El año en el que el futuro nos alcanzó


Liébano Sáenz

Observadores, analistas y políticos hablan con vehemencia sobre la crisis que vive el país, pero no se trata de aludir a las dificultades, que son múltiples y algunas de viejo cuño, como la desigualdad y la venalidad, sino a una circunstancia en la que lo existente está en entredicho y los medios para superar la adversidad parecen insuficientes o ineficaces. No es un problema exclusivo de las instituciones, tampoco del estilo de gobernar. La crisis actual es mucho más compleja de lo que se advierte y tiene alcances de mayor profundidad. Es una situación que abre espacio a la incertidumbre y genera preocupación, pero que, en perspectiva, también puede ser una oportunidad de transformación y de mejora, ello requiere entenderla y tener la voluntad colectiva para revisar lo que existe y construir lo que falta.

Para comprender la circunstancia actual es preciso considerar al menos dos elementos inéditos que configuran la nueva realidad: La transformación radical de las formas y medios sobre los que tiene lugar la comunicación, información e interrelación de personas y comunidades, y las expresiones políticas, sociales e institucionales como una manifestación más del proceso global.

La televisión, la radio y la prensa han perdido espacio, credibilidad e influencia. Ahora comparten su función con la información digital que además de sus múltiples manifestaciones, goza de ventajosas condiciones como la horizontalidad, el diálogo, el funcionamiento y la interacción en tiempo real, la apertura, la flexibilidad y hasta el anonimato. La comunicación digital es un terreno resbaladizo al que ingresan cada vez más personas. En un estudio nacional de GCE sobre hábitos informativos, en la pregunta sobre cuál es el medio que más utiliza para informarse, la televisión tiene una ostensible tendencia descendente, mientras que las redes sociales o comunicación digital tienen una tendencia alcista sostenida.

Más allá de saber dónde estamos, debemos tener una idea de hacia dónde vamos. Identificar los hábitos informativos de los jóvenes ofrece pistas de lo que podemos esperar. Una encuesta realizada recientemente en la zona metropolitana de Monterrey reflejó que solo 6 por ciento de los jóvenes lee diariamente algún periódico, mientras que en el segmento de mayores de 45 años, 14% lo hace. En contraste, 3 de cada 4 jóvenes (75%) acostumbran usar internet, a diferencia del 19% que lo hace en el citado segmento de mayores. La abrumadora mayoría (9 de 10) de los cibernautas jóvenes tiene una cuenta en redes sociales a la que casi todos ingresan diariamente para informarse, y 7 de cada 10 utilizan el teléfono móvil para navegar, lo que contrasta con los 3 de cada 10 adultos de 45 años o más que también utilizan este medio.

La información digital es extensiva; incluso permite acceder a otros medios como los diarios, los programas de radio y marginalmente los de televisión. A través del dispositivo móvil, la información se vuelve instantánea, horizontal, selectiva y, con frecuencia, concurrente con otros usuarios. Esta dinámica tiene un impacto en las relaciones sociales y en las perspectivas de la realidad y del mundo, además de plantear fórmulas inéditas de participación y de comunicación política.

La comunicación digital es una vía abierta al mundo. Casos recientes como los de la lista del HSBC divulgada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación o los reportajes del New York Timessobre supuestos inversionistas inmobiliarios, al igual que en su momento ocurrió con las revelaciones de Julian Assange en el sitioWikiLeaks, son información con impacto en muchos países, autoridades, circunstancias o personajes. Esto representa un género de periodismo que muestra que el escrutinio público y la valoración veraz o falsa e imprecisa sobre el desempeño de autoridades o personajes trasciende no solo fronteras, sino también las formas convencionales de información y comunicación. Hoy más ojos contemplan el desempeño del poder y ha cambiado el ciclo informativo. La información globalizada ocurre en tiempo real y nuestras élites no están advirtiendo este cambio de paradigma; consecuencia de esto, se ha creado una brecha entre lo que ven esas cúpulas versus la información que la sociedad está procesando.

También es una expresión global el desencanto con las mediaciones políticas existentes, especialmente partidos políticos y órganos legislativos. No ocurre en todos lados, tampoco se presenta con la misma intensidad. Sin embargo, Grecia con la coalición de izquierda radical Syriza y España con el sorprendente Podemos dan muestra de la decisión de muchos ciudadanos de optar por expresiones políticas nuevas y diferentes respecto a las dominantes o tradicionales. En México hay dos fenómenos que concurren en el mismo sentido: el éxito inicial de candidatos independientes, disidentes o ajenos a la política y el eficaz ejercicio político que realizan los partidos minoritarios con la inclusión de candidatos con peso mediático.

De acuerdo con una encuesta reciente de GCE, en los nueve estados con elección de gobernador, 66% de los ciudadanos no se identifica con uno de los tres principales partidos. La empatía hacia los candidatos independientes es reconocida por más de dos terceras partes de los encuestados y si bien es cierto que admiten su falta de experiencia, los ciudadanos les conceden mayores cualidades de honestidad y capacidad que a los políticos de partido. El fenómeno no es nuevo; inició en 2012 en Jalisco con Enrique Alfaro, postulado por Movimiento Ciudadano, quien pudo desplazar al PAN y al PRD de las preferencias y estuvo a 4 puntos de igualar al PRI.

Aunque no se puede anticipar el desenlace de las candidaturas disidentes o independientes, desde ahora se advierte una circunstancia distinta. Por igual Lagrimita en Guadalajara, Cuauhtémoc Blanco en Cuernavaca, Jaime Rodríguez en Nuevo León, Yuri en Veracruz o Alejandro Camacho en el DF despiertan adhesiones que tienen como origen el desencanto hacia el régimen político existente. De cara al futuro, las herramientas de las contiendas electorales son distintas, la movilización de simpatizantes y producción de campañas tendrán otra jerarquía frente a la capacidad de recoger las demandas de una sociedad informada en tiempo real, cada vez más distanciada de los ciclos noticiosos tradicionales, además de desencantada y con capacidad de viralizar su humor social.

La nueva circunstancia alude a un cambio profundo en la sociedad, por ello no bastan medidas correctivas y respuestas concretas, implica un proceso de adaptación que a todos involucra, que deje atrás la nostalgia y dé paso a un cambio para mejorar. El futuro ya no es lo que era.

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