El sí de la reforma


Liébano Sáenz

No sólo el entorno dificulta las reformas de corte político, también contribuye la manera como se ha llegado a la presentación de las iniciativas. Un grupo de destacados intelectuales ha hecho un reclamo a la generación del NO. Tal vez el problema no está allí, sino en el cómo, esto es, en el método para llegar a un resultado deseable. Evitar que al amparo de problemas genuinos como fue el tema electoral, se den soluciones a la medida de la agenda personal de quien es factor de decisión.

En realidad el Congreso ha legislado en exceso en los últimos trece años. Los legisladores trabajan y el catálogo de iniciativas alcanza volúmenes impresionantes. La cuestión es que es escaso lo que se ha producido para resolver los verdaderos problemas nacionales. Lo más rescatable de los últimos doce años han sido las normas en materia de transparencia, la Ley del ISSSTE y la parte positiva de la reforma electoral de 2007.

Es preciso saber escuchar. Hace seis años, en un curso inédito, los gobernadores del país y el Presidente Fox acordaron por unanimidad una propuesta de cambio en materia hacendaria. Nada se aprobó entonces y hoy las conclusiones ni siquiera están en el debate parlamentario. Quienes dominan el proceso legislativo se cierran a las expresiones que vienen del exterior. Recurren a argumentos académicos a modo, como aparece en la reciente propuesta de los Senadores del PRI, pero se les dificulta escuchar otras voces, como sucedió con la reforma electoral, en la que su cerrazón y el interés personal los llevó a serios errores.

El Presidente decidió no negociar en forma convencional su propuesta de reforma política. Hay aspectos muy importantes, entre otros, el tema de las iniciativas preferentes, el veto parcial del Ejecutivo, la reducción de Cámaras y una vieja demanda de Acción Nacional: la reelección inmediata de los legisladores. El Senado del PRI, sin mediar negociación con los diputados de su partido y la dirección nacional presentó su propuesta.

Llama la atención que el Senado del PRI, por primera vez, haga propia, incluso que la presente como posición del partido, el restablecimiento de la reelección consecutiva. Por otra parte, pretende parlamentarizar al gobierno a través de la ratificación del gabinete y de los directivos de los organismos descentralizados; la designación parlamentaria del Procurador y la inclusión de la moción de censura. También tiene aspectos menos controvertidos, como es resolver el vacío legal en el supuesto de falta del Presidente de la República, la suspensión de garantías, la creación del instituto nacional de identidad e incorpora, de la iniciativa del Presidente, la llamada reconducción presupuestal.

Legisladores en lo individual también han contribuido con varias iniciativas de reforma política de corte estructural. Sorprende que en las propuestas por los partidos, no consideren la necesidad de un cambio correctivo de la reforma electoral de 2007. El problema es serio, porque la elección es próxima y, al parecer, los legisladores no advierten o no les importan los problemas que plantea el marco legal vigente.

El IFE no debe estar a cargo de la administración del acceso a radio y tv; es preciso eliminar el spotismo y la restricción que tienen los partidos y candidatos para cumplir sus funciones en el debate político nacional y ejercer la libertad de expresión. Es evidente la necesidad de que los partidos transiten a la legalidad democrática al determinar que los órganos electorales locales, el IFE y el Tribunal Electoral, tengan atribuciones amplias para salvaguardar el derecho a ser votado.

El problema de fondo es el de la eficacia de la democracia, o para ser más preciso, de las instituciones derivadas de la democracia. La relación entre poderes no está resuelta. Asumir que la parlamentarización del gobierno, la disminución de legisladores o de partidos en las Cámaras, las candidaturas independientes o la reelección consecutiva lo resolverá es un error.

Para dar eficacia al voto, una forma de definir el problema del sistema político mexicano, se requiere trabajar en tres ejes: la Presidencia, el Congreso y el sistema de partidos. A partir de estas premisas se puede valorar lo ya propuesto. Por ejemplo, la iniciativa del Presidente Calderón respecto a las iniciativas preferentes es de extrema utilidad en la relación entre Congreso y Ejecutivo. No se trata de que aquél se someta a éste, sino que en temas de importancia nacional, el Congreso tenga la presión de pronunciarse en el sentido que defina la mayoría; en caso de omisión, prevalecería la iniciativa Presidencial.

De la misma forma, es pertinente lo que proponen el Presidente y los senadores del PRI respecto a la reconducción presupuestal. Aunque la solución ameritaría mucho más, la iniciativa resuelve lo fundamental: ¿qué sucede en caso de desencuentro entre Ejecutivo y la Cámara de Diputados en la aprobación del presupuesto? Se aplicaría en lo conducente el presupuesto del ejercicio anterior. No es la solución ideal, pero al menos da certeza constitucional a un tema que ha resuelto la Corte de manera jurídicamente opinable.

Otro aspecto a atender es eliminar las facultades de investigación de la Corte, derivadas del segundo párrafo del artículo 97 constitucional. De la misma forma en la que sí debe intervenir de oficio para revisar los decretos del Ejecutivo durante la suspensión de garantías.

Es necesaria una ley de partidos. La mejor manera de empoderar a los ciudadanos es modernizando el sistema de representación política, con reglas que garanticen los derechos de los ciudadanos para asociarse y para ser votados. La reforma de 2007 determinó que la democracia de los partidos era tema interno y a determinarse por sus miembros; no es cierto, es de elemental interés público. La democracia no debe ser opción sino método obligado.

La Presidencia también requiere modernizarse, dotarla de los instrumentos y las atribuciones que amerita para dar respuesta a las demandas de buen gobierno. Una presidencia moderna es consecuente con un gobierno eficaz, con una democracia útil, creíble y funcional al ciudadano.

Un pensamiento en “El sí de la reforma

  1. Tantos años de un sistema unipartidista impidieron en México un desarrollo social y político equilibrado, donde se ganaba, se perdía, se cuestionaba la gestión de sus gobiernos y se rechazaban las malas prácticas. Es la forma de aprender y lo hemos vivido, ahora sí, en los últimos 20 años.
    La transición se logró, pero el daño ya estaba hecho. Una ideología nacional muy instalada, aceptando la idea que cuando se llega al poder, tienes derecho a incluir intereses personales. La transición no terminó con esta idea que aún hoy padecemos.

    Desde mi punto de vista, el restablecimiento de la reelección consecutiva para senadores y diputados puede ser un buen inicio que permita la continuidad a los temas prioritarios y no comenzar a partir de cero, cada tres años, como ocurre ahora: conocimiento, tiempo, esfuerzo y dinero perdido para México.

    Coincido en la urgente necesidad de resolver las grandes fallas del sistema electoral antes de hacer los cambios en la reforma política, los derechos de los ciudadanos para asociarse y para ser votados pudieran resolver algunos de los problemas del abuso por parte de los partidos políticos.
    Coincido absolutamente con la idea de que la democracia no debe ser opción sino método obligado.

    Por último deseo mencionar acerca de la necesidad de poner especial atención en la práctica de la transparencia en estados y municipio y dejar de pensar que los principales desvíos y abusos se dan únicamente a nivel federal.

    Felicidades por tu artículo siempre objetivo y de gran contenido.

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