Apunte para un balance anual


Liébano Sáenz

“Quienes están adentro saben, pero no escriben;
quienes estamos fuera escribimos, pero no sabemos”: Daniel Cosio Villegas

Es común que el balance de un gobierno se haga con base en la expectativa de origen, sea ésta la propia, la compartida o la autoimpuesta por la propia autoridad. Las presiones electoral y mediática, por separado, han convertido a la popularidad en un objetivo más que en un medio de gobierno.

En las pasadas elecciones, en el país no solo hubo alternancia en la Presidencia, los votantes, además, remitieron al partido gobernante hasta el tercer sitio de las preferencias. Como se reflejó en los estudios de opinión que anticipaban una voluntad por el cambio, lo anterior evidenció un gobierno que estaba reprobado por los ciudadanos.

La economía y la seguridad son los temas referentes en

esta evaluación. En ambos, la situación es tan adversa como inaceptable. Como el mismo ex presidente Calderón suscribiera en días pasados en relación al deterioro de las instituciones
respecto al crimen organizado, esta situación no es una cuestión de un año, sino de al menos una década.

Las cifras reflejan que el país dejó de crecer en los primeros años del gobierno de la primera alternancia y las expresiones más graves y severas de violencia y criminalidad ocurrieron en los últimos seis años. La ruptura del gobierno del presidente Fox con la estrategia nacional de fortalecimiento institucional llevada a cabo en los últimos años de la administración que le precedió es tema relevante en este análisis.

Lograr que la economía alcance tasas satisfactorias de crecimiento no es cuestión de aumentar el gasto público o cualquier recurso voluntarista; para ello son necesarios cambios profundos que solo pueden tener lugar a través del acuerdo político que posibilita las reformas constitucionales. Aunque inevitablemente impopular y difícilmente conciliable, el fortalecimiento de los ingresos públicos fiscales es una necesidad apremiante. También es fundamental que el crédito fluya y todavía más, que el gasto público se ejerza de manera eficaz, transparente y austera. En pluralidad política se han realizado reformas en tal sentido.

La debilidad del Estado mexicano que acompañó a los gobiernos de la primera alternancia no solo se manifestó con el deterioro del estado de derecho y con el aumento de la criminalidad; también se hizo evidente en la incapacidad de las autoridades para hacer valer el interés general frente a los factores de poder real, en la concentración productiva y el surgimiento de monopolios o empresas dominantes que no solo afectaron el desarrollo económico y la competitividad del país, sino que también llevaron a la escena de la política a actores ajenos a esta actividad. La debilidad del Estado frente a la cúpula magisterial, generada principalmente en el sexenio anterior, demandaba corrección rigurosa y puntual. Las reformas educativa y de telecomunicaciones atienden con claridad tal objetivo. Todo esto ha sido posible con el apoyo de las tres fuerzas políticas y se ha conseguido en menos de un año.

El jefe de Estado, también jefe de Gobierno, debe anteponer las necesidades nacionales y las del conjunto del sistema a las particulares. Hay quien piensa que para ganar terreno en lo general es requisito triunfar en las batallas particulares, tesis válida y plausible solo si las condiciones lo permiten. Considero que la pérdida de mayoría absoluta en el Congreso en 2012 obligó al acuerdo y a un entendimiento con las principales fuerzas políticas. Fue una definición estratégica a partir de las condiciones políticas que escogió el pueblo de México.

El Pacto por México es un recurso de la política que ha tenido implicaciones serias y resultados muy por arriba de las expectativas y de los acuerdos de años anteriores. Con él, han ganado las oposiciones que no triunfaron en las urnas; también ha sido beneficiado el país y con éste el partido gobernante. Pero no todo se ha dado en el marco del Pacto; las reformas fiscal y energética tienen su propio espacio de negociación. El PRD ha cometido un error al comprometer, en su propio interés, su permanencia en el acuerdo incluyente ante la eventual aprobación de la reforma energética; sin embargo, es evidente que asumen esta posición porque no saben qué hacer con AMLO; no se dan cuenta que nunca fue de ellos. AMLO es de AMLO.

El gobierno y el PRI han asumido los costos propios de un modelo de negociación incluyente. Las dos oposiciones en la fórmula exigen concesiones mayores y en el discurso reflejan ambivalencia respecto de los acuerdos y los logros, además de que en ocasiones dividen su postura y promueven una imagen negativa del contenido de los acuerdos y de las acciones gubernamentales. Para las oposiciones se vuelve anatema reconocer al gobierno y a quien lo dirige.

A un año de haber iniciado el actual periodo, es evidente que los cambios formales no son fáciles y mucho menos populares. En los supuestos de alternancia, la gente demanda bienestar inmediato y no admite argumentos contrarios. Por eso, lo importante es que el gobernante no pierda perspectiva de los objetivos superiores de la gestión; en este caso, hacer realidad transformaciones profundas. Y no es que se desestime la exigencia de mayor seguridad, mejor economía y gobierno con capacidad de respuesta y atención con un sentido de justicia; en efecto, se debe trabajar en ello pero sin admitir que se comprometa el proceso de cambio en curso.

La historia nos demuestra que los mejores gobiernos construyen su fuerza, su prestigio y su popularidad con perspectiva de largo plazo y teniendo bien clara, desde el inicio, la forma en la que se quiere concluir la administración. Por lo pronto, las reformas son realidad en el marco de un acuerdo político incluyente. Como ya se ha dicho, no se acreditan por el consenso logrado en su proceso, sino por los resultados. De la misma forma, el juicio sobre una administración no debe agotarse en las expectativas privadas o compartidas, sino en los logros de una gestión, y estos frutos habrán de ser compartidos con la oposición en la medida que su responsabilidad y su calidad le permitan.

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