Punto de inflexión


Liébano Sáenz

A Bernardo Minkow, sabio compañero de jornadas inolvidables

De manera consistente, las cifras de opinión revelan un gradual reconocimiento a las reformas y al presidente. Dos de los problemas que entraña la medición de la opinión pública son, por una parte, la lentitud con la que interioriza la sociedad el impacto de eventos positivos y, por la otra, la mora implícita en las técnicas convencionales de evaluación utilizada por muchas de las agencias que se dedican a los estudios de investigación de opinión pública. Normalmente, analistas y periodistas parten de una realidad que antecede a la que priva al momento en el que son citados dichos estudios.

Por ejemplo, en diversas entrevistas con el presidente Peña Nieto, posteriores al 1 de septiembre, se señalaba el bajo aprecio que la opinión pública obsequiaba a las reformas, así como al acuerdo presidencial y del gobierno. El Presidente aclaró, con razón, que los señalamientos no coincidían con otros estudios. Efectivamente, al momento en el que se asumía un rechazo mayoritario hacia las reformas, particularmente a la energética (situación que estuvo vigente hasta las primeras semanas de agosto), ya se había dado un punto de inflexión sobre la aprobación de las reformas y, especialmente, un reconocimiento de sus beneficios potenciales.

El respaldo ciudadano al gobierno es un medio, no un fin. Conocer la opinión pública es un recurso útil no solo para descifrar los niveles de aprobación o rechazo, o la eficacia de la estrategia y de los programas de comunicación, sino para entender a la sociedad y, especialmente, los temas de interés y preocupación ciudadana. Los estudios de opinión pública demandan un esfuerzo de interpretación riguroso y profundo. La información que estos ofrecen no admite simplificaciones como reducir todo a la aprobación del gobernante.

La política ha cambiado. Las comparaciones no tienen ya ni valor ni sentido. Por ejemplo, antes los presidentes podían hacer un despliegue publicitario en medios sin mayor restricción que la presupuestal, pero en 2008 fue modificado el artículo 134 de la Constitución para evitar contenidos personalizados en la comunicación social gubernamental. Enrique Peña Nieto es el primer presidente a quien se aplica tal disposición desde el inicio de su mandato.

Adicionalmente hay que tener presente que el gobierno actual por diseño decidió transitar por el camino de la responsabilidad; esto significó privilegiar el acuerdo y, consecuentemente, abrir espacios para que el Congreso y las fuerzas políticas tuvieran una presencia pública central. Las reformas son resultado de la determinación del Presidente de la República y la negociación para hacerlas posibles implicó una mayor intervención para definir contenidos, ampliar la agenda de los cambios y promover un sentido de coincidencia entre las partes en acuerdo. Fue un esfuerzo fructífero y eficaz, pero para todos significó una cuota adicional de desgaste al interior y exterior de sus partidos. En el caso del Presidente, las calificaciones y los indicadores de aprobación revelaban tal circunstancia.

Lo importante son los resultados, las decisiones profundas y los cambios que habrán de transformar al país para bien. El ruido y las resistencias son comunes y propias de los cambios. Lo cierto es que la transformación que hizo posibles las reformas inició en el ámbito de la política. Desde el arranque de su mandato, el Presidente se comprometió a hacer lo necesario para construir un espacio de confianza y corresponsabilidad con la pluralidad política del país. El PAN y el PRD actuaron en consecuencia y, en tal virtud, han sido actores fundamentales del cambio, con sus propias propuestas y de acuerdo con su propia agenda. Por ejemplo, una exigencia histórica de Acción Nacional: la reelección consecutiva de legisladores cobró realidad en la Constitución. Se trata de un cambio de la mayor importancia. De la misma forma, el PRD pudo introducir las bases constitucionales para el gobierno de coalición, una reforma cuya trascendencia seguramente habrá de evidenciarse en los gobiernos futuros.

El modelo reformador se aparta de aquellos que le precedieron. De hecho, en los últimos 50 años es posible identificar cuatro periodos: 1) el de la inmovilidad no democrática; 2) el reformismo enmarcado en el presidencialismo que estuvo vigente entre 1977 y 1997; 3) la inmovilidad del gobierno dividido de 1998 a 2012; y 4) el reformismo democrático que inició en septiembre de 2012 con la actual legislatura.

La inseguridad y la economía cobran factura sobre el gobernante. Así ha acontecido en la última década y los efectos han alcanzado por igual a los tres órdenes de gobierno. Sin embargo, también hay que identificar que hay un cambio en ambos órdenes. Si bien es cierto que la inseguridad y la violencia mantienen niveles inaceptables, las cifras reflejan una disminución en casi todos los delitos que, de mantenerse, podría llevar al país a registrar en esta administración una de las mayores victorias por la legalidad. Cierto es que hay un largo trecho por recorrer, pero la población sí alcanza a percibir un cambio importante en los delitos de alto impacto. En territorios antes invadidos por la incertidumbre y el temor se recupera la confianza y ganan credibilidad las instituciones. De hecho, la aprobación hacia el Presidente registra los mayores valores en entidades donde esta recuperación del Estado ha sido más contundente, como son: Michoacán, Guerrero, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León y Tamaulipas.

En materia económica se han sentado bases para un cambio que permita alcanzar tasas de crecimiento suficientes para generar bienestar y mayor igualdad social y regional. Es un proceso largo. Más allá de la voluntad y del esfuerzo de las autoridades para regresar la economía nacional al camino del crecimiento sostenido, el resultado no puede ser inmediato, menos cuando la economía mundial no aporta condiciones favorables. Lo cierto es que México concluirá este año con tasas de crecimiento más elevadas que la mayoría de los países de la OCDE y de la región. Además, los cambios estructurales y las decisiones de política económica indican que el crecimiento registrará incremento consecutivo en los próximos años.

El punto de inflexión no solo se expresa en la aprobación hacia las reformas definidas y votadas por la pluralidad. El cambio más importante, gradual pero consistente, es el que se manifiesta en la actitud y en la valoración de la población sobre el presente y el futuro del país, una expectativa que es base esencial para una sociedad más satisfecha, participante y comprometida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s