Nuevo León, la elección


Liébano Sáenz

Nuevo León ha alcanzado logros fundamentales en dos de los principales desafíos de la vida institucional: seguridad y economía. Sin embargo, las percepciones corren por cuenta aparte. Los Gobiernos y los partidos vigentes no pueden considerar que los avances y realizaciones son suficientes, menos en una sociedad que demanda mucho más que el regreso a una normalidad básica.

Los comicios federales y locales en puerta no son una elección más; representan un nuevo punto de partida en muchos aspectos: autoridades electorales renovadas,  umbral de votación para la sobrevivencia de los partidos ajustado, elección consecutiva para las autoridades municipales a partir de este proceso, paridad de género en la integración de candidaturas, nuevo régimen de rigurosa fiscalización con bajos topes de campaña y supuestos de anulación de elecciones y candidaturas independientes.

Persisten prácticas que no contribuyen a una mejor calidad de la democracia electoral. Ejemplo de ello es el modelo comunicacional que propicia los promocionales y limita la libertad de expresión en medios electrónicos. También está la fiscalización con bajos topes de campaña que promueve la simulación en las finanzas electorales. Otros signos de preocupación son los focos rojos derivados de la inseguridad y del activismo radical.

En contraste, uno de los temas más alentadores y positivos ha sido la iniciativa “3 de 3, Candidato Transparente” promovida por Transparencia Mexicana y el Instituto Mexicano para la Competitividad. Las declaraciones públicas de candidatos referentes a situación patrimonial, reporte fiscal y conflicto de interés, revisten la mayor importancia porque permiten conocer, antes del momento electoral, la realidad patrimonial de quienes buscan la confianza ciudadana. No todos son corruptos ni todos son iguales. La cuestión es que no parece haber sanción social o electoral ejemplar para quienes falsean información en sus reportes o se rehúsan a presentarlo, y Nuevo León es ejemplo.

En estos comicios, lo que más ha llamado la atención es la aparición de un candidato independiente competitivo para la elección de gobernador: Jaime Rodríguez, un político convencional formado en el PRI quien, a meses de la elección, resolvió construir su candidatura bajo la figura independiente. La difusión de dos supuestos atentados en su periodo como alcalde de un modesto municipio y su habilidad para posicionarse como una opción frente a la inseguridad y la corrupción, le han generado dividendos importantes, al menos los suficientes para presentarse como la principal oposición en demérito del PAN.

Tres candidatos disputan la gubernatura. Son opciones diferenciadas, inclusive las del PAN y PRI, dentro de sus mismos partidos. El caso de Jaime Rodríguez es una paradoja. Su condición de independiente, figura diseñada para candidatos ciudadanos que no pertenecen a un partido o que carecen de trayectoria política, es contraria a su propia historia. Aunque responde al perfil de un político convencional, tanto en trayectoria como en desempeño, Jaime Rodríguez ha podido concitar la simpatía de los sectores que anteriormente eran afines al PAN, a grado tal de lograr condición mayoritaria en los segmentos de altos ingresos y mayor nivel educativo.

Inexplicablemente, Jaime Rodríguez se ha erigido como un símbolo de la indignación. Lo reafirma su forma desafiante y grosera de encarar al poder y a sus adversarios. De hecho, se advierten dos personalidades: la del símbolo de El Bronco y la persona de carne y hueso, Jaime Rodríguez. Entre ambos hay evidente tensión e incluso contradicción. Con frecuencia Jaime Rodríguez se convierte en un conspirador de lo que él mismo representa, pero el sentimiento de indignación es su blindaje y mayor activo. De poco sirve la campaña que lo exhibe como lo que es, sus simpatizantes no quieren perder la esperanza en un mito, en un símbolo.

Ivonne Álvarez también es una opción singular y representa el auténtico cambio político para Nuevo León. No solamente por el tema de género (de por sí relevante por la probabilidad de convertirse en la primera mujer gobernante de un estado del norte del país), sino por su origen y trayectoria popular, aunados a su juventud. En tiempos en los que los políticos de todos los partidos padecen desprestigio y desgaste por el desorden patrimonial, el conflicto de interés y el tráfico de influencias, una joven candidata que ha sido alcaldesa, diputada y senadora puede presentar, en su propia casa y como primer acto de campaña, su reporte patrimonial y, posteriormente, suscribir la iniciativa “3 de 3 candidato transparente”. Felipe de Jesús también se ha adherido al reporte 3 de 3. Jaime Rodríguez no lo ha hecho, además de haberse confesado evasor fiscal.

El aspirante del PAN llegó tarde a la candidatura. No se trata solamente de un problema de tejido de adherentes y construcción de alianzas, sino de falta de sensibilidad sobre lo que él y su partido representan. Se quedó en el periodo en el que el PAN era opositor del PRI; no advirtió que su partido es parte del orden de cosas y también del descrédito y desgaste imperantes. Ha cometido errores básicos de estrategia; primero, minimizar a Jaime Rodríguez y, después, considerarlo compañero de viaje, cuando lo que El Bronco promueve y capitaliza es precisamente el hartazgo hacia el sistema de gobierno fundado en el PRI y PAN.

La inconformidad ha sido promotora del cambio para mejorar la política y hacer de la democracia electoral un vehículo útil para el país y para los ciudadanos. Las elecciones de Nuevo León se han polarizando hacia extremos que, en sí mismos, constituyen una paradoja difícil de descifrar: Por un lado, un proyecto aparentemente innovador representado por la seducción de un candidato que se presenta como ciudadano e independiente y, por otra parte, una propuesta de cambio auténtico y profundo por su sentido social y renovador. La sociedad pondrá a prueba su capacidad para discernir entre engaño y verdad, entre inconsistencia y congruencia, entre retroceso o renovación. Todo ello en un marco de resultados exitosos en lo económico y en lo institucional. Bien puede ser el caso de que los comicios de Nuevo León anticipen lo que vendrá para todo el país en 2018. Me pregunto si las cúpulas de las tres fuerzas políticas ya se habrán dado cuenta de que el sistema de partidos también está decidiéndose en Nuevo León.

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