Desafíos de 2014


Liébano Sáenz

Es cierto, 2013 fue crucial para el país. Esa es una conclusión compartida por los más. Sin embargo, 2014 es un año crítico para consolidar avances. La oposición y el gobierno han podido concretar acuerdos manifiestos en cambios constitucionales que habrán de transformar al país. La ruta ya ha sido marcada; la cuestión ahora es si esa oposición está en condiciones y posibilidad de actuar en consecuencia. Por lo pronto, la agenda legislativa es intensa y con fechas perentorias. No hay tiempo que perder y las dinámicas al interior de PAN y PRD por la renovación de sus dirigencias es el principal factor de incertidumbre sobre el sentido, alcances y la forma de procesar los acuerdos.

En el PAN las cosas apuntan hacia la reelección de su actual dirigente, a quien se le acreditan no solo logros importantes en la negociación para las reformas constitucionales, sino que ha podido representar los intereses diversos del partido frente al gobierno, con todo lo que eso implica. La oposición del grupo encabezado por el senador Ernesto Cordero ha bajado de intensidad. Una vez que se han aprobado las reformas, en el PAN no hay una opción diferenciada y la disputa más bien atiende a grupos e intereses. Sin embargo, el que no se haya hecho un balance crítico del pasado inmediato y de las razones de la derrota facilita el tránsito al futuro, pero no atiende la transformación a la que está obligado el otrora partido gobernante.

En el PRD la situación es considerablemente más complicada. La estabilidad alcanzada y que fue crucial para la suscripción del Pacto por México está amenazada no solo por el embate del ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard en su pretensión explícita de hacer de la dirigencia su plataforma para ganar la candidatura presidencial, también contribuye, y mucho más, el activismo y postura del  ex candidato presidencial López Obrador. En este caso la diferencia sí es significativa y la actual dirigencia del PRD deberá cuidar los intereses del partido por encima del cálculo de la coyuntura. Se tiene en claro que las dos fuerzas políticas opositoras internas disputan a la misma clientela y en los mismos territorios.

El PRI no está exento de responsabilidades. Quizá la más importante y tarea pendiente que viene de tiempo atrás, es transformar al partido para dotarlo de fuerza propia y competitividad. La fortaleza del PRI está, fundamentalmente, en el territorio. Por otra parte, la disciplina y lealtad se han acreditado como uno de sus principales activos en el ejercicio del gobierno, aspecto paradójicamente criticado por sus rivales cuya conducta es exactamente la misma cuando son gobierno.

El gobierno tiene desafíos importantes. Los cambios legales implican más que cambios administrativos. El reto mayor es ejercer con eficacia el nuevo papel que le acredita la reforma estructural, que consiste en garantizar la rectoría del Estado a manera de hacer valer el interés general sobre el particular. Por otra parte, la renovación del país debe ser consistente con un ejercicio moderno de la gestión pública. La alta burocracia deberá activar las áreas a su asignación al ritmo y velocidad que lleva el proceso de cambio impulsado por las reformas. La transparencia, la calidad de servicio, la agilidad de respuesta y la probidad en el manejo de los recursos públicos son obligados. Muchos procedimientos administrativos son rígidos, lentos e ineficaces para responder al propósito que los motivó. Por tal consideración es inevitable que persista la tensión entre eficacia y cumplimiento puntal a la normatividad, especialmente cuando deberán emprenderse programas, obras y acciones con plazo perentorio.

La negociación con la oposición es obligada para continuar con las reformas. El acuerdo debe convocar por igual a las principales fuerzas políticas; la ausencia de una de éstas puede facilitar los acuerdos, pero también corre el riesgo de una influencia desmedida de la oposición negociadora, como se advierte en la reforma político-electoral o en la reforma fiscal aprobadas. El diálogo, la reconciliación y la corresponsabilidad deben ser los ejes para alcanzar los acuerdos. El Pacto como tal podrá ser modificado o incluso desaparecer, no así sus principios y valores. El dirigente del PAN ha recriminado a su par del PRD la salida del Pacto, ya que en su perspectiva, esto libera al PRI y al gobierno de los compromisos suscritos; sin embargo, persiste voluntad gubernamental para el acuerdo. El efecto de la autoexclusión del PRD va en detrimento de la misma izquierda y de sus gobiernos, al perder interlocución con el gobierno y los partidos.

2014 también será preámbulo para la elección intermedia de 2015 y los 15 comicios locales concurrentes, entre éstas 9 elecciones de gobernador. El reto natural para los partidos es ganar cargos y puestos de representación. Para el gobierno la tarea es diferente, lo primero es asegurar que la competencia por el poder tenga lugar en condiciones de normalidad y con apego a la ley. La responsabilidad de organizar las elecciones corresponde a los órganos electorales, pero el gobierno es factor para la contienda. Acreditar imparcialidad es la constante; asimismo, evitar la interferencia de los poderes fácticos y, particularmente, evitar con toda la fuerza del Estado la presencia del crimen organizado.

Uno de las prioridades es afinar la reforma electoral y que la creación del Instituto Nacional Electoral tenga el mejor de los resultados. Con insistencia somos muchos quienes hemos manifestado nuestra preocupación por una reforma que merecía más cuidado y precisión. Los tiempos de inicio del proceso electoral se darán en el último tercio del año y para ello todo debe estar resuelto, no solo la normatividad, sino las adecuaciones administrativas de los órganos electorales.

Hoy hace 20 años, Luis Donaldo, ya investido como candidato, invitó a su casa a Francisco Cárdenas Cruz, tenía el deseo de despedir el año en compañía de amigos; abrió una botella del mejor vino que tenía a la mano, sirvió tres copas, la de su invitado, la de él y una para mí. Alzó la que tenía en su mano y dijo emocionado: “Brindo por México, brindo por su futuro, brindo por nuestras familias, brindo por nuestra amistad y brindo por que, cuando peor nos vaya, sea como en el 93”.  Semanas más tarde fue arteramente asesinado en Lomas Taurinas, una colonia de Tijuana, como tantas que hay en nuestro país y a las que él quería rescatar de su pobreza. Que 2014 nos sea a los mexicanos como aquel 94 que Colosio no tuvo y hubiese querido empezar a construir.

Este 31 de diciembre, México se ha ganado el derecho de abrazarse fervorosamente con su destino y de brindar, como en aquella fecha Luis Donaldo, por su progreso. Los sucesos de 2013 alimentan los buenos deseos, aunque los propósitos de Año Nuevo deban ser aún mejores.

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