Un debate, tres estrategias


Liébano Sáenz

El encuentro del pasado miércoles entre los candidatos a la gubernatura del Edomex reflejó las tácticas diferenciadas de cada uno. Los tres hicieron lo que les correspondía y los tres lo hicieron bien. No hubo ganadores o perdedores, cada uno logró sus objetivos. En este sentido, tengo la impresión de que el mayor avance lo consiguió el panista como resultado su relanzamiento.

El reciente debate entre los candidatos a gobernar el Estado de México confirmó que en el proceso electoral de la entidad participa un trío de políticos ejemplares por su calidad profesional y por su representatividad. Nadie puede argüir un engaño. Luis Felipe Bravo Mena, Eruviel Ávila y Alejandro Encinas son tres opciones que encarnan genuinamente a las fuerzas políticas que los respaldan. El debate del miércoles correspondió a la calidad política que siempre ha caracterizado a la entidad que, además de ser la más poblada del país, registra el crecimiento más acelerado. El Estado de México es una de esas excepciones donde los tres partidos más importantes concurren en condiciones de competitividad; de ahí que sea considerado un caso ilustrativo de lo que puede acontecer en 2012.

La equidad ha sido uno de los propósitos de la reforma electoral desde 1996. Mucho se ha avanzado en este terreno aunque resulte inevitable su confrontación con el tema de las libertades políticas. La polémica sobre el acceso desigual a la radio y tv condujo a una reforma en 2007, que no solamente fue incapaz de resolver el desequilibrio, sino que dificulta de manera importante el acceso a los medios electrónicos, un recurso que se torna crítico en campañas breves. Falsa salida es el espotismo. El encuentro de candidatos en los medios es una respuesta encomiable y su realización en el Estado de México representa un sano precedente en un momento crucial de las campañas. Cabe resaltar, por cierto, la meritoria, sobria e inteligente conducción de Carlos Puig.

Más que una realidad, la equidad es una aspiración. Es inevitable que los partidos o candidatos estén en una posición distinta al inicio o durante el desarrollo de las campañas. En el caso de las elecciones de gobernador, es revelador lo que ha ocurrido en otras entidades, que el resultado final esté asociado al nivel de aprobación que reportan los mandatarios en funciones. En las elecciones de 2009 y 2010 pudimos aprender que la intención de voto por preferencia de candidato o partido es más imprecisa que la intención de continuidad o alternancia que definieron los electores antes de los comicios. Ante una voluntad amplia de alternancia generada por un gobierno mal calificado, un candidato de oposición único tendría y tuvo significativas ventajas respecto a su adversario, no obstante los privilegios y condiciones derivados de ser el candidato del partido en el poder.

El debate del pasado miércoles reflejó las estrategias diferenciadas de cada uno de los candidatos. Debo señalar que es difícil que este tipo de encuentros definan la elección, sobre todo cuando existen grandes disparidades entre las variables que determinan la intención del voto. Aunque los espectadores y los candidatos en desventaja anhelan el knockout, es improbable que éste se presente, y si ocurre será debido a los errores propios más que a las virtudes del contendiente.

Los tres candidatos hicieron lo que les correspondía, y los tres lo hicieron bien. No coincido con quienes advierten ganadores o perdedores; cada uno logró sus objetivos. En este sentido, tengo la impresión de que el mayor avance lo consiguió el candidato del PAN, Bravo Mena, como resultado de la corrección estratégica derivada de su relanzamiento. Para Bravo Mena, ubicado en tercer lugar, el reto era doble, pues debía acreditar su condición de opositor confiable y, a la vez, establecer una diferencia con respecto al candidato de la izquierda.

Aunque a destiempo, el llamado relanzamiento de Bravo Mena sí está dando resultado en un aspecto. La bolsa de votos opositores de potenciales e indecisos, empujados por el ánimo de alternancia, no es mayor de 40 por ciento. El inicio de campaña favoreció al candidato de la izquierda, mientras que el aspirante del PAN pagó el error estratégico de no marcar una diferenciación con Encinas, pues el crecimiento del perredista es atribuible fundamentalmente a los electores con inclinación hacia Acción Nacional. Caro ha pagado que el CEN lo haya hecho correr a su suerte con una inexplicable ausencia de su dirigente nacional. A dos semanas de campaña, entre los dos opositores, había un virtual empate en el valle de Toluca y en el poniente de la zona conurbada del valle de México. Resultaba imprescindible realizar la corrección estratégica y patentizar, en el discurso, la identidad de Encinas como asociado al SME y al proyecto de López Obrador.

En las elecciones cuentan los resultados, por encima de las razones o de la nobleza de las causas. Y hoy, las novedades son las siguientes: Bravo Mena ha revertido la tendencia hacia el deterioro que lo pudo haber reducido a 10 por ciento de las preferencias, y existen signos evidentes de recuperación en las zonas de voto histórico panista. Sin embargo, en un marco de campañas breves, con acceso restringido a los medios electrónicos que todos los partidos aprobaron, sea por error o por ignorancia, le resultará sumamente difícil alcanzar el segundo puesto y, más aún, disputar la holgada mayoría que actualmente tiene el candidato del PRI.

Alejandro Encinas también ha cumplido varios de sus propósitos; entre ellos, el reposicionamiento de la izquierda e, implícitamente, el de su líder moral, Andrés Manuel López Obrador. No es objetivo menor ganar el segundo lugar si se considera la perspectiva de convertir la campaña presidencial en una contienda entre los candidatos del PRI y de la izquierda. La consistencia en el discurso y en la operación política que distanció a Encinas del aliancismo de Ebrard y su grupo reditúa ventajas que, de otra manera, no se hubieran obtenido. Ha quedado claro que, por la proporción de las diferencias, por la cohesión del PRI en la entidad y por la dificultad de trasladar todos los votos del PAN hacia un candidato de izquierda o viceversa, una candidatura única lejos de favorecer el triunfo en la elección habría desdibujado la izquierda.

Para Eruviel Ávila, el objetivo es mantener la ventaja frente a sus dos competidores. Fue postulado por el PRI con el objetivo de generar una opción política nueva, con fundamento en su trayectoria política en la entidad y con referencia territorial a la zona conurbada del valle de México, especialmente al norte y oriente, donde se ubica la población más numerosa y la más volátil en preferencias. El PRI ha adoptado sus decisiones críticas con claridad estratégica. A menos de veinte días de campaña, los números de MILENIO y GCE (a disposición del público) revelan el acierto y la disciplina del PRI mexiquense.

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