Libertad o disciplina parlamentaria


Liébano Sáenz

Ya se ha dicho que el debate y las diferencias son propios de la democracia y cobran mayor expresión en los órganos representativos. Salvo casos o momentos excepcionales, en política las unanimidades no existen. Pero esta realidad se opone a la necesidad de acuerdos y votaciones mayoritarias para aprobar reformas, nombramientos o posicionamientos del Congreso. Es la regla de la mayoría la que salva a la democracia de la inercia de la indecisión y de la inmovilidad que resulta del pluralismo. Sin embargo, en los parlamentos plurales difícilmente una sola fuerza política alcanza mayoría absoluta, y las coaliciones y los acuerdos temáticos se alzan como la solución.

Por un largo periodo de 15 años, el país padeció la incapacidad de su Congreso para procesar reformas que eran fundamentales para los mexicanos. De esta forma, el protagonismo del Congreso que ofrecía la democracia iba a contrapelo de la eficacia y de la gobernabilidad. En política no son las razones, sino los intereses los que gobiernan las fuerzas que mueven el acuerdo o disenso. Haber alcanzado cambios fundamentales desde el inicio de esta legislatura es un paso significativo en la dirección correcta. Aún así, las dificultades al interior de las cámaras persisten. La necesidad de los acuerdos por parte del gobierno y su partido ha encarecido la disposición del PAN y del PRD a las iniciativas de reforma. La postura de la oposición no necesariamente es consecuente con el interés del país, ni siquiera con el de los propios partidos opositores.

El problema de las unidades y las diferencias adquiere la mayor relevancia dentro de los partidos. Se equivoca quien considere que la lealtad o la unidad partidista en el parlamento son esquemas autoritarios o totalitarios. Incluso se puede considerar que el mayor avance del parlamentarismo se da con la cohesión de sus legisladores en torno a sus partidos. La historia registra que la libertad de los legisladores ha sido puerta grande para el filibusterismo y para la cooptación por intereses económicos.

En tal sentido, la disciplina partidaria y la responsabilidad colectiva son valores importantes del parlamentarismo moderno que deben construirse a partir de la democracia interna. Esto quiere decir que, tal como sucede en el parlamento, en los partidos o en sus fracciones parlamentarias, una vez que una postura o posición determinada es discutida y votada por la mayoría, el conjunto debe asumirla de manera única.

Este tema tiene que ver con el sentido de la representación o el del mandato ¿A quién representa el legislador? ¿A los electores o al país? Para el caso norteamericano, por historia y por práctica, la respuesta es inequívoca: el diputado o senador representa a sus electores. Por esa razón, allá —y solo allá— los partidos son figuras frágiles y el voto legislativo se procesa mediante negociaciones de grupo o incluso individuales. La reelección consecutiva mucho aporta en tal sentido. El problema es que todo esto está determinado por el dinero. Sí, la reelección es resuelta por los votantes, pero las campañas se definen por el dinero. En EU la correlación entre el dinero gastado y el resultado de la elección es poco menos que perfecta. Aquel que se reelige casi siempre tiene la ventaja de mayor financiamiento. Los datos son abrumadores: 95% de los representantes que buscan la reelección, la consiguen; con un gasto considerablemente mayor al de sus adversarios. Algo semejante, aunque en menor proporción, sucede con los integrantes del Senado.

El modelo europeo de parlamentarismo es más avanzado y previene los riesgos oligárquicos que tiene el sistema norteamericano. La fórmula necesaria para construir la representación de la nación son los partidos. Es decir, la representación que asume y suscribe un legislador se construye mediante el partido político. Los ciudadanos votan por un representante, pero no es un cheque en blanco, sino una instrucción de conformidad a una ideología, programa y propuesta que es la que abandera el partido político.

En la disciplina parlamentaria hay casos de excepción, especialmente, en los asuntos de conciencia. Hay temas que para un legislador pueden ser fundamentalmente críticos y sensibles. No se trata de una diferencia ideológica o política, sino de una cuestión de carácter individual que vuelve razonable y permisible una postura diferenciada.

La reforma secundaria en materia de telecomunicaciones es necesaria. El planteamiento del gobierno, del PRI y de la mayoría de los integrantes del Senado es en el sentido correcto. Sin embargo, es lamentable que la aprobación se haya presentado con un voto libre o dividido de las fracciones del PAN y del PRD. Debió haber una postura unificada en un sentido u otro, en eso radica el concepto de “responsabilidad colectiva” (Collective responsibility). Estimo que el problema parte del señalamiento de opositores de que el cambio propuesto es una decisión a la medida de la empresa mayor en la televisión. Tal creencia lleva a las dirigencias de los partidos a asumir una postura pragmática para eludir costos: dejar en libertad a sus legisladores.

En el caso del PAN no es cierto que las posturas diferenciadas atiendan a las propuestas que han polarizado al Senado y cuyas figuras más visibles son el dirigente Gustavo Madero y el ex coordinador del Senado Ernesto Cordero. El alineamiento de posiciones es más complejo y se percibe que las posiciones más bien atienden, por un lado, al pragmatismo del dirigente nacional; por el otro, al rigor de juicio y familiaridad con el tema que representa Ernesto Cordero y en el caso particular Javier Lozano, a quien no se le regatea conocimiento y amplia experiencia en el sector.

Para el PRD, su dirigencia ha planteado postura diferente a la de su coordinador en el Senado. De hecho el voto en comisiones mostró la división que existe en la fracción. Armando Ríos Piter, Zoé Robledo y Benjamín Robles votaron a favor del dictamen, mientras que Alejandra Barrales y Alejandro Encinas lo hicieron en contra. Al momento de escribir este texto, en el pleno del Senado se desarrolla el debate que habrá de concluir con la votación del dictamen; decisión que pasará para su discusión y, en su caso, aprobación en la Cámara de Diputados. Es previsible su aprobación y con ello un paso más en la determinación de la mayoría para hacer realidad reformas que sirvan al país.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s