Sudhir Venkatesh: “Líder de la pandilla por un día”


Liébano Sáenz

En esta tercera entrega del reto de Mark Zuckerberg nos damos cuenta que una de las riquezas que tiene la propuesta es el contraste y amplitud de los temas, así como el nivel de su profundidad, pero que al mismo tiempo coinciden entre sí los tres títulos recomendados hasta ahora, por ser recuentos heterodoxos del análisis social contemporáneo.

Sudhir Venkatesh, con una mirada íntima de la realidad del barrio, nos introduce a la cultura urbana estadunidense, nos sumerge en el mundo de los llamados black and blue, de las pandillas, de la prostitución y la delincuencia. El libro es una minuciosa estampa, desde un entramado sociológico y etnológico, de la cotidianeidad callejera de la ciudad de Chicago, pero es también la compleja historia de cómo un joven académico logró infiltrarse en la vida íntima de una banda urbana de Chicago volviéndose parte de la misma. El joven sociólogo quedó inmerso durante siete años en el andamiaje de la actividad de las pandillas, la delincuencia juvenil y el crimen, para mostrar con su estudio la enorme fisura social que existe en las comunidades estadunidenses.

Venkatesh, desde 1989, por cierto un año en el que se tambalearon las ideologías y se planteó el fin del mundo bipolar; se pregonó el fin de la historia a partir del triunfo del capitalismo ante el desplome del socialismo de la Europa del Este regresa a los engranes del capital para plantearse la pregunta sociológica: ¿qué se siente ser negro y ser pobre en la ciudad de Chicago? Pregunta que bien podría expandirse a todo Estados Unidos y que evidencia la llaga permanente de la discriminación, el racismo y clasismo en nuestros días.

El hoy destacado profesor de la Universidad de Columbia puso en duda los cánones del discurso científico que se fundamentan en las encuestas de opinión y el análisis estadístico como única manera de describir la subsistencia de la pobreza, volviendo a los sofisticados métodos de sus predecesores, utilizó un enfoque etnográfico que buscó tocar fondo en la vida de los suburbios. No se trata de quitarle valor a los elementos clásicos de la sociología; se trata, más bien, de flexibilizar los llamados “datos duros” desde una propuesta que incorpore el sentir humano. Hoy sabemos que la credibilidad y la certeza de los instrumentos de medición han crecido, porque quienes las aplicamos sabemos el sentido del contexto frente al margen de error.

El autor, de origen hindú, obtiene una muestra de la vida de los llamados reyes negros y su líder, el despiadado y carismático J. T. Se retratan así enfrentamientos mezquinos y fallas endémicas en un grupo criminal que comprenden 250 efectivos mal remunerados, sin educación y violentos. Sin duda alguna, Venkatesh quedó seducido por la vitalidad del mundo de las pandillas y esto le permitió tener información a partir de una observación participante metódica y cuidadosa de las relaciones de estos grupos, como ya antes lo habían planteado Malinowski, Mead y Boas.

El libro, Líder de la pandilla por un día se convirtió en un parteaguas en la reciente historia del análisis social, ya que se colocó en el vórtice de lo metodológicamente ambiguo. La relación investigador-objeto de estudio se muestra más cercana, más vívida, más real. La relación análisis-investigador es también la historia entre Venkatesh y J. T.: dos jóvenes ambiciosos en mundos disímbolos.

Sudhir Venkatesh lleva a cabo su estudio en un complejo de viviendas públicas en Chicago, una comunidad extremadamente necesitada y caracterizada por altas tasas de desempleo, delincuencia, consumo de drogas y malestar social. El conjunto de los Robert Taylor Homes, construidos a finales de los años 50 del siglo XX para albergar a la gran población de afroamericanos pobres de esta ciudad, se convirtió rápidamente tanto en un hito arquitectónico de la ciudad como en el ejemplo para la vivienda pública fracasada.

Otro acierto del texto en cuestión, es su capacidad para aproximar a los lectores al entendimiento de que los habitantes de los Robert Taylor Homes llamaban a este espacio “su hogar” y así se despliegan muy cercanamente y con simpatía personajes como Clarisse, la prostituta inteligente; la señora Bailey, la principal rival de J. T.; C-Note que adquirió su apodo debido a su conocimiento de las 100 maneras para hacer cien dólares, y también T-Bone el contador nerd de la pandilla, quien dio a Venkatesh más de cuatro años de datos financieros que describen meticulosamente la economía del crack y su tráfico. El recuento permanente de la vida de los jóvenes negros (los soldados deJ. T.) que arriesgaban su vida vendiendo drogas a cambio de un salario menor de lo que ganarían trabajando en cualquier empresa de comida rápida, recorre las 302 páginas del libro.

El analista social da cuenta que el ex presidente Bill Clinton, —quien recientemente visitó nuestro país e hizo un interesado mea culpa, público, poco común en los estadistas de nuestro tiempo— apoyó el uso de la policía con “redadas” e hizo factible la orden judicial para que el Departamento de Policía de Chicago usara estrategias arbitrarias y represoras para combatir los problemas de las pandillas y las drogas; mientras que la American Civil Liberties Union (ACLU) y otras ONG denunciaron las redadas como una violación de los derechos constitucionales. Clinton sostuvo que el derecho a la “libertad del miedo” era más importante y que, además, el flagelo de las pandillas callejeras requería medidas extraordinarias.

El proyecto de Venkatesh muestra hombres y mujeres que fácilmente transitan entre las economías legales e ilegales dependiendo de quién paga más. El autor señala que los traficantes de drogas aspiran a comprar las pequeñas empresas y sus subordinados se mueven entre los puestos de trabajo legítimo, el mercadeo de drogas y la prostitución. La confianza de una comunidad y los instrumentos de derecho han erosionado la distinción entre lo legal y lo ilegal, la moral es ambigua para devenir en una comunidad pragmática siempre atenta al mejor postor, lo que algunos justifican como supervivencia y otros definen como la caótica factura de un capitalismo en desgaste.

Sudhir, el héroe de su propia investigación, tiene ocasionalmente remordimientos de conciencia, porque está participando en lo que bien podríamos llamar una pornografía del gueto, ya que con una mano solo es testigo de los delitos que se cometen y con la otra traza los excitantes detalles de la vida misma del gueto. Así Venkatesh tiene dos realidades la del sociólogo que vive hacia fuera y hacia arriba y la del participante de la pandilla que mira hacia adentro y hacia abajo.

El paisaje de fondo de la obra de Venkatesh es la política ya que no se puede explicar los movimientos de las pandillas sin el conocimiento y el flirteo del Estado. Para nosotros es interesante conocer la idea que tienen los integrantes de estas bandas respecto de los mexicanos con los que conviven. Nos dice, por ejemplo, que los mexicanos no le tienen temor a nada, se matan entre ellos en prisión y que el idioma “mexicano” es un código ante los afroamericanos más poderoso que el llamado black power. En algunos momentos las pandillas de negros y mexicanos llegan a ser rivales por el control de la calle, pero los mexicanos siempre tendrán la alternativa de la frontera.

Sudhir Venkatesh a pesar de su cercanía con los grupos que analiza logra trascender el estereotipo ideológico para enseñarnos una cruda realidad que se antepone ante el boom y la industria de la llamada “narcocultura” que pretende exaltar a individuos que han sido protagonistas de la historia por su carrera criminal y maquillar su comportamiento violento como un fenómeno social “admirable”.

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