equilibrios y límites formales e informales. También existe la necesidad de un marco homologado de transparencia y de control en el ejercicio presupuestal. Pero los cambios deben hacerse en la lógica democrática, no en la de un despliegue centralista. Ejercer control y auditoria al poder local corresponde, primariamente, a los ciudadanos de dichas entidades, a los poderes y órganos locales, a los medios de comunicación y líderes de opinión de esos lugares. El tema central es el de la eficacia del voto, esto es, cómo asegurar que el sufragio sea un instrumento útil de sanción al abuso y de estímulo o reconocimiento al cumplimiento.

Innecesario decir que la realidad de los estados es muy diversa. Un aspecto que llama la atención en la medición de la percepción de desempeño de los gobernadores es el que los mandatarios del PRI están mejor evaluados que los de otros partidos. Esto no necesariamente significa que el acuerdo o popularidad de los gobernadores sea expresión de buen gobierno, pero tampoco puede ignorarse. El hecho es que los estudios en la materia registran que en casi todos los estados la evaluación presidencial es muy semejante a la de los mandatarios cuando son del PRI, con la excepción de Puebla y Oaxaca. Respecto a los estados con gobernadores del PAN y del PRD, la evaluación del Presidente es superior (www.gabinetece.com.mx).

Es fundamental atender esta realidad política en la elección de gobernadores. En los términos que lo han argumentado los dirigentes del PAN y del PRD, la formación de coaliciones atiende al propósito de provocar la alternancia. Sin embargo, no es lo mismo Oaxaca, Aguascalientes, Tlaxcala y Puebla, que Hidalgo, Durango o Sinaloa. En estos tres últimos casos, los gobernadores tienen una alto nivel de aprobación, por lo que el argumento para la alternancia requiere de más razones que el simple reemplazo de las siglas del partido gobernante.

Por otra parte, las elecciones de julio pasado, otorgaron a los gobernantes locales, especialmente a los del PRI, una mayor y mejor articulación y representación en el Congreso. Esta situación obligaba a una negociación distinta para el logro de los acuerdos políticos que pudieran desencadenar cambios legales e institucionales. El dilema del gobierno federal es si opta por el acuerdo o prefiere irse por la disputa del poder político local. Los hechos indican que el gobierno apuesta más a la lucha electoral de César Nava que a la lucha por las reformas de Gómez Mont.

Ganar algo en julio es materia de supervivencia de los dirigentes del PRD y del PAN en lo personal, de allí su determinación a concretar alianzas. La debilidad propia y fortaleza del adversario han dado lugar a las coaliciones, las que hacen mayor sentido en los lugares donde la alternancia por sí misma se vuelve propuesta, no sólo para los partidos, sino para los ciudadanos. La cuestión es que para el gobierno las alianzas electorales tienen efectos ciertos e inmediatos en la negociación con el PRI y sus poderes regionales, mientras que los resultados electorales derivados de las coaliciones son inciertos, costosos al interior de los partidos y para el proceso de negociación de las reformas.

Quizás el cálculo electoral es que el PRI asuma los costos de la no reforma política; asunto a evaluar ya que hay temas como el de la reelección consecutiva que son impopulares y otros de difícil comprensión para la población o de beneficios discutibles. El PAN o el gobierno no podrá emprender una campaña contra el PRI por la negativa a la reforma, más allá del éxito que pudiera alcanzar en ciertos círculos, al fin y al cabo, marginales y muchos de ellos afines al gobierno.

El PAN no tuvo éxito en la elección de julio de 2009 porque los votos se definen en la realidad local. La ocurrencia de hacer de la lucha contra el crimen organizado argumento electoral fue un fracaso mayúsculo. Hacerlo con la reforma política de cara a los comicios próximos sería igualmente contraproducente. Los votos se resuelven en el ámbito local, en la realidad política de los estados, no en la arena de los actores nacionales y sus agendas.

