Entender la dinámica de cambio


Liébano Sáenz

Van dos semanas y el nuevo gobierno lidera con una nueva dinámica la vida política nacional. Claro ejemplo de ello es que el Congreso legisla con agilidad a partir de acuerdos y de compromisos públicos que constan en el Pacto por México. Lo importante, siéndolo, no es lo alcanzado, sino el proceso de cambio que está imprimiendo la Presidencia de Enrique Peña Nieto, en la que se opta por el acuerdo con el PAN y el PRD en función de una agenda común. Los cambios se materializan en el Congreso a partir de una forma de hacer política que había sido abandonada en el pasado reciente.

Esto no significa que los partidos hayan tenido que declinar en su posicionamiento y en su perspectiva diferenciada, como puede constatarse en la voz de los dirigentes del PRI, PAN o PRD. Lo relevante, por ahora, es no frenar una inercia de transformaciones profundas, difíciles y que necesariamente requieren del apoyo de la pluralidad.

Esta nueva actitud pone a prueba la madurez y la cohesión interna de los partidos políticos. En los tres hay resistencias: irrelevantes las del PRI, más evidentes en el PAN y el PRD. Es natural que así ocurra, pero también es necesario que prevalezca la responsabilidad por encima de cualquier otra consideración. Así es difícil entender la embestida que algunos senadores panistas hacen contra Gustavo Madero, mucho más difícil de comprender, considerando que viene de legisladores muy cercanos al ex presidente Felipe Calderón y con muy escasa trayectoria en el PAN, aunque con importante participación en la cúpula del gobierno que concluyó. Esta actitud genera la percepción de que la reacción contra Gustavo Madero y contra el Pacto por México nace de un falso sentimiento de despojo. Esto nada tiene que ver con la historia del PAN y más bien parece ser un efecto colateral de los doce años en el poder, en los que, como lo dijera el propio dirigente, muchos se sumaron al PAN no por convicción o identidad ideológica, sino por la ventaja de estar en el aparato administrativo.

En el PRD la situación es distinta y se refiere, fundamentalmente, al fraccionalismo que siempre ha caracterizado a la izquierda. Afortunadamente, el debate ha favorecido a la conducción institucional del partido, y el PRD, por primera vez en su historia, transita hacia su modernización al constituir una opción de izquierda responsable, comprometida y con determinación de ganar el poder para cumplir con el programa social y político que le dio origen.

Los dirigentes del PAN y PRD han podido superar las diferencias por dos consideraciones: el acuerdo ha sido público y su contenido integra demandas y anhelos de ambas organizaciones. Como se muestra en lo realizado hasta hoy, no existe engaño ni hay dobleces. La autenticidad de la propuesta y de la voluntad política del Presidente queda a prueba con iniciativas de ley y decisiones públicas. El rescate de las iniciativas preferentes del presidente Calderón; la actitud de respeto al gobierno que concluyó; la designación incluyente del gabinete; la conformación de un Pacto plural y de contenido progresista; la flexibilidad en la negociación en el Congreso; la iniciativa de reforma constitucional en materia de educación; la nueva relación con los gobernantes del DF, estados y municipios; la nueva perspectiva en materia de seguridad; el paquete económico para 2013 y el diálogo constructivo con la pluralidad definen un estilo de gobernar que está llevando al país a una dinámica de cambio sobre la que es necesario persistir y continuar.

Se equivoca el grupo de los senadores del PAN vinculados con el ex presidente Calderón que ve en los acuerdos plurales y en las soluciones en bien del país razones de una desgracia electoral futura. Esto ocurre así porque probablemente no han entendido las razones de la derrota en julio pasado, la que se asocia, fundamentalmente, al desencuentro entre la expectativa ciudadana que llevó al PAN al poder y lo que se hizo como gobierno. La intransigencia y la ruptura quizás sea funcional para el proyecto de Morena y de su líder moral, López Obrador, pero no para el PAN, y mucho menos para quienes despacharon en las más destacadas posiciones del gobierno anterior.

Sabotear la dinámica del cambio y del acuerdo plural se ha vuelto el objetivo de quienes impugnan el Pacto por México. Es fundamental que las dirigencias de los tres partidos y la Presidencia de Peña Nieto persistan en los objetivos de este acuerdo bajo la convicción de que no hay transformación sin resistencias. Paradojas de la política que éstas no provengan de quienes se ven afectados o amenazados por las transformaciones, sino por políticos a quienes les incomoda que las cosas vayan bien para el país.

Los políticos deben aprender a darle vuelta a la hoja. El pasado sirve para emprender un mejor camino adelante; el agravio como tal no existe, ya es historia y lo importante es lo que se hace para responder a las exigencias del país. El futuro es promisorio en la medida de que cada quién haga su parte y constituir, como ha sucedido, un proyecto conjunto para concretar los cambios que lleven al país al progreso y acrediten a la política y a la democracia por los resultados.

Una nueva dinámica del cambio tiene como sustento el arribo de una nueva generación que ha tenido la inteligencia y la sensibilidad para sumar e incluir. En estos días, México se muestra más democrático, pero también más unido y comprometido en dar respuesta a los grandes problemas nacionales, como la desigualdad, la debilidad del Estado para salvaguardar el interés nacional y las dificultades para el ejercicio efectivo de las libertades.

El debate continúa. La pluralidad implica la diversidad de perspectivas, y los desencuentros no deben asustar ni comprometer una voluntad compartida por mejorar el estado de cosas. Queda claro que las coordenadas del diálogo nacional se están transformado, especialmente, están dejando atrás el oportunismo o la exigencia del interés particular sobre el general. Es una lucha inconclusa, en la cual, afortunadamente, la dinámica del cambio pone a cada quien en su lugar.

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