Apartidismo e imparcialidad



Liébano Sáenz

Así como la objetividad es causa imposible, aunque deseable en el periodismo, la imparcialidad debe ser el propósito del desempeño de las autoridades administrativas. La renuncia del Secretario Gómez Mont a su pertenencia activa en el PAN, ha resucitado la premisa falaz de que la no pertenencia partidaria asegura imparcialidad o, lo que es lo mismo, que pertenecer, simpatizar o militar en un partido vuelve a las personas parciales.

En ocasión de la creación de los organismos electorales independientes del gobierno, el caso se llevó al extremo, incluso quienes asumían responsabilidades de autoridad, pretendían substraerse de las obligaciones y de las responsabilidades de los servidores públicos, bajo el pretexto de que ellos eran ciudadanos. La llamada ciudadanización fue una aspiración asociada a la imparcialidad, pero se llegó a excesos y el que las personas fueran miembros activos de un partido político devino en estigma.

Con la ciudadanización se llegó a una grosera simulación que ahora se advierte en el tiempo. Buenos consejeros electorales como José Woldenberg, habían tenido un pasado de militancia activa, sin embargo, supieron mantener distancia de sus simpatías pasadas o presentes de carácter ideológico o partidista. Otros casos, supuestos ciudadanos derivaron en una actividad parcial al amparo del cargo y después evolucionarían en militantes activos e intransigentes del partido que los promovió. Llama la atención que los consejeros electorales propuestos por el PRI, el partido más señalado por su apropiación indebida de los cargos electorales, hayan mantenido con mayor consistencia el decoro hacia la imparcialidad.

La verdad es que los militantes de los partidos son tan ciudadanos como cualquiera; y es que la parcialidad no deriva de su vínculo partidista, sino del sometimiento que la persona decide tener. Es sano y conveniente que quienes ocupen los órganos de autoridad y en general, las instancias superiores de gobierno no participen de actividades partidistas o tengan cargo en la organización. Muchos de los regímenes presidenciales establecen a los miembros del gabinete la obligación de mantener distancia con los partidos políticos en los que militan. Sin embargo, esto no significa que esos funcionarios pierdan sus derechos políticos de pertenecer a una organización partidista.

Estimo que Fernando Gómez Mont continúa siendo panista en el mejor sentido de la expresión; quizás lo es mucho más que otros que le critican desde Acción Nacional. Más aún, la razón de la dimisión no sólo tiene que ver con el incumplimiento del acuerdo con el PRI; por lo que se deriva de sus propias palabras, Gómez Mont, como muchos otros panistas, consideran que el acuerdo electoral de su partido con el PRD y la izquierda, antepone oportunismo electoral sobre consistencia doctrinaria; la táctica prevalece sobre el proyecto de partido o lo que ya se ha dicho: ganar el poder y perder al partido.

El Secretario Gómez Mont cobra a la organización y a sí mismo una factura que no corresponde. El rechazo a la determinación de que el órgano de gobierno nacional del partido haya resuelto aprobar las alianzas no tiene por qué facturarse a la organización como tal. Si lo que se pretendía era expresar inconformidad, la acción ha tenido el efecto contrario al interior del PAN, donde se le ha generado la más cruenta envestida.

El Secretario de Gobernación debe velar por los intereses del gobierno en el ámbito de su responsabilidad. Que el partido al que pertenece gane elecciones le puede resultar deseable, pero no es su tarea, mucho menos cuando se le asigna la negociación con los partidos políticos o con las fracciones parlamentarias. El Secretario debe ser un interlocutor confiable y expresión de esto es cumplir con la palabra empeñada.

Hay pasajes de la transición democrática todavía por conocerse. Lo ocurrido después de 1988 es la crónica de acuerdos discretos y secretos entre el poder y las organizaciones políticas, algunos positivos y construidos con larga perspectiva como fue el que ocurrió con el Presidente Salinas y Acción Nacional, después de las elecciones. Otros acuerdos derivaron de la necesidad y en algunos casos de la necedad y del inmediatismo. El Acuerdo Político Nacional de 1995, a unos meses de que asumiera la Presidencia Ernesto Zedillo, tuvo que esperar año y medio para que se concretara en medidas legislativas trascendentes. Controversias en elecciones municipales como Huejotzingo y Mérida, se volvían determinantes. El hecho es que las negociaciones y los acuerdos tuvieron buenos resultados, precisamente, porque los interlocutores entendían el peso y valor de la palabra empeñada.

Gómez Mont pertenece a esa tradición del acuerdo que mucho tiene de positivo y que contribuyó a disminuir la distancia entre gobernantes y opositores, para dar lugar a decisiones positivas. Nada hay de indigno en el acuerdo cuando se trata de los intereses del país. Lamentablemente, en nueva ocasión, el debate sobre la declinada militancia del Secretario de Gobernación, ha llevado a estigmatizar el que la oposición y el gobierno suscriban y acuerden compromisos.

La imparcialidad de Gómez Mont en el cargo será la misma antes y después de esta reciente decisión polémica. Lo que no será igual, y así se advierte, es la relación del Secretario con los miembros de su partido, especialmente, los que están en su jerarquía. Hace bien el Presidente en expresar la confianza que le merece su Secretario. Deberán actuar en el mismo sentido los demás miembros del gabinete y los coordinadores parlamentarios. Lo peor que le puede ocurrir a un gobierno es la desarticulación política entre sus miembros y aliados por querellas de orden secundario.

Los problemas del país y el mismo ciclo sexenal requieren de una mayor cohesión en el gobierno en torno al Presidente de la República. Las quince elecciones próximas habrán de dirimirse en la lógica local.  El gobierno no debe apostar a un resultado o desenlace. El tema de las alianzas debe dejarse atrás. Lo importante es que el gobierno concentre su esfuerzo en cumplir el mandato democrático que lo llevó al poder, gobernar para todos con base en el interés general, el verdadero sentido de la imparcialidad.

El tema de la imparcialidad del funcionario público es un asunto de ética personal, no de pertenencia partidaria.

Un pensamiento en “Apartidismo e imparcialidad

  1. Definitivamente se necesita aparte de tener muchos pantalones traerlos bien fajados.
    Ojalá y muchos otros tomaran su ejemplo y se decidieran a ello.
    Es de suma importancia para que el Gobierno cumpla el mandato democrático que lo llevo al poder que los congresistas en lugar de estarse haciendo patos, se pongan a trabajar ya que nos salen muy caros para estar sacandose nada mas lengua y que se elimenten los Diputados y Senadores que sobran

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