¡No se hagan bolas!


Liébano Sáenz

Eran los momentos más difíciles de la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio. La rebelión en Los Altos de Chiapas y el protagonismo mediático de Manuel Camacho propiciaban el rumor sobre la inminente sustitución del candidato del PRI. “Campaña contra la campaña” era el infundado rumor. El presidente Salinas convocó a la dirigencia amplia de su partido y a muchos destacados miembros para disipar la duda: ¡No se hagan bolas! El candidato es Colosio, precisó. El efecto fue contrario. Seguramente el presidente Salinas quería trasladar su capital político al candidato y lo hizo de la forma que juzgó más clara, pero no le dio resultado.

Y fue así, porque la política se mueve en el terreno de las percepciones y emociones, no en el de las razones. Las palabras y los hechos tienen menos fuerza que los símbolos, signos que cada quien descifra en el plano de las creencias, no de las ideas. Aunque la intención muy probablemente era otra, lo que hizo Carlos Salinas fue contraproducente porque el priismo tenía la creencia de que el presidente era titular de todo el poder en el PRI, incluso para decidir reemplazo de candidato. El evento del entonces mandatario reafirmó tal percepción al mostrarse como el líder indiscutible del PRI. La dirigencia o el mismo candidato estaban en segundo plano, quien mandaba y decidía era el presidente.

De siempre ha sido un verdadero reto la construcción del candidato. En el viejo régimen los presidentes dejaban el espacio al candidato, quien contaba con la libertad de integrar a su campaña a colaboradores próximos al presidente y se realizaban extenuantes giras con una muy amplia cobertura mediática. No se trataba de ganar votos, era un ritual para la construcción simbólica del nuevo líder nacional. Destape y cargada aluden a este proceso. En el México del voto competido, la relación entre candidato y presidente continúa siendo un problema espinoso.

Las mediciones sistemáticas y frecuentes de seguimiento de la elección muestran el consistente crecimiento de Josefina Vázquez Mota desde junio de 2011 hasta la elección interna. A partir de los primeros días de febrero y de allí en delante ha habido un constante, aunque modesto declive. Se suponía que la elección le daría impulso y que incrementaría la intención de voto al menos por los primeros 15 días, pero no ocurrió así.

Algunos acreditan lo anterior al periodo de silencio y a la interrupción de la exitosa campaña que la candidata del PAN sostuvo en el contexto de la elección interna. La cuestión es que el quiebre o descenso ocurrió antes y se esperaba que el triunfo en la elección interna le daría un impulso importante en la intención de voto.

Considero que una de las razones, quizás la más importante, fue la dificultad de la candidata para construir su liderazgo en relación al presidente Calderón. El comedimiento y el cuidado que tuvo la candidata Vázquez Mota con el mandatario le restó la fuerza que requería en dicho momento. De manera tal que el Presidente continuó siendo la referencia de poder y de autoridad más importante, vista desde el exterior del PAN.

Un evento emblemático, semejante al “No se hagan bolas” del presidente Salinas, fue el que ocurrió en el encuentro con el Consejo de Banamex. Es evidente que el presidente Calderón, al referirse a la corta distancia entre el candidato del PRI y Josefina Vázquez Mota, intentó trasladar su capital político a la candidata de su partido. Sin embargo, como Carlos Salinas en 1994, logró el efecto contrario. No sólo por la polémica que desató la cifra, la fuente y la importancia del vocero, sino porque el Presidente asumía la condición de conductor y la candidata de acompañante en el asiento adjunto. El Presidente causa y la candidata efecto.

A esto hay que agregar la dificultad que todos los candidatos han enfrentado a partir del 15 de febrero y que habrá de extenderse hasta finales de marzo. Periodo que los imposibilita para hacer campaña. En mi apreciación el PAN perdió una breve pero valiosísima oportunidad para catapultar a su candidata presidencial. La cobertura mediática de la elección fue arrolladora, el resultado y la elección interna misma, ejemplares; el desempeño en el debate acreditó su natural liderazgo y disciplina. Algunos dirigentes importantes de ese partido se comportaron con complejo de culpa por lo que creían que de ellos esperaba el Presidente, no lograron darse cuenta de que cumplían con lo mejor de la historia del PAN y optaron por la pretensión de complacer al mandatario. No sólo se perdió un tiempo muy valioso, sino que las buenas cuentas se empañaron con la polémica respecto a los candidatos a legislador seleccionados, tema que continúa hasta hoy día.

Construir una candidatura es un serio desafío. No es cuestión de nombramiento, sino de juego de símbolos que acrediten quién es el nuevo líder. En todo partido gobernante el problema mayor se da entre el presidente y quien resulta candidato. Es un viejo tema de muchas tensiones, especulaciones y, en ocasiones, perspectivas e intereses encontrados. La mejor manera de resolverlos o, mejor dicho, de administrarlos es con el bajo perfil de quien está por concluir el ciclo y darle todo el espacio a quien más requiere de visibilidad y atención.

La legislación electoral juega en contra. La candidata Vázquez Mota no puede hacer campaña, El Presidente y su gobierno sí. Esta situación ha incomodado al PRI y al PRD, pero a quien más afecta es al PAN y a su candidata, quienes pasan, merced al estilo del Presidente, a segundo plano cuando la elección está a poco más de tres meses de distancia. Mañana domingo hay toma de protesta formal, pero los medios están obligados a cuidar la cobertura a manera de no violentar la ley, evento que ya de por sí está en los límites de la legalidad por su carácter masivo.

Importará mucho la manera como inicien campañas los candidatos presidenciales. Será crucial el lugar que ocupen en la intenciones de voto y, todavía más, la tendencia que cada quien mantenga. A semanas de que esto ocurra, los números indican el reto que tiene Josefina Vázquez Mota para construir su liderazgo frente al rol que el Presidente ha decidido jugar en la campaña.

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