Las campañas: sin tiempo para enmiendas


Liébano Sáenz

En la segunda quincena de febrero y durante casi todo marzo, cuando todos los partidos ya habían seleccionado candidatos, el calendario legal impuso silencio. Así se dibujaba el panorama: un mes y medio con candidatos definidos pero imposibilitados para realizar campaña. Al margen de casos aislados, y no obstante la irracionalidad de la tregua impuesta por la reforma de 2007, partidos y candidatos se apegaron tanto a la norma como a su espíritu. Recién iniciaban sus campañas, surgió una nueva tregua en el horizonte: la Semana Santa. En realidad, las campañas presidenciales apenas iniciaron y solo quedan 71 días de proselitismo.

Por otra parte, la saturación generada por el modelo de comunicación impuesto por la reforma de 2007 es hoy evidente. Lo más rescatable en lo que va de la elección son los medios; prensa, radio y tv cumplen con su tarea informando y dando espacio a la opinión libre y plural. El acceso a los medios está a la medida de las posibilidades de los candidatos. Los electores se informan sobre las opciones y conocen a los candidatos, no solo por la publicidad, sino gracias a la tarea informativa y de opinión del periodismo nacional. Los hechos revelan que los medios son actores que contribuyen positivamente a la democracia mexicana. Es una lástima que la reforma de 2007 los haya considerado un problema.

En general, las opiniones sobre la calidad y la eficacia de la publicidad favorecen a la del candidato presidencial del PRI-PVEM. Las mediciones de intención de voto, que revelan una ventaja aún mayor a la que se registraba antes del inicio formal de campañas, refuerzan esta conclusión. En el caso del PAN, las dificultades de la campaña han motivado el replanteamiento de la estrategia y del equipo de la candidata Josefina Vázquez Mota. Por otra parte, el PRD apuesta por la continuidad del esquema inicial, pese a las magras cifras en la intención de voto.

El gobierno federal ha cumplido con el compromiso del presidente Calderón de respetar la contienda. Sin embargo, en otro ámbito, el que atañe al partido gobernante, sí se advierte la mano fuerte del grupo ligado al mandatario, a pesar de que la candidatura presidencial fue ganada por una opción diferente a la de su primer círculo. La definición de candidatos a legislador y, recientemente, la de integrantes del equipo de campaña revela un equilibrio que resulta más funcional para los perdedores de la contienda interna que para quien la ganó. Y, en términos de liderazgo, espacio propio y fortaleza, el saldo ha sido muy costoso para la candidata Vázquez Mota, tanto, que la han tratado como si hubiese sido derrotada en la contienda interna.

Una de las heridas autoinfligidas por los partidos fue su desentendimiento de las cuotas de género. El reacomodo a última hora de las candidaturas alteró el difícil y precario balance alcanzado, con las consiguientes implicaciones en el territorio. Y no olvidemos que los desafectos pueden ser un factor determinante en su ámbito  de influencia.

Desde ahora, también se advierte que el PRI ha tenido mayor capacidad para superar sus diferencias, evidentemente favorecido por la expectativa de triunfo en la elección presidencial que da a la dirigencia un mayor margen de maniobra en las negociaciones. En el PAN y en el PRD la disputa por arribar al Congreso se vuelve una cuestión de supervivencia política personal.

Las dificultades han conducido al PAN hacia una estrategia de comunicación más agresiva y frontal respecto del candidato que le aventaja, Enrique Peña Nieto. Difícilmente logrará los resultados pretendidos porque partió de un argumento que fácilmente puede revertirse a los gobiernos panistas: las obras públicas inconclusas o irregulares. Casos paradigmáticos como el fracaso del nuevo aeropuerto de Texcoco, la megabiblioteca Vasconcelos, la Estela de Luz conmemorativa del bicentenario o la refinería en Hidalgo, son clara referencia de esta situación. Aún así, el PAN decidió arrancar con dos muy discutibles casos de supuesto incumplimiento por parte del entonces gobernador Peña Nieto.

El error inicial de la campaña panista contra Peña Nieto complicará el objetivo de disminuir su ventaja y desde ahora se advierte un costo para el PAN en, al menos, dos sentidos: primero, la candidata Vázquez Mota limita sus posibilidades de presentarse como una política diferente, tal como lo demostró en la contienda interna donde declinó golpear a sus adversarios, pese a la actitud de ellos en su contra; segundo, en el imaginario popular revive lo peor de la elección de 2006, cuando el PAN recurrió a la campaña negra contra el entonces candidato con ventaja, Andrés Manuel López Obrador. De esta forma, quienes dirigen la campaña del PAN lo alejan de la imagen de un partido tolerante, moderno y que mucho ha contribuido a la civilidad política. No serán pocos los que lo verán como una organización que, frente a la dificultad, recurre a las peores prácticas de la política como la manipulación de la comunicación, la marrullería y la relación con los electores a partir del miedo, la desconfianza y el rencor.

El problema de las normas emanadas de la reforma de 2007 es que no dejan tiempo para correcciones. El PAN ha optado por un modelo que, de no producir frutos, puede significarle un fracaso capaz de arrastrarlo desde el trono del partido gobernante a un desolado tercer lugar, un hecho inédito en democracias representativas. Tal sería la gravedad de la situación que, en lo sucesivo, el país podría ingresar a un esquema de competencia entre el centro y la izquierda, con una derecha anulada como opción de gobierno. Los errores del PAN y su consecuente desplome en las preferencias pueden alterar las coordenadas políticas del futuro, preocupación que se hizo patente en las reflexiones que el ex presidente Vicente Fox compartió con sus correligionarios.

AMLO ha mostrado disciplina en esta campaña y una actitud más cuidadosa hacia los electores, aunque no necesariamente actúe igual ante los candidatos adversarios. De haberlo hecho así hace seis años, seguramente sería hoy el presidente en la conclusión de su mandato. Sin embargo, su estrategia reproduce la contradicción originaria y muestra a un candidato que saluda con una mano amorosa y golpea con la otra; una discordancia que plantea un problema hasta antes inexistente: la incongruencia, que es razón de las dificultades para alcanzar la aceptación del pasado. Las campañas han reiniciado.

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