Las reformas, segunda parte


Liébano Sáenz

Los comicios del 7 de julio significarán un momento de quiebre en el proceso de aprobación de las reformas y, por tanto, en la proyección del tipo de país que anhelamos. Lo alcanzado hasta hoy por el Pacto por México es significativo, los retos son hacia delante. Los conflictos poselectorales resultan una lastimosa tradición en el país que a veces parece inevitable; sin embargo, las fuerzas políticas, particularmente el PRI y el PRD, tienen claridad sobre la ruta futura del Pacto y de las reformas. Queda claro que las elecciones próximas, independientemente de los resultados, no frenarán los acuerdos. El PAN se ha visto disminuido por sus conflictos internos y ha generado una espiral que lo lleva al reclamo y aparente distanciamiento del consenso plural; no obstante, es probable que una vez aminoradas o resueltas sus diferencias internas, el PAN recupere su voluntad histórica por las reformas.

Las elecciones plantean escenarios diversos. Para el PAN una derrota en la elección de gobernador de Baja California, de darse, sería un duro golpe que, a pesar de los conflictos internos, deberá llevarlos a la cohesión. No hay espacio ni razón para las culpas respecto a acciones inmediatas; lo que está ocurriendo simplemente es la continuidad de un proceso que inició con la derrota del PAN en Yucatán hace seis años. Desde entonces, las pérdidas electorales han sido repetidas y los triunfos escasos (Baja California y Sonora) o discutibles (Sinaloa, Puebla, Baja California Sur), principalmente por el perfil político y antecedentes partidarios de los candidatos que como partido llevó al poder. Si no se actúa con claridad y lealtad al proyecto del partido, en Baja California se puede perder más que una gubernatura. Los grupos en conflicto seguramente empiezan a tener claridad al respecto y a considerar, en su ecuación política, que es precisamente en Baja California donde el PAN inició hace 24 años la ruta de triunfos electorales que culminaría con el arribo a la Presidencia en el 2000; así, Baja California también puede ser estación de paso que lleve al deterioro político estructural, como parece anticiparlo el conflicto en el Senado.

Las elecciones se ganan o pierden por los errores de los contendientes, no por la parcialidad real o supuesta de autoridades o de órganos electorales. Echar la culpa al árbitro o a la cancha, como lo está haciendo el PAN, incluso en entidades gobernadas por este partido como Baja California, sirve de poco y ni siquiera es útil para presionar a las autoridades electorales u órganos jurisdiccionales para obtener lo que las urnas no dan. Hoy, y a pesar de que el país ha cambiado significativamente en términos de confiabilidad de los procesos electorales y la definición de vías judiciales para la solución de conflictos, la cúpula del PAN se comporta en términos semejantes a los de la década de los 80. En Acción Nacional debieran estar preparados para cualquier escenario el 7 de julio, particularmente el más adverso. Frente a esta circunstancia se necesita, desde ya, la visión y el ideal que hizo del PAN una fuerza política fundamental de México. El futuro está en abonar el camino a las reformas, no hacer de la derrota electoral pretexto para no cumplir y actuar irresponsablemente con el país.

La segunda parte de las reformas anticipa ser significativamente más complicada que las de la fase inicial. Aunque todavía hay muchos temas de posible consenso por su bajo costo político y de alto valor para el país como son la reforma financiera, el nuevo régimen constitucional para la transparencia y la rendición de cuentas o las normas secundarias de las reformas educativa y de telecomunicaciones; la reforma en materia de energía y la fiscal plantean desafíos mayores.

Siempre existirá para los partidos la opción de mantener el estado de cosas o reformas menores que no atienden los retos de fondo; sin embargo, en esta circunstancia, todos pierden, especialmente el país. El cambio es riesgo para quien gobierna, dejar las cosas igual perjudica más a las oposiciones y todavía más al PAN, ya que el orden existente por un algún tiempo será considerado como legado de sus 12 años de gobierno nacional.

La singularidad de las reformas venideras se advierte en la reacción de la opinión pública y de las fuerzas políticas a las declaraciones del presidente Peña Nieto, respecto a los cambios que debe tener Pemex. Los partidos están en su derecho de dejar en claro su posición en relación al régimen legal del petróleo, incluso disputantes del liderazgo político en sus propios partidos como el caso del ex jefe de Gobierno del DF Marcelo Ebrard, quien intenta ganar capital político manipulando la sensibilidad de los militantes o medrando sobre un tema tan delicado. Lo que se advierte en ciertos sectores de opinión es una forma de inmadurez e incapacidad para entender el mundo y la circunstancia de México; el presidente Peña Nieto hace valer uno de los rasgos distintivos, muy apreciados en el exterior y que le han dado una positiva personalidad al país: la capacidad de las fuerzas políticas para emprender reformas de fondo. México ante las principales economías del mundo plantea el cambio y no temas de dificultad que poco aportan, como ocurrió en la diplomacia de los últimos nueve años.

Un país fuerte abre las opciones políticas y las libertades y esto solo puede lograrse si las reformas de fondo son realidad. Para el caso concreto de Pemex, la propuesta consensuada en el Pacto no es entregar o enajenar el patrimonio de los mexicanos, una reacción en tal sentido es propia del debate partidario o materia de los desesperados en busca de un espacio político ya perdido, lo que es fundamental y es un tema de consenso ya suscrito por el Pacto es que la situación existente en el sector energético es insostenible y requiere de un cambio profundo. Queda en los partidos, su responsabilidad hacia su base social y también hacia el país definir posición respecto al contenido de los cambios a procesar. La discusión no es reforma o no reforma, sino qué tipo de cambio es el que más beneficios trae al país y a los mexicanos.

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