El nuevo aeropuerto, un ejercicio de didáctica política


Liébano Sáenz

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él, el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones”.
Octavio Paz

Afortunada la cita del poeta Octavio Paz en el mensaje del arquitecto Fernando Romero Havaux, en la presentación del proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. La arquitectura absuelve o condena; es expresión pura de la época y de la sociedad que la disfruta. En México, el esplendor arquitectónico auténticamente milenario evidencia que nuestra nación ha tenido tiempos de gloria. También los ha habido de desacierto o desventura, siendo éstos, lamentablemente, los que predominan en el pasado reciente. Solo como ejemplo, la conmemoración centenaria de la independencia patentiza que las obras de antes no eran tan malas y las más recientes no han sido tan buenas. De esto hablan, por sí mismos, monumentos y edificaciones.  Allí están el Ángel de Independencia, Bellas Artes y la Estela de Luz.

El proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México es más que una obra pública magna. Es la expresión conjunta de una voluntad de cambio y de un anhelo de trascendencia. Ahora convergen gobernantes, partidos, poderes, técnicos y grupos empresariales. Lo que se propone, al igual que con las reformas, no es la solución inmediata, sino una respuesta que tenga proyección y que trascienda a la actual generación. Más que en sexenios y elecciones, se piensa en el futuro de una sociedad que merece mejor destino.

Mucho puede decirse sobre las dificultades que han enfrentado los grandes proyectos arquitectónicos en el pasado inmediato aunque, sin duda, también jugaron su parte la precariedad intelectual y la pobreza cultural de las élites nacionales. El talento siempre ha estado presente, solo que los logros recientes (reformas y obras monumentales) revelan que las crisis de mucho nos despojaron. Además del saldo en patrimonio y bienestar, también minaron la voluntad de heredar valores que renueven la identidad gozosa. La visión de un futuro de grandeza se perdió en el camino o desvió su ruta. De igual forma, disputas menores alteraron los principios fundamentales: México, la gran nación, fue secuestrada por ambiciones cortas, dispendio presupuestal y cálculos improvisados, así como por la preeminencia del interés personal sobre el colectivo.

El proyecto del nuevo aeropuerto es reflejo del empeño de una nueva generación decidida a dejar atrás una transición voluntarista, accidentada y gradual que alimentó los sentimientos de agravio, desconfianza y revancha. El arribo de la pluralidad al cierre del siglo pasado no derivó en un mejor gobierno, tampoco en una mejor política; y las causas no solo se refieren al temor de quienes perdieron o a la impaciencia de quienes ganaban. La realidad que se impuso fue, lamentablemente, la de los malos perdedores y los ganadores culposos. Acierta el ex presidente Calderón cuando destaca la resistencia de la oposición para contribuir al cambio durante su gobierno, aunque lo mismo ocurrió cuando él lideraba la oposición. Fox, entonces gobernador de Guanajuato, tuvo que intervenir para asistir en la grave crisis en el sistema nacional de pagos. Atinada decisión que le abrió la puerta a la candidatura presidencial.

Las acciones que se han llevado a cabo los dos últimos años en México han favorecido transformaciones profundas, precisamente porque en los círculos de decisión hay un claro entendimiento de que el Estado es espacio común de todos: partido gobernante y opositores; políticos y sociedad. La agenda de los cambios no compete a un partido o a un gobierno, sino que es causa del país, razón de quienes tienen el poder y de quienes se oponen. Cierto es que el consenso no puede darse siempre ni en forma absoluta, pero sí puede esperarse que exista claridad de rumbo y metas. La política ahora no solo es mejor y más eficaz, también es distinta, aunque muchos de los actores sean los mismos. Es un nuevo paradigma no exento de problemas e insuficiencias pero, al menos ahora, el debate se genera por lo que se hace y por lo que se atiende.

Mucho se podría argumentar sobre la pérdida de impulso de los aires transformadores que se respiraban en las décadas de los 80 y los 90. Uno de los desaciertos fue anatematizar el acuerdo; otros, privilegiar el revanchismo, la desconfianza y el chantaje. Lo cierto es que la democracia no ofreció ni condiciones ni alternativas reales para atender los grandes problemas nacionales, ni siquiera los preocupantes efectos de la accidentada modernidad evidenciados en la informalidad, la violencia y la criminalidad, así como en el crecimiento económico. Hemos aprendido a disentir y, por lo mismo, el consenso debe verse desde otra perspectiva; tampoco adquiere relevancia primaria la insatisfacción de una sociedad en proceso de interiorizar el debate y las libertades como práctica cotidiana. Por ello la crisis no es la baja aprobación del gobernante, sino la inmovilidad y la incapacidad para dar respuesta a los problemas y anhelos de la sociedad.

La presentación del proyecto del nuevo aeropuerto es un ejercicio de didáctica política. La solución no solo es la voluntad, sino la capacidad de entender la política y los instrumentos de gobierno. Convocar a los mejores, pero también definir un proyecto con visión e integración. Son muchas las aristas que se atienden y el desafío es monumental. Todos en un mismo propósito. Un esfuerzo que se extenderá por varias décadas y en el que los beneficiarios principales serán los mexicanos del porvenir. Una obra que debió iniciarse hace 12 años.

El aeropuerto de la Ciudad de México es la frontera nacional. Es encuentro con el mundo. Es la impronta inicial o final de una nación y de una sociedad. Es mucho más que una obra pública, “es una experiencia de vida en la casa de todos” que debe ser consecuente con la grandeza del país, sus valores y su riqueza cultural. Es evidente que tanto quien convocó como quien resultó ganador entienden que se trata de una apuesta ambiciosa que invita a recrear la historia y la encomiable tradición arquitectónica e ingenieril nacionales. Pasado, presente y futuro dibujan este  proyecto arquitectónico que está predestinado a ser testigo insobornable de nuestra historia y circunstancia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s