Esta realidad dibuja el resultado de los comicios próximos. Ganará el candidato con mayor capacidad política en el ámbito estatal. A diferencia de los comicios intermedios, donde la estructura territorial define, la campaña de los candidatos será determinante. En materia de oferta importan los “qués”, pero aún más los “cómos”, muchos de ellos apuntan a una crítica al régimen centralista y, por lo mismo, adverso al PAN (partido a cargo del poder nacional), como en su momento fue al PRI.

Desde el ámbito local es difícil que las coaliciones sean críticas para la definición del resultado. Llama la atención la preocupación excesiva de algunos en el PRI. Hay coaliciones que suman, como fue la del PAN y PVEM en la elección que llevó a la Presidencia a Vicente Fox; hay otras que no significan absolutamente nada, como la suscrita por el PRI con el PVEM y que llevó a Roberto Madrazo al tercer lugar. También hay coaliciones que restan. Lo cierto es que un buen candidato, en un entorno favorable, puede ganar con o sin coalición. Dos perdedores sumados no necesariamente hacen un ganador, pero seguro, sí le dificultarán al gobierno la negociación en el Congreso.

2 pensamientos en “Alianzas que restan

  1. Un desafío mayor para la estrategia política lo representa entender políticamente a los Estados y al Distrito Federal.
    El proceso de desconcentración del poder en términos regionales ha sido consistente al proceso democrático. La competencia electoral, la alternancia, la pluralidad ha sido el apalancamiento mayor para el fortalecimiento político de las entidades del país.
    En semanas recientes el gobierno federal se ha pronunciado para que los estados tengan un eficaz régimen de rendición de cuentas, transparencia y escrutinio al poder público. Un sector de opinión se ha sumado al llamado.
    Es una percepción generalizada entre la población, que los recursos se desvían de forma espacial a través del GOB Federal (justamente en donde se concentran los recursos) y no ponen atención en las limitadas leyes de transparencia en los estados (y que igual rige a sus municipios), y es ahí, en los estados, en donde el recurso (con gran frecuencia) es mal utilizado (NL es un ejemplo) o despilfarrado sin consciencia.
    En algunos esta postura ha llevado a una crítica excesiva y simplificadora de la realidad política de las entidades. Cierto es que la democracia implica que toda forma de poder esté sujeta a equilibrios y límites formales e informales. También existe la necesidad de un marco homologado de transparencia y de control en el ejercicio presupuestal. POR SUPUESTO
    Pero los cambios deben hacerse en la lógica democrática, no en la de un despliegue centralista. Ejercer control y auditoria al poder local corresponde, primariamente, a los ciudadanos de dichas entidades, totalmente de acuerdo…a los poderes y órganos locales, a los medios de comunicación y líderes de opinión de esos lugares. El tema central es el de la eficacia del voto, esto es, cómo asegurar que el sufragio sea un instrumento útil de sanción al abuso y de estímulo o reconocimiento al cumplimiento.
    Innecesario decir que la realidad de los estados es muy diversa. Un aspecto que llama la atención en la medición de la percepción de desempeño de los gobernadores es el que los mandatarios del PRI están mejor evaluados que los de otros partidos. Es cierto! Esto no necesariamente significa que el acuerdo o popularidad de los gobernadores sea expresión de buen gobierno, pero tampoco puede ignorarse. El hecho es que los estudios en la materia registran que en casi todos los estados la evaluación presidencial es muy semejante a la de los mandatarios cuando son del PRI, muy interesante este punto! con la excepción de Puebla y Oaxaca. Respecto a los estados con gobernadores del PAN y del PRD, la evaluación del Presidente es superior (www.gabinetece.com.mx). INTERESANTE!
    Es fundamental atender esta realidad política en la elección de gobernadores. En los términos que lo han argumentado los dirigentes del PAN y del PRD, la formación de coaliciones atiende al propósito de provocar la alternancia. Sin embargo, no es lo mismo Oaxaca, Aguascalientes, Tlaxcala y Puebla, que Hidalgo, Durango o Sinaloa. En estos tres últimos casos, los gobernadores tienen un alto nivel de aprobación, por lo que el argumento para la alternancia requiere de más razones que el simple reemplazo de las siglas del partido gobernante. Estoy de acuerdo….
