Michael Suk-Young Chwe: “Ritual racional”


Liébano Sáenz

Mark Zuckerberg nos sugiere, en la séptima propuesta de su reto, la lectura y discusión del libro Ritual racional: cultura, coordinación y conocimiento social, del estadounidense y profesor de ciencias políticas en la UCLA, Michael Suk-Young Chwe.

Como se sabe, las teorías económicas neoclásicas no pueden explicar ciertos fenómenos. Por ejemplo, desde un enfoque racional, donde los seres humanos buscamos maximizar nuestra riqueza, prácticas como el altruismo no tienen sentido. Lo mismo sucede con los rituales. Por ello, el libro de Chwe adquiere relevancia, pues se convierte en un intento de la economía por demostrar que los rituales también forman parte del mundo racional.

De otra manera, la pregunta principal del libro es: ¿Los rituales son racionales? ¿Es racional velar y enterrar a nuestros muertos? ¿Se puede racionalizar el duelo? ¿Es racional simbolizar el cambio de poder con una banda presidencial que, al fin y al cabo, sólo es un trozo de tela?

Para responder todas estas preguntas, Michael Chwe sugiere, en su libro, una nueva reflexión de las ciencias sociales sobre las tradiciones, costumbres y ritos en los que nos hemos ido formando, desde aquellos en que se fundamentan las sociedades hasta esos otros que hoy dominan al mundo.

De tal suerte que Chwe analiza al Internet, los anuncios comerciales que destacan en eventos como el Super Bowl, las ceremonias políticas que establecen la autoridad, las declaraciones públicas de la clase política y sus consecuencias y todo aquello que “ya se sabe”, por que la reiteración es el signo que enmarca el conocimiento común o social.

Para Chwe, el ritual es primordialmente una conducta social repetida. Así, por ejemplo, cada seis años, en México, sabemos que el presidente electo asistirá al Congreso a recibir la banda presidencial, con lo que se coronará, metafóricamente, un proceso político democrático. Cada seis años sucede lo mismo, cada seis años se repite el ritual.

Pero ¿cómo llega Chwe a esta conclusión? El autor recurre a la visión más clásica de la igualdad de grupo, a partir de la teoría del juego o de la cooperación. Recordemos que, según esta teoría, aderezada por John Nash, quien ganó el Premio Nobel de Economía en 1994, la repetición constante de un juego reduce el factor de incertidumbre. Además, permite predecir cómo actuarán diversos actores en un intercambio de cualquier índole. Predecir cómo se comportarán los individuos en una situación determinada, según la teoría de juegos, es la base del conocimiento. En este sentido, para Chwe, el ritual adopta la forma de un “juego”. Es decir, el ritual se convierte en una conducta social que, al ser repetida, reduce la incertidumbre.

Como se puede observar, el ritual cumple una función fundamental en cualquier esquema económico, pues reducir la incertidumbre es una de las metas principales del mundo actual ya que con ello se disminuyen los costos de transacción. Por ejemplo, para invertir en un país determinado, se necesita contar con reglas claras, leyes precisas, que reduzcan el riesgo. Los inversionistas buscan aquellos países que tienen mayor certeza y, por ende, menor riesgo.

El Super Bowl es un ritual que afecta directamente a la economía global. Éste es el principal aporte de Chwe, pues, siguiendo su argumento, los rituales deben ser incluidos en cualquier análisis económico. Pero Chwe nos permite ir más allá pues comprueba que los rituales son un elemento cultural que afecta al mercado. Así, cultura y economía puede entenderse como un todo.

Los primeros capítulos del libro están dedicados al análisis del conocimiento social y a la relación que éste tiene ante el intercambio de información. El conocimiento trasciende sólo si varios seres humanos comparten una determinada información, son concientes del hecho de que la comparten, y de ahí se establece un lenguaje común y por tanto conocimiento.

El principal interés de Chwe es hacer explícitos algunos procesos que se utilizan para la generación del conocimiento de la comunidad, sobre todo en las acciones sociales y la comunicación de masas. Así analiza una serie de rituales de diferentes sociedades a través del tiempo, y muestra que las ceremonias públicas son poderosas no sólo porque transmiten el significado de una fuente central a cada miembro de la comunidad, sino porque permiten a los miembros del grupo saber lo que otros saben.

En el conocimiento social la divulgación general de un elemento en la vida cotidiana asegura su aprehensión por parte de todos los miembros y la repetición de éste, convertido en ritual, es otra manera de confirmar la estabilidad sobre las percepciones de los demás y del mundo.

No es casual que una gran cantidad de rituales tienen lugar en condiciones donde los asistentes pueden tener el mismo contacto visual. Este sistema establece la percepción común. Tales contactos visuales pueden ser ejemplificados en la actualidad en la forma en que se presentan conciertos, los grandes espectáculos, los medios masivos de comunicación, las ceremonias religiosas y políticas, que están sometidos al ejercicio del poder.

Chwe inquiere, en sus conclusiones, sobre la naturaleza de las limitaciones que afectan a los agentes que participan en la elección racional. Su enfoque llama la atención sobre la existencia de dos tipos de racionalidad: la primera, que funciona a nivel de la sociedad en la construcción de conocimiento común y se realiza a través de la acción de los seres humanos, pero no está vinculado con sus intereses más evidentes; la segunda, actúa en el nivel de la persona que manipula el conocimiento común e interviene con una racionalidad clásica e individualista. Para nuestro autor los seres humanos producen en la sociedad de una manera consciente y por ello son capaces de manipularla. Por esa razón, Chwe reconoce además el hecho de que el razonamiento es, en cualquier caso relacionado con las emociones y que lo contrario también es cierto.

Los rituales son un acertijo vital que se combinan a partir de una serie de sistemas ceñidos aplicados a la conducta social, de manera tal que guían las formas en que los seres humanos deben comportarse frente a lo profano y lo sagrado. Los rituales son un conjunto de ceremonias o actos concretos que muestran los valores de las sociedades y sus historias. De tal suerte que los rituales tienen establecidos fases de iniciación, ritos de paso y ceremonias concluyentes de la vida.

Se podría reprochar a Chwe el que se niegue a valorar el mundo simbólico como elemento nodal del ritual y de otra parte el que minimiza la concepción del ritual como institución y el ritual como valor de identidad y cohesión social a los grupos y las naciones. La cultura sigue produciendo rituales y tradiciones para aprehender y revitalizar a la sociedad. Los rituales no son sumatorias absolutas de conocimiento e intercambio, sus elementos y funciones son más complejos y se multiplican, creando el sincretismo existencial actual.

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