Las candidaturas comunes en el Estado de México


Liébano Sáenz

Ha sido excesiva la polémica sobre la determinación del Congreso del Estado de México de eliminar la figura de las candidaturas comunes, para obligar a los partidos a suscribir coaliciones en caso de que decidan participar en alianzas. El PAN y el PRD han emprendido una campaña que ha cobrado fuerza en algunos sectores de la opinión. Es explicable lo que hacen los partidos opositores al PRI: en el Estado de México se jugará una elección crucial para el 2012. Desde el punto de vista de la estrategia electoral pura, se entiende lo que hacen los opositores al PRI. Sin embargo, la determinación del Congreso mexiquense exige una análisis más profundo y más amplio.

Después de la elección presidencial de 1988, el PRI y el PAN acordaron eliminar las candidaturas comunes y crear la figura de la coalición. Los argumentos de ese entonces se sostienen hoy, también las motivaciones de la reforma. El hecho es que una candidatura común contiene una enorme ambigüedad sobre los términos del mandato de quien pretende gobernar. A mayor la distancia ideológica entre los partidos asociados, mayor la incompatibilidad. Por ejemplo: un partido se pronuncia por despenalizar el aborto, otro, por lo contrario. ¿Y entonces qué está votando el ciudadano?

En el caso, el PAN y el PRD son, como en muchas regiones, partidos opuestos. En el Estado de México, a diferencia de Oaxaca y Puebla, la alternancia por sí misma no es objetivo, pues ahí no hay rechazo al gobernante actual y por tanto, lo que debiera imperar en la contienda, es la propuesta. Si algunos partidos quieran establecer un acuerdo o alianza electoral, es absolutamente posible, pero es preciso que los partidos aliados resuelvan la plataforma electoral con la formalidad necesaria para así dar claridad a la oferta política en beneficio de los gobernados. La reforma constitucional en el Estado de México no elimina las coaliciones, simplemente obliga a que los partidos sean claros ante el electorado. Actualmente, en el país, hay 22 estados que tienen idéntico esquema para aceptar las coaliciones, entre estos, Guanajuato y Chipas.

Se ha señalado que es un error de cálculo del PRI mexiquense haber apoyado tal propuesta. Se dice que las coaliciones tienen como efecto unificar a los partidos. Más aún, se presenta el caso de Oaxaca en la elección pasada como un ejemplo del efecto unificador que implica el acuerdo de coalición. Independientemente de la razón que pudo haber animado al PRI para votar por la eliminación de las candidaturas comunes, lo que debiera tomarse en cuenta para el caso del Estado de México, es que la elección de Gobernador no es concurrente con la de los ayuntamientos, lo que implica, por sí mismo, una diferencia suficiente para no llegar a precipitadas y erróneas conclusiones.

En el debate hay una contradicción elemental en el ataque del que ha sido objeto del gobernador del Estado de México. Por una parte, se dice que su único sustento es una campaña mediática, incluso se ha llegado a vulgarizar el argumento de que no hay propuesta; según esto, se trata de un político sin resultados. Por la otra, existe el reclamo de que operó para que el Congreso pudiera aprobar una reforma que fortalecería, eso dicen ellos, su posición con miras a la elección federal de 2012. Los dos argumentos se invalidan, son incompatibles. En realidad de lo que se trata es de un político eficaz, que ha logrado que su partido alcance una situación de dominio político en el Congreso y en los ayuntamientos, así como el entendimiento que guarda con la diversidad de partidos, como lo muestra que la reforma haya sido suscrita por cinco organizaciones políticas

Tampoco es razonable repudiar el que un actor político busque minimizar riesgos y optimizar su posición personal, de grupo o de partido; de hecho esa es la esencia de la política y del político. En la reforma en cuestión hay un piso ético y hay un argumento válido que no se pueden desdeñar: el interés del ciudadano y la obligación de los partidos y los candidatos de exponer con claridad su oferta política a los electores.

Algunos dirigentes se han desgarrado las vestiduras por la reforma. Eso no debe sorprender a nadie, tal actitud viene de activistas profesionales, interesados y conocedores de las elecciones y de su respectivo proyecto partidista. Los priistas en cambio, hacen un cálculo muy lineal y basado en la experiencia. Las alianzas les plantean un riesgo no por los votos o las razones políticas derivadas de la asociación entre partidos, sino porque esto ha revelado una eventual amenaza de parcialidad presidencial de cara a los comicios de 2011 y 2012. En el PRI hay razones fundadas para evitar que les suceda lo mismo que al candidato de la izquierda en 2006.

Con las alianzas, el país ha tenido un desplazamiento hacia la polarización. La desconfianza entre el gobierno federal y el partido con mayor presencia en los gobiernos locales y en la Cámara de Diputados, se ha incrementado de manera riesgosa no sólo para la administración, sino para la colaboración entre poderes y órdenes de gobierno. Lo que preocupa en el PRI no son las alianzas, sino la postura que adopte el Presidente y el gobierno de cara a la disputa electoral.

Derivado de la conducta política y el discurso presidencial, es inevitable que el PRI transite hacia la radicalización, es cuestión de supervivencia. En el PRI la línea del chantaje, del quid pro quo, del intercambio de favores, quedó superada precisamente por la amenaza que se cierne sobre el partido. En este sentido, la actitud del PRI mexiquense y de sus aliados, es efecto de lo que está ocurriendo en el nivel nacional. El PAN es quien ha centrado como objetivo dañar a Peña Nieto, hoy por hoy, el prospecto presidencial con mayores posibilidades de ganar; los panistas están en lo suyo, sin embargo, esto sí define la prioridad de su proyecto, la contienda del 2012 por encima de lo que sea, incluso, de su responsabilidad como partido a cargo del gobierno nacional. El PRI poco o nada tendría que reprochar, la cuestión es si esto ocurre como parte de la dinámica partidaria, o si es promovida y orquestada desde la cúpula gubernamental.

La elección del Estado de México se resolverá en la dinámica local. Aquí hemos dicho, el mejor plano para un resultado favorable al PRI es que se vuelva una forma de referéndum sobre el futuro político del gobernador Peña Nieto. El PAN y el PRD están haciendo todo para que así sea.

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