Las elecciones de 2012 y la fuerza de las regiones


Liébano Sáenz

Es explicable que buena parte de los comentaristas de las elecciones suscriban una perspectiva centralista del proceso electoral en curso. Así es porque todo el andamiaje institucional es central, también los instrumentos más comunes para aproximarse al curso de las preferencias, las encuestas, casi siempre, presentan un resultado que sintetiza lo nacional, lo que propicia la idea de un país uniforme que no es. El peso de los candidatos, los partidos políticos y la cobertura mediática de lo que hacen también genera la impresión de que la elección es un proceso único, con actores centrales y en el que la dinámica de las regiones poco vale o se diluye en el  comportamiento nacional.

En realidad, ahora más que nunca, las elecciones presidenciales se darán en la dinámica de lo que ocurra en las regiones, un espacio diferenciado, con procesos políticos locales, con efectos hacia la elección presidencial. De hecho se puede decir que 2006 lo decidió, fundamentalmente, lo que ocurrió en los estados con elecciones concurrentes, en particular, Jalisco, Guanajuato y Querétaro, donde se dio una diferencia reveladora entre los candidatos Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Aquella vez, en sólo estas tres entidades, el candidato del PAN sumó poco más de dos millones de votos mientras que su principal adversario reunió menos de 900 mil. Hablamos de un millón cien mil votos en una elección que se resolvió por 230 mil votos.

Un vistazo a lo ocurrido en otras elecciones, nos permite advertir candidatos que concitan el apoyo de los electores de una región en particular, como fue el caso de Francisco Labastida en Sinaloa y Nayarit; Andrés Manuel López Obrador en Tabasco y Distrito Federal o Vicente Fox en Guanajuato y los estados circundantes. Tener el respaldo del territorio es fundamental para un buen desenlace. De siempre, la fortaleza de Peña Nieto ha sido el Estado de México y las entidades. Las cifras positivas del candidato del PRI se esparcen por todo el territorio nacional y hoy le otorgan la  mayor horizontalidad del voto. Sin embargo, es preciso considerar que muchas de las entidades viven ahora una dinámica de cambio y competencia, independiente de la elección presidencial. Una perspectiva regional sobre la evolución de las preferencias muestra un cuadro mucho más volátil de lo que muchos advierten. Esto significa que, para cualquiera de las tres fuerzas políticas, los cambios pueden tomar tanto un sentido positivo como negativo también en lo nacional.

Ayer, el periodista Ciro Gómez Leyva destacaba el caso del Distrito Federal a partir de la encuesta GEA-ISA respecto de las preferencias electorales. Es posible que el trabajo de campo haya sido efectuado al momento del triunfo del virtual candidato Miguel Ángel Mancera; de allí la desproporción y el giro en las preferencias. La situación podría ser más competida pero es válida la percepción y la conclusión registrada en dicha investigación: el escenario en el DF cambió de manera significativa y ello tiene impacto en las preferencias tanto en el nivel local como en el nacional. También hay que subrayar que las condiciones de la entidad y su proceso interno de selección han favorecido al PRD. Insisto, los cambios pueden ocurrir con facilidad y afectar lo mismo al partido gobernante que al opositor.

Este año más de la mitad de los electores en el país participarán simultáneamente en la elección federal y en una local. Varios estados modificaron su calendario para que las elecciones de gobernador fueran concurrentes a la federal, tal es el caso de Chiapas, Tabasco y Yucatán. Además, entidades de peso electoral tendrán también elecciones locales concurrentes: Estado de México, Distrito Federal, Jalisco y Nuevo León. Lo que allí ocurra en el nivel local, sin duda, tendrá impacto en el escenario nacional o federal.

La percepción de que partidos o candidatos locales pueden mejorar sus números a partir de las preferencias de los candidatos presidenciales es un desafío mayor para la elección de 2012. Los tres partidos están obligados a resolver con acierto las candidaturas para senador, diputado federal y, muy especialmente, gobernador y presidentes municipales. En un escenario cambiante y frente a las preferencias sumamente volátiles de una proporción importante de los electores, los aciertos en la  comunicación y en el territorio serán determinantes para un buen resultado electoral.

Desde luego que los partidos y sus estructuras tienen significada importancia. Pero hay que diferenciar el trabajo de campaña del de la elección, así como el de la representación en casillas y el de los votantes. La movilización por las estructuras el día de la elección adquiere valor en la medida en que disminuye la participación electoral; una elección concurrida da mayor peso a los electores independientes de los partidos. En un escenario de elección cerrada, todo es importante, todo se vuelve crítico, pero la competitividad de los comicios en puerta se centra en la comunicación política dirigida a los electores sin preferencia histórica o sin filiación a los partidos, buen ejemplo de ello es lo que Ciro destaca respecto de la situación del Distrito Federal.

Las elecciones de 2012 reivindicarán la eficacia de las regiones. Los partidos y los candidatos deberán enfocar sus mensajes en una oferta que concilie lo nacional con lo regional, lo central con lo local, lo que puede hacerse desde el centro para potenciar a las regiones y resolver problemas estructurales que deben involucrar la atención del centro y la del conjunto del país.

La fuerza de los estados hoy no tiene precedente; sin embargo, también existe la fundada convicción sobre la necesidad de una nueva relación entre el gobierno nacional y las entidades del país. La balcanización no tiene lugar ni posibilidades porque existe la certeza de que los principales problemas de las regiones implican corresponsabilidad y una participación importante de la federación, así sea Nuevo León y la inseguridad; Chiapas y la política social; o Yucatán y la inversión estructural.

La experiencia y el saldo de casi quince años de gobierno dividido claman por un nuevo entendimiento entre la federación y las entidades. Las campañas de 2012 deben marcar el inicio de un nuevo diálogo para así lograr la reconciliación del país con lo mejor de sí mismo.

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