La presidencia provisional: entre el temor y la tragedia


Liébano Sáenz

Sin duda una reforma de la mayor importancia es la previsión para el caso de ausencia del Presidente de la República. En el régimen actual nada existe para resolver quien debe quedar a cargo en ausencia del Presidente, digamos, sujeto a una intervención quirúrgica o por cualquier otra consideración. En México se eliminó la figura del vicepresidente y bajo el principio de que el poder Ejecutivo se deposita en una sola persona –el Presidente-; ese principio y el de la igualdad que existe en los miembros del gabinete, definen hoy que la ausencia del mandatario debe resolverse a través de un procedimiento legislativo a cargo de la Comisión Permanente o del Congreso. Esta solución toma tiempo y, por otra parte, puede ocurrir que no se llegue a un acuerdo mayoritario para tal designación; como muestra un botón, ahí tenemos el caso de los tres Consejeros Ciudadanos que sigue pendiente por falta de acuerdo entre los legisladores, no obstante que la Constitución les obliga a tal designación. Las leyes deben prever la realidad de la condición humana, incluso lo incierto de la conducta de los políticos.

La Constitución de 1857 estableció que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia tuviera la condición de sustituto. Así se resolvió la sucesión presidencial en varias ocasiones. Benito Juárez y José María Iglesias llegaron a la Primera Magistratura de esa manera. Esta solución fue desechada por querellas de grupo bajo la tesis de que significaba llevar la política a la Corte, en detrimento de su naturaleza y de su carácter de tribunal supremo de la Unión. Posteriormente, en 1882, se determinó la condición de sustituto al presidente del Senado o el de la comisión permanente, y en 1896 se dispuso que fuera el Secretario de Relaciones Exteriores y en ausencia de éste, el de Gobernación. En 1904 se instauró la Vicepresidencia y a falta de éste, el presidente provisional sería el Secretario de Relaciones Exteriores.

Francisco I. Madero en su libro La Sucesión Presidencial sugería, para facilitar el tránsito del país del cuadillismo porfirista a la democracia representativa, que en la elección venidera, Porfirio Díaz como candidato presidencial, se hiciera acompañar por un candidato a la vicepresidencia con el perfil adecuado para impulsar el proyecto reformador. Algunos en la élite consideraban que un buen prospecto sería el General Bernardo Reyes, ex gobernador de Nuevo León. En opinión del coahuilense, de esa forma se podría lograr un cambio gradual, sin rupturas y garantizando lo mejor del pasado y del presente. Madero ganó la Presidencia y ya en el poder, en medio de la impaciencia de los agraristas y la revuelta e intriga de los remanentes del viejo régimen, será ejecutado junto al vicepresidente, el tabasqueño José María Pino Suárez, previa renuncia de sus cargos. El Congreso designó a Pedro Lascuráin y éste, a su vez, a Victoriano Huerta, Secretario de Gobernación, quien llegó a ser Presidente por la vía de la Presidencia provisional, al amparo de una legalidad de bisutería.

La Constitución de 1917 eliminó la vicepresidencia, pero no dio solución a la presidencia provisional. Una forma de superstición inhibía, siquiera, discutir el tema, más en el periodo de exacerbado presidencialismo. Hablar de la falta o ausencia del Presidente significaba recrear el periodo más traumático y de extrema crueldad de la vida política del país, a la vez que se invovaba la falibilidad de quien dirigía al país. El Presidente era percibido por encima de toda consideración, de lo incierto, incluso de la fragilidad propia de la condición humana.

Ha tenido que transcurrir casi un siglo para abordar nuevamente la reforma al artículo 84 de la Constitución, para establecer una previsión obligada por el sentido común. En este tiempo se presentó la ausencia del Presidente electo a raíz del homicidio de Álvaro Obregón, evento trágico al que se le dio curso institucional y que llevó a la presidencia a Emilio Portes Gil, por designación del Congreso. En 1930 el Presidente Pascual Ortiz Rubio fue herido de bala, incidente que superaría. El país, afortunadamente, no se ha visto en la circunstancia crítica de ausencia definitiva del Presidente. Sin embargo, la previsión es necesaria.

Es un error que los diputados no hayan aprobado la reconducción presupuestal o el veto presidencial sobre el Presupuesto de Egresos. Inexplicable que la mayoría de la Cámara de Diputados no haya dado ese paso. La reelección consecutiva de legisladores amerita un debate más allá de los especialistas y de los políticos, en especial, porque la mayoría de los mexicanos no está de acuerdo con su reestablecimiento. Sin embargo, es muy encomiable que se haya dado, finalmente, una solución constitucional. Para el caso de ausencia del Presidente de la República, se optó por quien ocupe la Secretaría de Gobernación. También fue un acierto el candado establecido de que quien ocupe en tal condición la Presidencia, no pueda volver a ejercer el mandato presidencial. Además, es positivo establecer el término de 60 días como límite para la designación por el Congreso del presidente interino (cuando la falta ocurre en los dos primeros años de la gestión, situación en la que deberá haber una nueva elección) o del presidente sustituto (cuando ocurre con posterioridad a dos años de ejercicio y que debe concluir el mandato).

La figura del Presidente provisional es una solución para un caso extremo. Se trata de que el gobierno y el país no queden sin dirección por falta del Presidente y aunque el Congreso preserva la atribución de designar Presidente interino o sustituto, el Secretario de Gobernación adquiere la condición virtual de Vicepresidente, por lo que deberán aplicarse todas las previsiones derivadas de la protección del Jefe de Estado, como es la protección por el Estado Mayor Presidencial.

Algunos senadores han señalado que no aceptarán que la Cámara revisora no apruebe la totalidad de la minuta de la reforma política enviada por ellos. Esto, además de mezquindad es un burdo chantaje. Hay temas, insito, que merecen una atención impostergable. Resolver el tema de la presidencia provisional es obligado.

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