¿Quién ganó en Guerrero?


Liébano Sáenz

En Guerrero ganó quien apareció en la boleta, Ángel Heladio Aguirre y la coalición integrada por el PRD, Convergencia y PT. Muchos se cuelgan de la victoria, es normal, como también lo es remitir la derrota a contendientes imaginarios. En todo caso, lo importante es si Guerrero ganó y si las elecciones representan un avance en la vida política del Estado y del país. Para lo primero, sólo el tiempo habrá de decirlo y, en lo segundo, la elección poco tiene de ejemplar.

Afortunadamente hay cifras que permiten dar una interpretación de lo que ocurrió en Guerrero. Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), realizó cuatro encuestas de vivienda (6 de octubre, 5 diciembre, 10 y 26 de enero), así como la encuesta de seguimiento telefónico con 30 mediciones sistemáticas y con preguntas de coyuntura para medir el impacto de eventos durante la campaña. El estudio de los números dan espacio a una reflexión más rigurosa sobre estos comicios.

En primer término, hay que destacar que desde un principio, el candidato Ángel Aguirre tenía ventaja sobre el candidato Manuel Añorve, un margen muy estrecho en cuanto a intenciones del voto pero significativo en términos de imagen. Los dos principales candidatos tenían un buen nivel de conocimiento del electorado y la elección de la ciudad de Acapulco se volvía fundamental. Para ganar había que reunir 200 mil votos y el candidato triunfador obtuvo dicha cifra. GCE también estimó una participación de 1’293,173 votos; esto es 54.5% de la lista nominal. En los hechos, con el 99.6% de casillas computadas del PREP, votaron poco más de 1’225,000 ciudadanos.

Vale la pena destacar que en la competencia de partidos, inicialmente el PRI superaba al PRD y quienes querían la alternancia aventajaban en 20% a quienes se pronunciaban por la continuidad. Dichas diferencias se disolvieron a lo largo de la campaña. En vísperas de la elección no sólo desapareció la ventaja de quienes deseaban la alternancia, sino que ya para entonces los electores no identificaban quién era el candidato de la continuidad y quién el del cambio.

Los primeros 10 días de diciembre fueron los mejores para el candidato Manuel Añorve. Superó ligeramente al candidato Aguirre, sobre todo porque consiguió reducir los votos de priístas dispuestos a apoyar al candidato contrario. El tema de la construcción del proyecto hidroeléctrico “La Parota” estaba en el centro del debate y esto pudo impactar a los indecisos. Para el 10 de enero, Aguirre había recuperado cinco puntos de ventaja y reforzaba su competitividad en la ciudad de Acapulco. La noticia sobre la brutal golpiza al representante del PRD en el órgano electoral local estaba en el centro de la atención y afectó la campaña del PRI, lo mismo que la ejecución de 26 personas en Acapulco.

Por cierto, la medición de preferencias de candidatos presidenciales arroja resultados que matizarían el sentimiento de posesión de plaza que invade a algunos de los actores. Una encuesta de seguimiento tipo “tracking”, realizada el 6 de enero en Guerrero, reportó los siguientes resultados: Santiago Creel, 5.3%; Enrique Peña 51.2%; Marcelo Ebrard 14.0%; Andrés Manuel López Obrador 13.8%.

La violencia verbal para hacer de la polarización recurso estratégico de campaña, según lo reconoce ahora Marcelo Ebrard, haciendo eco de lo promovido por el PAN en la elección de 2006, derivó en un muy lamentable espectáculo de tierra y lodo. La medición en vivienda de GCE, efectuada el 26 de enero, registró una ventaja de 10 puntos a favor del candidato Aguirre. El avance en el municipio de Acapulco se había consolidado y era difícil revertir una diferencia de tal magnitud en los días restantes de la campaña.

En la última semana, el candidato del PAN declinó a favor de quien ya tenía una clara ventaja, llevando al CEN del PAN a sumarse a una victoria ajena. Los vítores perredistas hacia César Nava en la noche de la elección así lo demuestran. Aún más, el hecho de que, durante el periodo de silencio, un diario de circulación nacional divulgara un documento, sin valor probatorio y sujeto a secreto por la PGR, que sugería la existencia de financiamiento del crimen organizado en la campaña de Añorve constituye un acto de rudeza innecesaria. La filtración del documento se añade a los expedientes de interferencia indebida del gobierno federal en una elección de gobernador. Considerando su trayectoria y lo ocurrido en 2006, el PRD debería repudiar tales recursos, en lugar de arroparlos.

GCE declinó la invitación de Milenio para levantar una encuesta de salida y conteo rápido en la elección de gobernador de Guerrero debido a que las condiciones de inseguridad exponían a los encuestadores de campo y a que el miedo de la población a expresar con veracidad el sentido de su voto no garantizaba resultados confiables, tal como nos sucedió en la elección de Mérida. Asimismo, el IEE de Guerrero exigió una fianza de más de medio millón de pesos, condición inaceptable para GCE.

Según ha trascendido, las encuestas de salida no fueron muy precisas. Las que presentó el PRD al final de la elección subestimaron entre 5 y 7 puntos porcentuales la votación obtenida, y esta misma situación se presentó en las elecciones del pasado 4 de julio. En nuestro caso la medición “tracking” y la última encuesta en vivienda fueron muy precisas pero estimamos que, de haber realizado encuestas de salida utilizando las técnicas convencionales de levantamiento, cálculo y proyección de resultados, nos hubiera ocurrido lo que a otras casas encuestadoras.

El público exige y espera que los medios de comunicación aporten información oportuna y confiable sobre el desenlace de la elección. A nadie conviene que los candidatos discutan resultados al cierre de los comicios en los que la diferencia es mayor a dos dígitos. La industria dedicada a la demoscopia electoral está llamada a encarar con honestidad y franqueza el problema, y conviene ampliar el espectro del análisis más allá de la estadística. Algo acontece con una proporción importante de electores que no están dispuestos a compartir el sentido de su preferencia, y no podemos ignorar este hecho.

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