Signos alentadores de 2012


Liébano Sáenz

2012 tiene un buen inicio, al menos en el terreno político. Los partidos y sus potenciales o virtuales candidatos continúan su proselitismo con libertad y encomiable sentido de responsabilidad, moderación y tolerancia. Bastaría con remontarnos seis años atrás para advertir la diferencia. Con toda razón lo señalaba Federico Berrueto: “todo parece que 2012 será mejor que 2006”. Es explicable la exigencia de la opinión pública sobre los partidos y los candidatos pero lo positivo debe prevalecer por encima de lo políticamente correcto.

Sin embargo, apuntaría algunos aspectos que son preocupantes y que es preciso identificar. Por una parte, el desgaste de las instituciones electorales causado por una mala legislación, está a la vista: el IFE está sujeto a muchas presiones en virtud del cambio legal de 2007. Del otro lado del escenario, hay cientos de miles de ciudadanos impedidos de votar   por no haber realizado el trámite administrativo para actualizar su  credencial de elector de acuerdo con lo establecido en la Constitución. La solución no debe darse a costa de la ley, como lo solicitó la Comisión Permanente al IFE. Los afectados tendrán que recurrir a la instancia judicial y sería recomendable que el Tribunal instaurara una ventanilla de trámite expedito para desahogar una controversia que a todas luces favorezca al  ciudadano, la democracia y la participación política. Es preciso  explorar la vía judicial con el propósito de revertir a través de una declaración general el impedimento para que los ciudadanos ejerzan su derecho al voto.

Fue una sorpresa la inclinación del PAN en el DF por Isabel Miranda de Wallace como candidata de unidad para la jefatura de gobierno del DF. Con la designación, gana el PAN y gana la señora Wallace, aunque el beneficio es mayor para el primero. Las campañas demandan disciplina, y los partidos son referente doctrinario y programático, no un simple membrete al servicio del candidato; la señora Wallace enfrentará el reto de conciliar su causa personal con la razón de ser del partido que la postula. Su perfil, al igual que el del licenciado Miguel Ángel Mancera, posible candidato del PRD, anuncian la mayor relevancia para el tema de la inseguridad.

En el romántico entorno de la lucha social y cívica no resulta grato  atestiguar el tránsito de los líderes a la condición de candidatos en la búsqueda de poder. Los políticos tradicionales tampoco son  muy afectos a esta conversión; sin embargo, no deja de ser positivo que esto suceda. De hecho, lo mismo puede decirse del Miguel Ángel Mancera, cuyo deslinde partidista le da un cariz muy interesante a la contienda en el Distrito Federal. Ambos aspirantes habrían de enfrentar a Beatriz Paredes, ícono ejemplar de la política y el servicio público.

Mientras, los Estados siguen su propia dinámica: Chiapas, Morelos, Jalisco, Guanajuato, Yucatán y Tabasco renovarán su Ejecutivo local, y  Nuevo León, Colima, Estado de México, San Luis Potosí, Sonora y Campeche tendrán elecciones intermedias. Seis de diez votantes estarán participando en comicios federales y estatales. La sinergia entre estos procesos y campañas será fundamental para el desenlace de la elección presidencial.

Luego de vivencias adversas en las que se perdieron o se vieron comprometidos importantes territorios, el PRI descubrió la mejor manera para enfrentar el desafío electoral gracias a las experiencias del Estado de México y de Michoacán. Asimismo, las dificultades que   el partido y su virtual candidato enfrentaron en noviembre y diciembre han producido lecciones a muy bajo costo y han favorecido una dinámica de integración y unidad previa a la designación de candidatos a legislador y al inicio formal de la campaña presidencial.

Por su parte, el PRD y la izquierda han fortalecido su unidad en torno a su candidato presidencial López Obrador. En el Distrito Federal se perfila el ex procurador Mancera quien muestra los mejores números y revela competitividad. AMLO ha mantenido disciplina en su estrategia de presentar un perfil moderado y conciliador pero las preferencias no se han disparado y la imagen de consistencia está sujeta a presión. No falta quien considere que, de conservar la tercera posición en las intenciones de voto, regresará al discurso pendenciero y de confrontación.

Si bien el PAN no ha llegado a la definición de su candidato, el proceso interno prosigue con normalidad y en condiciones de amplia libertad para los tres aspirantes. Como lo hemos señalado aquí, la iniciativa promovida por su dirigencia nacional para dar curso al debate ha sido  un acierto. Los riesgos de polarización y de agresión entre precandidatos disminuyen a medida que prevalecen la conciliación y la urbanidad política. Las preferencias indican que los electores del PAN, y los de todo el país, rechazan la descalificación como recurso de campaña. Lo más negativo no reside en el partido o en sus aspirantes, sino en la ineficiente legislación electoral que la reforma de 2007 nos produjo; es un absurdo que la ley y su interpretación impida que la radio y la tv difundan los debates entre los candidatos.

Ni los signos, ni los hechos ominosos del presente deben conducir a la pérdida de perspectiva o demeritar la importancia de tener elecciones ejemplares. El debate, la diferenciación de propuestas y el escrutinio severo y, en no pocos casos, exagerado a quien gobierna son propios de las campañas electorales. Así es la democracia, y ésta reclama a los actores y a los gobernantes un sentido de responsabilidad colectiva para cuidar y cultivar la mejor forma, y la más inteligente, para resolver la competencia por el poder.

La acreditación del proceso democrático en curso también tiene que ver con la construcción de mejores bases para el ejercicio de la política y del poder público. Independientemente del argumento partidista, el país demanda mucho más de sus políticos, de sus representantes legislativos y de sus gobernantes. México debe transitar a un estadio más elevado en la calidad de la política y de los gobiernos. No es tarea de un partido y, por lo visto, tampoco es quehacer de una generación de políticos. Lo ocurrido en la última década,  lo positivo y, sobre todo, lo negativo, muestra que la responsabilidad es de todos, especialmente, de quienes ejercen un cargo público que ha sido otorgado por el voto ciudadano. Mejores gobiernos y mejores legisladores son el natural desenlace de mejores elecciones.

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