Cambios profundos en el sistema de partidos


Liébano Sáenz

Dos de los tres grandes partidos están en el proceso de renovación de dirigencia; los llamados partidos alternativos se preparan para lograr el objetivo obligado de 3% de los votos, aproximadamente un millón 400 mil sufragios. Por su parte, el IFE está validando la información de tres futuras organizaciones políticas: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Partido Encuentro Social (PES) y Partido Humanista. Esto significa que en 2015 participarán diez organizaciones políticas.

Las reglas sobre los partidos, para bien, han cambiado significativamente, pero se ha reiterado el error que viene desde el pasado lejano de confundir el derecho de asociación, con el de participar electoralmente y recibir prerrogativas. La legislación debió prever una amplia libertad para formar partidos, mayores requisitos para participar en elecciones y todavía más salvedades para acceder a la representación nacional y, desde luego, para obtener financiamiento público y acceso subvencionado a medios electrónicos.

La legislación en vigor, además de someter a los partidos existentes a la prueba de los votos con mayor rigor, estrecha la puerta de acceso a la conformación de nuevas fuerzas políticas. En el régimen anterior formar un partido podía realizarse cada tres años; en el actual es cada seis y solo pueden solicitar registro las que conformen previamente una Agrupación Política Nacional. Además, ahora los partidos aparecen de manera diferenciada en la boleta, es decir, si hay coalición, los votos se computan en virtud del sufragio y no como sucedía anteriormente, que en la boleta aparecía un emblema único y que la distribución de votos derivaba del convenio que pactaban los coaligados con anticipación a la elección.

El efecto mayor para la depuración de los partidos es haber elevado el umbral de 3% de los votos para mantener registro. Si consideramos los precedentes de las tres elecciones intermedias anteriores se advierte la dificultad para alcanzar tal meta: en 1997, además de los tres partidos mayores, solo el PVEM alcanzó superar dicho porcentaje: el PT obtuvo 2.6%, entonces suficiente para mantener registro, lo perdieron PC, PDM y PPS. En 2003, nuevamente solo el PVEM superó 3%. Por debajo, pero más de 2% estuvieron PT y Convergencia; perdieron su registro cinco agrupaciones: PSN, PAS, México Posible, PLM y Fuerza Ciudadana. En la pasada elección intermedia el PVEM, el PT y Nueva Alianza estuvieron por arriba de 3% y el PSD perdió su registro.

De acuerdo con estos precedentes, es difícil que todos los partidos alternativos mantengan su registro. Los que tienen mejores condiciones de sobrevivencia son el PVEM y Morena. De hacer la tarea y retener su base social y vínculos estratégicos se sumaría el Panal y Encuentro Social (PES). La mayor incertidumbre pesa sobre los partidos aliados de López Obrador, PT y Movimiento Ciudadano; sucede lo mismo con el Partido Humanista, en el supuesto de que salve la verificación que actualmente realiza el IFE. Es preciso señalar que los partidos nuevos no pueden suscribir coaliciones en el ámbito federal; sin embargo, decisiones de asociación con otros partidos o postulando candidatos con popularidad en elecciones locales pueden servir para apuntalar votos en la elección federal. Es un juego que requiere ingeniería, intuición, disciplina y método.

El surgimiento de Morena impone al PRD un serio desafío. La decisión sobre la dirigencia en estos momentos no tiene como referencia la tradicional competencia entre sus agrupamientos, sino lo que debe hacer frente a la amenaza del hermano que se fue. El tema no es de personas, sino de proyectos. Morena, por su radicalismo y postura antisistema es una opción atractiva a muchos sectores inconformes con el orden de cosas. Una izquierda institucional y constructiva es la expresión lógica ante su significativa presencia en el Congreso y que gobierna cinco entidades, entre éstas el DF. Sin embargo, en la realidad, esto no parece procesarse con facilidad en sus dirigencias y, por otra parte, la seducción de cambio radical plantea una opción hacia muchos, paradójicamente es mayor ahí donde la izquierda ha gobernado por mucho tiempo, como es el caso del DF.

Es difícil que Morena llegué a superar en sufragios al PRD, pero la fragmentación del voto de la izquierda abre una privilegiada oportunidad al PRI y al PAN en el DF y en los territorios en los que se divida el voto de la izquierda. Por otra parte, la fortaleza de Morena pende de su “hombre providencial”, mientas que el PRD, por primera vez en su historia, vive una institucionalidad al margen de un personaje. Incluso, en el supuesto de que Cuauhtémoc Cárdenas fuera designado dirigente, la fuerza del PRD radicaría en el conjunto del partido, incluyendo, privilegiadamente, sus mandatarios locales, legisladores y coordinadores parlamentarios. Además, no se cancela la posibilidad de que el PRD suscriba alianza total o parcial
con el PAN en 2015 en la elección federal y en las 17 elecciones locales concurrentes a la federal, 9 de éstas, también con competencia para elegir gobernador.

El PAN padece la crisis de toda fuerza política después de perder el gobierno nacional. Sus dificultades son múltiples y su crisis electoral viene desde 2006. El desenlace de la elección de dirigencia no perfila una solución, sino, en el mejor de los casos, un impasse. Madero ha mostrado una sorprendente habilidad política, pero se ha desgastado. Es difícil ahora anticipar el resultado, pero el mejor futuro del PAN no parece estar en las manos que representan los errores del gobierno que perdió. Por otra parte, el PAN, por ahora, es el partido más vulnerable por las candidaturas independientes y los escándalos de corrupción.

El PRI ha definido su objetivo de alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara y ganar buena parte de los cargos en disputa en las elecciones locales. Por la concurrencia de comicios locales, la competencia será en el territorio y esencialmente local. Para lograr mayoría, el tricolor tendrá que alcanzar al menos 163 triunfos distritales y 42.2% de los votos. Según el precedente, lo primero es más factible que lo segundo.

Los de 2015, serán comicios trascendentes en muchos sentidos. De manera privilegiada serán definitorios del perfil del nuevo sistema de partidos, mediaciones fundamentales para la representación política y la lucha civilizada por el poder.

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