El inicio de una carrera que ya había comenzado


Liébano Sáenz

La exigencia por reducir costos y tiempos de campaña viene de hace tiempo. La reforma de 2007 resolvió lo segundo, no lo primero. De hecho, si hiciéramos un cálculo de gasto electoral por cada día de campaña y sumáramos el valor del tiempo de radio y tv, obtendríamos como resultado las elecciones más costosas de la historia. Los partidos y candidatos destinaban entre 60 y 80% de sus ingresos formales al rubro de publicidad en medios electrónicos y, por tanto, la nueva legislación representa un ahorro en esa proporción, pero no para el país, sino para los partidos.

Cierto es que las campañas se han acortado, pero en los hechos los tiempos han sido otros. Tan es así que el periodo formal de campaña todavía no inicia y los tres candidatos presidenciales son altamente conocidos. Cada uno a su modo ha logrado tal objetivo y, en efecto, hoy los electores tienen una idea muy clara de ellos; no falta quien exija propuestas que la reforma de 2007 no permite. Ya en campaña, las plataformas electorales o los discursos importan mucho menos que las acciones que conforman las trayectorias de los candidatos. Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador son políticos experimentados y con visión suficiente para que los electores infieran lo que son. Gabriel Quadri tiene un enorme desafío, pero también la libertad de convocar a electores en torno a temas que los grandes partidos no están dispuestos a tratar.

Se ha dicho, con algo de razón, que la abreviación de campañas favorece a los candidatos más conocidos y plantea desventajas a los nuevos frente a los veteranos. Es posible que el acortamiento de campañas y la regulación de precampañas marquen cierta tendencia o inercia, pero no es garantía de que así ocurra siempre. Allí está el caso de Josefina Vázquez Mota, quien a pesar de ser menos conocida que Santiago Creel pudo remontar una diferencia importante en las intenciones de voto de sus correligionarios panistas. El mismo Ernesto Cordero alcanzó una preferencia considerablemente superior a la del senador Creel.

Las implicaciones de las campañas cortas se manifiestan también en lo que puede suceder en tres meses de proselitismo. Vale la pena tener presente el posicionamiento que lograron los candidatos en pasadas elecciones presidenciales durante los 90 días previos a la elección. En las cuatro últimas contiendas, la inflexión en las intenciones de voto ocurrió entre los meses de enero y marzo. En abril los cambios fueron menores. ¿Sucederá lo mismo en 2012?

Es posible, precisamente por el alto conocimiento que hay sobre los candidatos. Sin embargo, las campañas y lo que ocurra en ese periodo sí pueden modificar las intenciones de voto o más bien dicho clarificarlas. La no respuesta en las encuestas es un asunto problemático. La negación a responder no convierte a una persona en abstencionista o en indeciso. Una proporción tan elevada de no respuesta hace pensar que puede haber una intención existente, pero también un deseo de no compartirla. Además está el caso de las preferencias partidistas “blandas” y los switchers que pueden cambiar su intención de voto, particularmente los electores potenciales del candidato que se perfile en el tercer lugar, quienes pueden trasladar su voto hacia la zona de competencia entre los dos primeros sitios. Ese ha sido un fenómeno recurrente en las pasadas elecciones presidenciales.

Los rounds de sombra que preceden al periodo de campañas corresponden a una contienda efectiva. Los tres principales candidatos han tenido logros y sensibles tropiezos. Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, cuyas candidaturas se resolvieron en noviembre, han podido consolidar tanto sus estrategias como sus equipos de campaña. No ha ocurrido así con la candidata del PAN, precisamente porque sus tiempos fueron otros. Cada partido resolvió de manera distinta construir su candidatura. Para el caso del PAN, el proceso interno reactivó al partido y dio visibilidad y legitimidad a su candidata; sin embargo, los tiempos se le vinieron encima y el periodo de silencio no le ha sido favorable, con el agravante de que el Presidente sí ha podido mantenerse activo, situación que impacta negativamente a la candidata del partido gobernante en lo que concierne a la construcción de identidad propia y liderazgo.

Los partidos prácticamente han resuelto sus candidaturas a gobernadores y legisladores federales. Si bien para ninguno de los tres partidos ha sido tarea fácil, el PRI ha podido solventar con mayor facilidad las diferencias y las inevitables inconformidades internas. Para el PRD, Jalisco y Chiapas son territorios estratégicos que presentan enormes dificultades, y el Distrito Federal aún está por resolverse. En el PAN, el mayor costo ha sido la postulación de candidatos a legislador con una fuerte carga de desprestigio, así como el doble trance que implica la incapacidad de su candidata en el DF para alcanzar el objetivo electoral y el hecho de que el PAN continúe en el tercer sitio de las preferencias en el DF. Sin ignorar el importante crecimiento que ha conseguido en los estados del norte y golfo, el PAN acusa una seria debilidad en el centro del país, donde habita una tercera parte de los electores.

La realidad es que los tres meses de campaña podrían representar, al igual que en el pasado, una recta final. Los debates llamarán la atención, pero difícilmente modificarán las intenciones de voto. Escándalos y eventos de impacto ocurrirán en el periodo, y la manera en la que cada candidato decida enfrentarlos habrá de  significarle un riesgo o un beneficio. El mayor costo lo abonará quien subestime la inteligencia y sensibilidad del elector, convertido ahora en un votante mucho más maduro a fuerza de experiencias previas. Una elección concurrida, como la que es previsible, con un componente importante de nuevos votantes, torna el juego más incierto, complejo y volátil que el que se desarrolla en las elecciones intermedias caracterizadas por una baja participación.

La recta final está a la vuelta de la esquina. Candidatos conocidos, partidos consolidados, equipos definidos y estrategias en proceso se alistan para una campaña que, en teoría, está por arrancar, pero que, en los hechos, representa el sprint de una competencia que no es una maratón, tampoco carrera de 100 metros

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