    Por otra parte, las elecciones de julio pasado, otorgaron a los gobernantes locales, especialmente a los del PRI, una mayor y mejor articulación y representación en el Congreso. Esta situación obligaba a una negociación distinta para el logro de los acuerdos políticos que pudieran desencadenar cambios legales e institucionales. El dilema del gobierno federal es si opta por el acuerdo o prefiere irse por la disputa del poder político local. Los hechos indican que el gobierno apuesta más a la lucha electoral de César Nava que a la lucha por las reformas de Gómez Mont.
    Ganar algo en julio es materia de supervivencia de los dirigentes del PRD y del PAN en lo personal, ciertamente la situación del PAN es lamentable! de allí su determinación a concretar alianzas. La debilidad propia y fortaleza del adversario han dado lugar a las coaliciones, las que hacen mayor sentido en los lugares donde la alternancia por sí misma se vuelve propuesta, no sólo para los partidos, sino para los ciudadanos. La cuestión es que para el gobierno las alianzas electorales tienen efectos ciertos e inmediatos en la negociación con el PRI y sus poderes regionales, (al parecer en el caso de NL si existió un acuerdo que al final no se cumplió) mientras que los resultados electorales derivados de las coaliciones son inciertos, costosos al interior de los partidos y para el proceso de negociación de las reformas.
    Quizás el cálculo electoral es que el PRI asuma los costos de la no reforma política; asunto a evaluar ya que hay temas como el de la reelección consecutiva que son impopulares y otros de difícil comprensión para la población o de beneficios discutibles. Lástima, quienes hemos participado en gobiernos municipales (3ª. Regidora en San Pedro garza García NL) conocemos lo vital que es para el buen desempeño municipal que se permita la reelección, en los casos en donde el voto si es efectivo y el ciudadano vigila a sus gobierno municipal… El PAN o el gobierno no podrá emprender una campaña contra el PRI por la negativa a la reforma, más allá del éxito que pudiera alcanzar en ciertos círculos, al fin y al cabo, marginales y muchos de ellos afines al gobierno.
    El PAN no tuvo éxito en la elección de julio de 2009 porque los votos se definen en la realidad local. La ocurrencia de hacer de la lucha contra el crimen organizado argumento electoral fue un fracaso mayúsculo. Tristemente así fue!!! Hacerlo con la reforma política de cara a los comicios próximos sería igualmente contraproducente. Los votos se resuelven en el ámbito local, en la realidad política de los estados, no en la arena de los actores nacionales y sus agendas. Esto debe de servir de experiencia de aprendizaje al PAN
    Esta realidad dibuja el resultado de los comicios próximos. Ganará el candidato con mayor capacidad política en el ámbito estatal. En el caso de Nuevo León lo que definió el triunfo priísta fue la mayor capacidad PARTIDISTA y la casi nula ayuda del mismo PAN estatal para su candidato. A diferencia de los comicios intermedios, donde la estructura territorial define, la campaña de los candidatos será determinante. En materia de oferta importan los “qués”, pero aún más los “cómos”, muchos de ellos apuntan a una crítica al régimen centralista y, por lo mismo, adverso al PAN (partido a cargo del poder nacional), como en su momento fue al PRI. De acuerdo!
    Desde el ámbito local es difícil que las coaliciones sean críticas para la definición del resultado. Llama la atención la preocupación excesiva de algunos en el PRI. Hay coaliciones que suman, como fue la del PAN y PVEM en la elección que llevó a la Presidencia a Vicente Fox; hay otras que no significan absolutamente nada, como la suscrita por el PRI con el PVEM y que llevó a Roberto Madrazo al tercer lugar. INOLVIDABLE!!!También hay coaliciones que restan. Lo cierto es que un buen candidato, en un entorno favorable, puede ganar con o sin coalición. Dos perdedores sumados no necesariamente hacen un ganador, pero seguro, sí le dificultarán al gobierno la negociación en el Congreso.

    SALUDOS!!!

  2. Que pena…mis comentarios los fui haciendo en otro color para hacer referencia a lo leído, pero el sistema lo escribió todo del mismo color…así no se podrá apreciar.
    Lo siento mucho…
    Saludos!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s