Moraleja 2011… elecciones y lecciones


Liébano Sáenz

En lo que resta de 2011, habrá elecciones de gobernador en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Michoacán; así como de ayuntamientos en Hidalgo. Se ha especulado que Guerrero y Baja California Sur son extrapolación en elecciones sucesivas; sin embargo, no conforman tendencia sobre el resto de las entidades debido a la singularidad de su entorno. El mito sobre la movilización electoral territorial ha sido desmentido por los niveles de participación de electores no vinculados a los partidos; y, como ha acontecido en otras elecciones en las que ha habido alternancia, los ciudadanos no afiliados son los verdaderos protagonistas del desenlace.

Los resultados en Guerrero y Baja California Sur, así como los de los estados donde hubo alternancia: Zacatecas, Aguascalientes, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca y Sinaloa, se explican por los candidatos, no por los partidos o por las alianzas que pudieron ser conformadas. De hecho, en Guerrero no hubo alianza, además la declinación del candidato del PAN fue insignificante para el triunfo de Ángel Aguirre. En Baja California Sur, el candidato ganador, postulado por el PAN, era un militante del PRD. Si hay algo en común en ambos procesos es que los partidos que ganaron lo hicieron con candidatos reclutados en la acera de enfrente.

Así las cosas, el Estado de México y Coahuila representan una realidad y un entorno distintos. Todos los casos recientes en los que ha perdido el partido gobernante ha habido una negativa imagen del gobierno local en turno, así como la fragmentación del partido en el poder. Con la única excepción de Baja California Sur, el triunfo del opositor es abanderado por un candidato que proviene del PRI. La fragmentación del voto priísta y la adhesión de una parte de éste a favor del PRD, o de la alianza, ha sido factor fundamental para la derrota del PRI; sin embargo, esta situación no habrá de presentarse ni en el Estado de México ni en Coahuila.

En el Estado de México, se han perfilado como candidatos del PAN: el senador Ulises Ramírez y, muy destacadamente, Luis Felipe Bravo Mena. Por el PRD, la senadora Yeidkol Polensky y Alejandro Encinas. Todos ellos son candidatos de partido, es decir, su trayectoria tiene como referencia al instituto político que los postularía. Ninguno tiene capacidad para dividir o para atraer parte del voto del PRI. Además, el perfil personal de cada uno de estos políticos, dificulta considerablemente la construcción de una alianza opositora que sume los votos del partido declinante. Los estudios de preferencias electorales y fuerza social de los partidos muestran que la segunda opción de los perredistas y de los panistas es el PRI. Además, como efecto de la buena percepción hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto, el elector independiente e indeciso tiene propensión a favor del PRI. El hecho de que la oposición haya convertido la elección en una forma de referéndum sobre el proyecto futuro del gobernador Peña Nieto define un plano de decisión muy favorable para el PRI y para su candidato.

En Coahuila, en las dos pasadas elecciones, los candidatos del PAN para gobernador, Juan Antonio García Villa y Jorge Zermeño, también fueron apoyados por el PRD, pero eso no impidió que el triunfo del PRI, con Enrique Martínez y Humberto Moreira, fuera amplio. Para esta elección, nada aporta, ni siquiera novedad, la alianza opositora formada por el PAN y por el PRD para postular al senador Guillermo Anaya. Nuevamente, la positiva evaluación del gobierno de Humberto Moreira, la unidad del partido y el ascendiente del candidato anticipan un resultado favorable para el Revolucionario Institucional.

En Nayarit, las alianzas opositoras y la alternancia se produjeron hace doce años, y los candidatos que pueden ser postulados por el PRD y por el PAN, hoy no tienen la capacidad para dividir el voto del PRI.

Michoacán es una de las elecciones más interesantes de este año, además de ser la última previa a los comicios federales de 2012. Los tres partidos están en plena competencia. La posibilidad de la alternancia es cada vez más clara como resultado de la mala imagen del actual gobierno perredista y de la ausencia de una figura que cohesione al PRD y sume a los ciudadanos independientes. Por su parte, el PAN cuenta con una diversa cantera de cuadros y tiene a su favor el fuerte respaldo de los michoacanos hacia el presidente Calderón, originario de dicha entidad. Allí, el PRI vive su mejor momento desde hace mucho tiempo y además, el presidente municipal de Morelia, Fausto Vallejo, tiene un nivel de aceptación muy favorable en la ciudad capital y en todo el Estado.

Más allá del resultado, es importante que las campañas y los comicios se deslinden de lo acontecido en Guerrero, donde la polarización, las campañas negras en extremo, la violencia verbal y física, y una declinación panista de última hora marcaron un retroceso. Falta un mayor sentido de urbanidad en la competencia política. La cuestión se agrava cuando algunos funcionarios, como ocurrió en Guerrero con el Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, transforman comicios ajenos en un ejercicio de fuerza para ganar la candidatura presidencial de su partido. Debe reiterarse que las elecciones atañen a candidatos y a partidos, no a gobiernos.

La nutrida participación patentizada en las elecciones recientes es un rasgo que debería obligar a partidos, autoridades y candidatos a desplegar un mayor sentido de responsabilidad y de compromiso. En todos los procesos recientes, el número de ciudadanos que concurrieron a las urnas se ha incrementado y, pese a las múltiples dificultades y al deterioro generalizado de la esperanza, los electores no pierden la convicción sobre el valor y la utilidad de su voto.

Para las elecciones próximas es necesario tomar en serio la voluntad ciudadana. La pasión propia de los comicios debe ser encauzada con propuestas inteligentes, razonables y realizables. Los partidos están llamados a recuperar la confianza en sí mismos y en sus cuadros; y a dejar a un lado la demagogia y la manipulación clientelar de estructuras que mucho cuestan, poco aportan y pervierten la relación del partido y del candidato con su base electoral. Confiar en la inteligencia del ciudadano se ha convertido hoy en la clave elemental.

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