Inician campañas con reglas disfuncionales


Liébano Sáenz

Las definiciones legales difícilmente pueden imponerse sobre las del sentido común, aquellas que la realidad produce, que son justas y que la gente reconoce. Los legisladores y las autoridades electorales han pretendido diferenciar los tiempos de campaña y los de precampaña; está bien, pero lo que no puede suceder es que la precampaña no se transforme, de una o de otra forma, en parte de la campaña que realizan los aspirantes para ganar el voto, el primer domingo de julio. El IFE y el Tribunal se han entrampado por causa de la legislación. Las precampañas han iniciado en medio de un debate absurdo y con soluciones bufas como es intentar hacer de los promocionales públicos del PAN en radio y televisión, tema exclusivo de los miembros de ese partido con un mensaje de advertencia de que lo que escuchamos o vemos todos, sólo está dirigido a 2% del auditorio.

Las campañas ya iniciaron, aunque la definición formal de los candidatos esté pendiente, al igual que las actividades que la ley establece como propias del proselitismo formal para ganar el voto. En ninguna parte del mundo democrático el concepto de precampaña es de formalidad temporal y de asignación de recursos públicos, sino de proceso, de los actos conducentes a la definición de candidatos. La ley debió establecer normas para que las precampañas fueran competencias democráticas, no para la asignación de prerrogativas y definición sumaria de prohibiciones. La realidad para el PRD y el PRI es que los partidos y sus alianzas resolvieron sus candidatos presidenciales, pero la ley y los órganos electorales los ponen en seria desventaja porque no sólo no los proveen de los mismos elementos que sus competidores en precampaña, sino que les imponen serias restricciones. La regulación de precampañas no promovió la democracia interna y sí propició la inequidad y la simulación legalizadas.

Los candidatos presidenciales del PRD y PRI, López Obrador y Peña Nieto ganaron de manera legítima su condición: en el primer caso, por el procedimiento de encuesta y el reconocimiento de quien no fue favorecido por el resultado; con el mexiquense, por la preferencia ampliamente favorable, según evidenciaron todos los estudios de opinión, respecto a cualquier otro competidor dentro de su partido. La declinación a participar del senador Beltrones fue la ratificación de una percepción generalizada sobre la viabilidad indiscutible de la candidatura del ex gobernador del Estado de México, con base en el apoyo abrumador al interior y exterior del PRI.

Los números de las preferencias previos al inicio de contienda difícilmente se mantendrán en las mismas condiciones. De hecho, a partir de mediados de septiembre, los estudios de opinión registran cambios, aunque graduales en la intención de voto. Son muchos los aspectos que se combinan para tales efectos: la publicidad gubernamental ha hecho que se atenúe ligeramente el deseo de alternancia, el arribo de López Obrador a la candidatura en medio del apoyo de Marcelo Ebrard, el relevo en la dirección nacional del PRI, los comicios de Michoacán, el activismo en la red contra Enrique Peña, etcétera. Las precampañas del PAN también han tenido un importante impacto. Mejora la intención de voto, dentro y fuera del PAN por Josefina Vázquez Mota y hay un avance en la opinión favorable de dicho partido. El precandidato Ernesto Cordero aumenta palmariamente en conocimiento, no así en intención de voto.

Los cambios en la opinión que los electores tienen de los precandidatos y candidatos virtuales y en las intenciones de voto resultan del inicio de la competencia. Las diferencias deben verse en términos del esfuerzo que cada cual emprende en el espacio abierto  o restringido que la ley permite. Es natural que quien más pierda sea quien más tenga, como es el caso de Enrique Peña Nieto; quienes más avanzan son quienes partieron de una base baja; no es el caso de todos, sí el de López Obrador y Josefina Vázquez Mota. Al momento se sostiene el mismo orden: Peña Nieto con una clara ventaja; la diputada Vázquez Mota en un segundo sitio y en tercero, Andrés Manuel López Obrador, con una tendencia estable a partir de la primera semana de diciembre, una vez que concluyó el rebote del buen manejo del PRD sobre su candidatura.

Uno de los temas de impacto para el futuro reciente serán las definiciones de los candidatos a gobernador y Jefe de Gobierno, así como las de candidatos a Senadores y Diputados. Es difícil que los cambios se hagan evidentes en el corto plazo, pero sí tendrán impacto conforme inicien las campañas. Los partidos deberán transitar este proceso con éxito: candidatos competitivos y que mantengan su unidad. El ruido de los inconformes puede tener efecto en la imagen del partido y repercutir al candidato presidencial, como también lo que aporten sí son los idóneos y si se preserva la cohesión partidaria.

El terreno de la contienda es, fundamentalmente, el de la comunicación política. Por ello es sumamente grave que la ley establezca restricciones a la libertad de expresión y asociación de algunos de los candidatos, además de un acceso desigual a los medios de comunicación más influyentes como son la radio y la tv. Sin embargo, la capacidad y habilidad de los contendientes pueden significar mucho, especialmente, para enviar un mensaje que sea de interés a los medios y que conecte con el electorado. López Obrador y Peña Nieto tienen frente a sí el desafío de realizar su proselitismo en condiciones singularmente adversas y desiguales, sin embargo, la atención a las regiones les plantea una importante oportunidad.

Por su parte, con acierto, el PAN ha propiciado que la actividad de los precandidatos privilegie al debate. Lamentablemente, se les ha impuesto la restricción de su difusión, la que ha tenido lugar exclusivamente a través de la red; un disparate más de las normas electorales y sus exégetas oficiales contra el sentido común y lo más valioso de la democracia: la confrontación de ideas, personalidad y propuestas. La realidad es que los medios han dado cuenta de manera equilibrada y objetiva a los encuentros de los precandidatos, además de un interés público amplio de seguimiento en tiempo real a través del Internet.

Las campañas han iniciado. Los medios se convalidan en su responsabilidad y función; las reglas que nos impusieron se muestran disfuncionales de los procesos democráticos y de las libertades políticas.

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