Encuentros y desencuentros electorales


Liébano Sáenz

La unificación de la fecha de las elecciones locales al primer domingo de julio es un nuevo elemento de las reglas electorales. Doce de catorce estados renovarán su Ejecutivo; nueve son gobernados por el PRI, dos por el PAN y uno por el PRD. Las alianzas del PAN y PRD en varios de ellos y la postulación de candidatos opositores desertores del PRI son signos distintivos de la circunstancia electoral. Las nuevas reglas del juego también hacen evidente la disfuncionalidad del mecanismo para que partidos y candidatos accedan a la radio y la Tv. Campañas breves con esquemas rígidos y lentos para difundir en medios electrónicos la oferta y el debate no tiene el menor sentido. Tal circunstancia, además, dificulta que los candidatos que inician con desventaja puedan remontar la diferencia; las reglas del juego que generó la reforma de 2007, favorecen a quienes van ganando de entrada.

Aún así, hay incertidumbre sobre los resultados en más de la mitad de los estados. Es muy aventurado a más de treinta días de distancia anticipar resultado alguno. La contienda está en curso y los partidos y candidatos hacen su mayor esfuerzo para mejorar su posición electoral. Precisamente por esta razón debe flexibilizarse el acceso a radio y Tv, atenuar el espotismo y dar una mayor expresión al debate y a una oferta electoral razonada y argumentada. La comunicación política debe estar a la altura de las necesidades de una democracia participativa, que considere al elector como persona racional, que merece respeto a su dignidad como individuo pensante y con capacidad plena para resolver el sentido de su voto. Los electores no somos menores de edad fáciles de manipular que requieran de una autoridad que cuide de nosotros; el argumento por la equidad electoral debe también abrirle espacio al de las libertades políticas.

El aspecto más preocupante en las elecciones ha sido el de la violencia; aunque presente, no ha sido factor para obstruir el curso normal de los comicios. Los problemas han sido aislados, algunos muy lamentables, como el asesinato del candidato del PAN a la presidencia municipal de Valle Hermoso, Tamaulipas, José Mario Guajardo.

Mención aparte merece la aprehensión del candidato a gobernador de Quintana Roo, Gregorio Sánchez. Si bien, en la lógica política sea difícil de entender, la justicia no obedece a calendarios electorales o cálculos políticos. Si es el caso de contar con elementos jurídicos para ejecutar una orden de aprehensión, los titulares de los órganos de autoridad incurrirían en responsabilidad penal si fueran omisos.

La presunción de inocencia es un aspecto problemático no sólo del sistema jurídico mexicano, sino también de la cultura política y jurídica nacional. Para muchos es suficiente la acusación o la aprehensión misma para concluir sobre la responsabilidad del inculpado. Al respecto, hace unas semanas la ONU sugirió a las autoridades mexicanas no difundir imágenes de presuntos delincuentes detenidos, precisamente, por la presunción de inocencia.

El sistema constitucional mexicano ha resuelto la suspensión de derechos políticos una vez que el juez dicta el auto de formal prisión contra el inculpado. Es un matiz importante, pues la restricción al derecho de ser votado ocurre cuando ha intervenido la autoridad judicial. Sin embargo, aún así el tema no deja de ser polémico, ya que tal determinación judicial no es condena, simplemente que se tienen los elementos para iniciar el juicio penal. Además, en el caso de la declaración de procedencia que realiza la Cámara de Diputados para ciertos funcionarios, con todo el espectáculo que le acompaña y el evidente daño que pudiera ocasionar al servidor público en tal proceso parlamentario, sucede antes de que un juez declare la presunta responsabilidad. Sí hay una agenda de ajustes legales para garantizar certeza de derechos, protección jurídica a candidatos y servidores públicos y cumplimiento con la justicia.

Es muy probable, por la gravedad del caso y como se infiere de las palabras del Presidente Calderón, que las autoridades hayan procedido a la detención a partir de la convicción plena sobre la fuerza de las pruebas que condujeron a la detención del candidato Sánchez, las que, al decir de las mismas autoridades federales, sus elementos fueron compartidos con los dirigentes del PRD desde el mes de enero, para que fueran considerados con oportunidad y previo al proceso de selección de candidatos. También está el hecho de que la detención no ocurrió antes por la defensa legal que interpuso el candidato ahora detenido.

Temas de la agenda nacional como ha sido la violencia relacionada con el crimen organizado, la desaparición del ex candidato presidencial, Diego Fernández de Cevallos o la muerte de la pequeña Paulette Gebara, no deben ser herramental en la búsqueda de una ventaja electoral o con el calculado propósito de dañar a un adversario político. La guerra también tiene reglas, un piso elemental que debiera disuadir a los líderes políticos de medrar con tragedias humanas que merecen mayor mesura y cuidado.

Quedan cinco semanas de campañas. Es explicable el esfuerzo de los dirigentes de los partidos nacionales para optimizar el estrecho espacio del tiempo y de lo que puede representar su intervención en comicios que se resuelven en el ámbito local. También es entendible la determinación de los dirigentes de retener sus territorios y hacer realidad sus expectativas de triunfo. Sin embargo, no es deseable la polarización de la política nacional y que los temas que habrán de resolverse en los estados, sirvan para obstruir el entendimiento y la colaboración entre las fuerzas políticas. Todavía peor, que esto pudiera afectar la relación del gobierno federal con los estatales y municipales.

Las elecciones son la disputa por el poder. Les acompaña la pasión y el anhelo de candidatos, partidos y ciudadanos, por ello los encuentros y desencuentros son lo común. Hay quienes las viven eternamente y, por ello, invariablemente las padecen. Lo más razonable es asumir su temporalidad. Al menos para los partidos y los proyectos políticos sustantivos, no hay derrotas o victorias perennes; también hay más vida y más por qué pelear y defender, que lo que está de por medio en el reducido espacio en el que se desenvuelve la lucha electoral por el poder.

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