Gómez Mont y las reformas


Liébano Sáenz

La proximidad de los comicios de julio se acompaña de un enrarecimiento de la política interior. Los actores políticos dan prioridad a sus agendas particulares y se desentienden de lo que nos es común. La descomposición a nadie sirve, los problemas en el frente económico y social obligan a una mayor responsabilidad. Los enemigos más perniciosos de la sociedad –la delincuencia organizada– tampoco son para subestimarse. Es momento que las obvias agendas particulares se sometan al interés general del país.

Es un error que el tema de las alianzas o el debate sobre las elecciones se imponga sobre el entendimiento y el acuerdo para hacer realidad las reformas. El gobierno federal se comporta como si su prioridad fuese la agenda electoral. Al menos así dicen estarlo entendiendo en el PRI, al advertir que no sólo las alianzas, sino las deserciones de priistas connotados para volverse candidatos del partido gobernante, son construidas desde la Presidencia. La conducta y palabras del Secretario de Gobernación también dejan entrever que la prioridad del gobierno se dirige hacia propósitos partidistas.  De lo ocurrido podría concluirse que ha dejado de estar en la atención del gobierno de la República el crear un ambiente propicio para el entendimiento que lleve a las reformas.

Fernando Gómez Mont, por su trayectoria, es merecedor del mayor respeto. Fue crucial su contribución a la reforma de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 1994, uno de los mayores pasos de la transición democrática. Fue una pérdida sensible para la política y, sobre todo, para su partido, que haya resuelto orientarse como abogado postulante durante más de una década. Políticos de ese talante le hicieron mucha falta a Vicente Fox ya Presidente. Más recientemente, la tragedia le llevó a atender el llamado de su amigo, el Presidente Calderón, para hacerse cargo de la política interior.

Fue un acierto el que se haya autoexcluido de las opciones del PAN para la candidatura presidencial, no obstante, contar como pocos en el PAN, con el aval y simpatía en la opinión pública. El balance de su gestión en Gobernación ha sido positivo. Se ha hecho acompañar de un grupo de profesionistas talentosos y con extraordinarias credenciales para el servicio público. Sin embargo y a pesar de la inteligencia que le distingue, ha sido un error el renunciar a su partido, mucho más si es una forma de expresar inconformidad por el giro del PAN en materia de las alianzas con el PRD; mayor aún, fundar  su dimisión en razones que por discreción profesional se ve obligado a no revelar. Las decisiones de los miembros del gabinete del Jefe de Estado que están vinculadas a los asuntos de la res pública no pueden tener carácter de secreto profesional o motivos ocultos.

El error es político; la función y el cometido del secretario de Gobernación es apoyar al Presidente, no más no menos; es entendible que el ciudadano Gómez Mont haya expresado a su jefe y al dirigente de su partido, sus reservas doctrinarias y de inconveniencia para el gobierno el que el PAN suscribiera coaliciones con el PRD. Sin embargo, el mandato y la autoridad de gobernar para todos los tiene el Presidente; los arreglos y negociaciones que realiza el secretario, no son a título personal, no es su palabra, sino la del presidente. Las alianzas entre los partidos no eran y no son un asunto del gobierno, aunque el paso hacia ellas pueda ser juzgado como un error de la dirigencia del PAN.

Quien debe asumir condición de jefe de Estado es el Presidente y es necesario que ponga en claro que la prioridad de su gobierno es el interés general. Es encomiable y muy positivo que su Secretario de Gobernación tenga claridad al respecto y actúe de la misma forma; pero, hay un proyecto común por hacer valer, aún cuando existan diferencias. Los momentos no son para divisiones o fisuras en el gobierno. Un componente indispensable de la política es la actitud de responsabilidad colectiva.

El PRI tampoco debe asumir la condición de saboteador del proceso de reforma. Las alianzas presentes o futuras no dan razón. Las elecciones locales se resolverán en función de candidaturas, más que de las siglas de los partidos. La fragmentación del voto puede favorecer al PRI, sobre todo en condiciones de cerrada competencia y donde los tres partidos concurren con fuerza, no así en realidades bipartidistas o donde el PRI tiene una ventaja mayor.

El PRI ha reaccionado en exceso al tema de las alianzas. La preocupación debe ser otra: que el Presidente y el gobierno actúen en función de la responsabilidad que le atañe y no de objetivos partidistas o electorales. Debe quedar claro que el factor de mayor deterioro del proceso democrático y de la institución presidencial, ocurrió hace seis años cuando desde el gobierno se pretendió excluir a uno de los líderes políticos del derecho a ser votado. El intento de desafuero de López Obrador debe asumirse como uno de los capítulos más desafortunados de la política nacional. El argumento legal de sus promotores y el desenlace así  lo demuestran.

Los problemas del país no dan mucho espacio para la polarización o para anticipar el proceso sucesorio presidencial. La reforma económica debe tener la mayor prioridad. La Presidencia y el Senado han coincidido en hacer de la reforma política el primer paso para el cambio institucional. Si antepusiéramos las agendas electorales o personales a la responsabilidad de Estado, es posible que no haya mayor avance o incluso, que al amparo del llamado interés ciudadano, nuevamente se llegue a una contrarreforma, como ocurrió en 2007.

Resolver las deficiencias de la reforma electoral pasada es indispensable de cara a los comicios de 2012. Los mismos que ayer aclamaban las bondades del cambio que se hizo, hoy reconocen los problemas que con oportunidad muchos advertimos. La decisión del secretario ya está tomada y resultaría un doble error la rectificación a su renuncia; sin embargo, como en todo, también hay ganancias que hoy el expanista puede capitalizar a favor del proyecto de reformas pendientes. Los priístas han expresado que confían en su palabra y es con ellos y no con el PRD con quienes ajusta la aritmética del legislativo; la trayectoria personal del secretario Gómez Mont y los eventos de estos días registran que la confiabilidad es su mejor patrimonio para alcanzar las reformas que el país requiere.

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