Combate al crimen, mucho más que argumento de campaña


Liébano Sáenz

Lanzar acusaciones ligeras contra los adversarios con cargo al crimen organizado, solo por ganar votos, es un error grave que puede tener  implicaciones muy serias. El combate a la violencia y a la delincuencia organizada ha sido, desde hace mucho tiempo, una de las prioridades del Estado mexicano. Con este propósito, a finales del siglo pasado se creó el Sistema Nacional de Seguridad que plantea un esfuerzo coordinado de los órdenes federal y local, así como la Policía Federal Preventiva.

El presidente Calderón emprendió una lucha obligada contra el crimen que, a cinco años de gobierno, ha sido escasamente comprendida. Parte del problema radica en la discontinuidad del esfuerzo institucional en la materia. Sin embargo, la debilidad mayor del sistema de seguridad se manifiesta en los municipios y en los estados, que son las instancias más vulnerables frente al poder de fuego, intimidación y corrupción del crimen organizado.

No es este el mejor momento para hacer una evaluación rigurosa, objetiva y amplia de lo realizado en los últimos años, pero es legítima la preocupación por la elevada cuota de sangre y por el hecho de existir en el país territorios sometidos al terror y a la violencia criminales. Los enfrentamientos entre grupos delictivos son la principal explicación del número creciente de muertes. También es reveladora la evolución del crimen organizado que no solo se asocia al trasiego ilegal de drogas, sino también al secuestro, al tráfico de inmigrantes y a la extorsión generalizada y de expresión diversa.

Poco contribuye a la unidad de propósito la recriminación recurrente del gobierno federal por las supuestas omisiones o fallas del pasado, o por las lagunas de las autoridades locales, sobre todo porque el nuevo modelo policial está condicionado por dos elementos que no se han podido concretar: el cambio constitucional para unificar mandos policiacos y la reasignación presupuestal para el financiamiento de la modernización de las policías municipales y estatales. Todo esto significa que para avanzar se requiere una visión de Estado que comprometa al Poder Legislativo y a los tres órdenes de gobierno.

Por tales consideraciones, resulta perverso que el partido en el gobierno haga campaña tratando de asociar la violencia y el crimen con las siglas de un partido. La evidencia es que todos los gobiernos, incluso el federal, padecen el problema; obviamente quien gobierna más territorios, más le afecta. Allí están casos paradigmáticos como el de Michoacán y Zacatecas, gobernados en su momento por el PRD, o el de Morelos y Jalisco, por el PAN.

Un ejemplo ilustrativo de las falsas inferencias es la imagen difundida hace unos días por el diario Reforma que insinúa sin más evidencia que una fotografía un supuesto vínculo entre el ex gobernador Fidel Herrera y un prominente empresario local, quien, a decir del diario, está presuntamente relacionado con un grupo criminal. El PAN convirtió el caso en todo un tema pero, días después, el mismo medio publicó una fotografía que mostraba a la candidata del PAN, junto al mismo empresario, apoyando la campaña para diputado federal del hermano del acusado. En esa misma edición, el vocero de la campaña del PAN reconoce que la candidata utilizó la aeronave del empresario aludido.

Lo que hace el PAN no es nuevo, ya que en 2009 pretendió trasladar al PRI la responsabilidad del narcotráfico. Esta embestida fue posterior a la modificación en la ley electoral que impide la realización de campañas negativas que denigren instituciones o adversarios. La publicidad del PAN es, a todas luces, insostenible y excesiva. El PRD y el PRI hicieron muy bien en no asumir una actitud semejante. Los hechos revelan que no solo es la ley el medio para hacer mejores campañas, sino el sentido de responsabilidad y prudencia del que, lamentablemente, algunas estrategias electorales han carecido en las dos últimas elecciones federales. El impacto de la campaña del PAN sobre las intenciones de voto nos confirma que los ciudadanos no son fácilmente manipulables; una campaña de denuesto al adversario puede satisfacer las pasiones propias de los actores en la contienda, pero no produce votos a quien las divulga.

Lo cierto es que el problema de la violencia relacionada con el crimen organizado es preocupación fundamental de la sociedad mexicana. Los electores saben, desde ahora, que no es asunto de voluntades o de soluciones mágicas, sino una cuestión de política de Estado que a todos compromete, incluida a la sociedad mexicana. Las organizaciones sociales, civiles y empresariales tienen una tarea pendiente, al igual que los medios de comunicación. La exigencia por un cambio inmediato y tangible es generalizada, por tanto será misión del nuevo gobierno convocar a este empeño en el entorno esperanzador propio de una gestión incipiente.

Los partidos también son responsables de definir y convalidar la política de Estado; el partido gobernante y la oposición deben marchar juntos cuando de por medio están los intereses de la Nación. La pluralidad es la condición natural de la política; sus expresiones son el debate y las diferencias; sin embargo, en cuestiones de Estado debe prevalecer un terreno común con base en los intereses a salvaguardar. La amenaza que plantea el crimen organizado al conjunto del país y a todas las personas no acepta reservas o condiciones; todos deben sumarse a esta cruzada.

La elección toca la puerta. Los partidos y los candidatos anhelan un mejor resultado y se esfuerzan por lograrlo. El gobierno federal ha cumplido su tarea, lo mismo que los medios de comunicación y el conjunto de la sociedad. Todo indica que el país tendrá elecciones ejemplares: pacíficas, ordenadas y concurridas, pero la elección debe ser vista en su justa dimensión, solo como un inicio. Lo que ha de seguir es una transición ordenada, la garantía de continuidad de los programas de gobierno y la preparación de una gestión que convalide el mandato democrático. Solo así se habrán sentado las bases para definir la lucha contra el crimen organizado como ha de ser, como política de Estado y no como un argumento ligero de campaña, tan perverso como inútil.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s