Cuenta regresiva en el Estado de México


Liébano Sáenz

El seguimiento mediático a los comicios en el Estado de México sólo puede ser calificado como un precedente positivo. La estrechez de los periodos de campaña y la rigidez que la norma impone a los candidatos en el acceso a la radio y Tv, han sido atenuadas, en buena parte, por la cobertura que los medios dieron a las campañas. Prensa, radio y Tv se reivindican no solamente por su equidad, sino por su función de difundir, analizar y cuestionar los planteamientos de los tres contendientes. Y esta tarea es una referencia provechosa y una lección sobre el  tratamiento que la legislación, los órganos electorales y los políticos deben dispensar a los medios de comunicación.

En contrapunto, la normatividad vigente se mantiene bajo cuestión. Los mensajes promocionales en radio y Tv se vuelven irrelevantes porque no forman parte ni de la campaña ni del debate; los tiempos que median entre su producción y difusión representan tal despropósito que los equipos de los candidatos tuvieron que diseñar sus productos publicitarios de cierre de campaña cuando ésta no alcanzaba siquiera la mitad de su ciclo. Los encuentros que los contendientes tuvieron en forma de debate no pudieron ser replicados a través de la publicidad, pese a ser ésta una de las formas más eficaces para que el elector norme criterio sobre las opciones y proyectos en competencia. Así de absurda es la normatividad de la reforma de 2007.

Referencia particular merecen los estudios de opinión. Pocas veces se ha visto una virtual unanimidad en las encuestas de cierre. Milenio-GCE con su tracking diario, Reforma, El Universal y Excélsior-BGC coinciden en la medición de las intenciones de voto a poco más de diez días de la elección. Pese a la utilidad y conveniencia de que los medios y las casas encuestadoras intensifiquen su participación en el seguimiento de las elecciones, son preocupantes las normas restrictivas impuestas a estas tareas, en especial el hecho de que la publicación de encuestas esté prohibida y sancionada penalmente en los ocho días previos a la elección. La encuesta más precisa es la más próxima a la elección. Las legislaciones locales debieran homologarse con la federal, como la han hecho Coahuila y Chihuahua, a fin de que la fecha límite para publicar encuestas sea el miércoles previo a la elección, fecha del cierre de campañas.

Queda claro que las campañas realizadas por los candidatos no lograron modificar las tendencias iniciales de voto, lo que lleva a pensar en campañas insulsas e irrelevantes para el electorado, al menos la de quienes iniciaron en una posición ostensiblemente inferior. Desde mi perspectiva, los tres candidatos hicieron su mejor esfuerzo, considerando las normas existentes que restringen de manera trascendente la libertad y la creatividad, especialmente en un estado con alta densidad demográfica. El exiguo cambio en las intenciones de voto se explica por el alineamiento de las variables que determinan las preferencias, en particular, la evaluación del gobierno en funciones, que mucho influye en el ánimo de alternancia: 33%, más 16% de votantes indecisos, de acuerdo al tracking de GCE.

En estas condiciones, la “bolsa” de votos opositores se vuelve muy reducida para pretender un triunfo. El PAN y el PRD deben competir por aproximadamente cuatro de diez electores con inclinación a la alternancia. Además, el PRI, como partido gobernante, cuenta con un activo de más de 50% de los electores que desean su continuidad en el poder. Bajo estas consideraciones, era muy difícil, incluso en el supuesto de una alianza opositora, que el PRI perdiera su posición de ventaja. El hecho de que, en el curso de las campañas no cambiara el ánimo de no alternancia y se mantuviera la evaluación positiva del gobierno de Enrique Peña Nieto, es evidencia de la solidez del mandatario estatal frente a los mexiquenses, factor al que se suma el buen perfil de candidato a gobernador. Evaluación de gobierno, posición de partido y competitividad de candidato son los indicadores que explican la estabilidad de las preferencias del PRI y su ventaja a unos días del cierre de campañas.

La competencia entre tres opciones plantea casi siempre una dificultad mayor para la fuerza que se percibe más débil. El efecto es que resulte subrepresentada en los votos como sucedió con Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1994 y 2000, y con Roberto Madrazo, en 2006. Aunque hubo errores del PAN al inicio de la campaña de Bravo Mena, como fue el aparente desinterés de la direccion nacional en la campaña, la dificultad crucial se remite a la promoción hecha en dicho partido en torno a una alianza con el PRD bajo la candidatura de Alejandro Encinas. Antes de la elección, buena parte de la opinión pública aceptaba la idea de que Encinas era mejor candidato que Bravo Mena, y este hecho impactaría adversamente la campaña del PAN como se advierte en el elevado apoyo cosechado por el PRD en zonas tradicionalmente panistas.

Un aspecto muy positivo de las elecciones en el Estado de México fueron los debates formales e informales en los que participaron los candidatos; cuatro en menos de cuarenta días, además de la comparecencia de cada uno de ellos en los noticiarios televisivos de mayor cobertura en todas las cadenas. Los indicadores referentes al conocimiento de los candidatos muestran una evolución muy promisoria, y ello debe atribuirse a la tarea realizada por los medios de comunicación, independientemente de los esfuerzos publicitarios de las campañas.

El proceso electoral en la entidad anuncia un buen desenlace. Sin embargo, es deseable una participación electoral elevada; la mayoría de las estimaciones la ubican en más de 40%, debido a que no hay elecciones de ayuntamientos y a que el resultado parece ser predecible. Me inclino a pensar que será de un orden superior con base a la información de encuestas y a lo ocurrido en todos los comicios de gobernador anteriores, los cuales han registrado un incremento de la participación electoral respecto a la elección precedente. De cualquier forma, lo hecho por los candidatos, los partidos y los medios nos hace prever que el domingo 3 de julio, en el Estado de México, habrá una buena contienda electoral.  

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