“El jugador”


Liébano Sáenz.

En la educación básica se nos enseña que la diferencia principal entre cuento y novela tiene que ver con su longitud y duración. Los cuentos son cortos y las novelas largas. Así de sencillo. Sin embargo, Gabriel García Márquez no estaría tan de acuerdo con esta distinción. En alguna ocasión le preguntaron cuál era la diferencia entre cuento y novela. Para él, además de la duración, había una desemejanza fundamental: “Las novelas son como pegar ladrillos mientras que los cuentos son como vaciar en concreto”. Es decir que el cuento se vierte de una sola vez en tanto la novela se va construyendo a partir de una idea original.

Las novelas se construyen poco a poco, como una casa, a gusto del escritor. Primero se colocan los ladrillos. Posteriormente, si el autor así lo desea, puede incorporar una ventana, un baño, una chimenea o una cocina. Puede decirse que las novelas son muchas ideas dispersas que se unen dentro de una misma historia. A la inversa, los cuentos son solamente una idea. El autor tiene solamente una oportunidad para expresarse. Por ello, el autor de Cien años de soledad utilizaba la metáfora de “vaciar en concreto”. Un cuento es una idea, un momento, un instante. Por el contrario, una novela contiene muchas ideas, muchos momentos, muchos instantes.

En consecuencia, hacer una reseña sobre una novela se convierte en un gran reto. En un espacio reducido, se debe hablar de muchas ideas al mismo tiempo. Por obvias razones, se corre el riesgo de olvidar un punto importante o un concepto fundamental. En pocas páginas es imposible hablar de manera extensa sobre las ventanas, la chimenea, la cocina y el baño de la novela. Por ello, en esta 13 entrega del reto Zuckerberg, no me detendré en las ventanas ni en la chimenea de la novela. Pues pretender abarcar tanto sería sumamente ambicioso. Simplemente, me limitaré a reflexionar en torno a dos cuadros, dos imágenes que se encuentra dentro de la novela.

En esta ocasión nuestra atención se centra en El jugador, una novela de ciencia ficción, escrita en 1988, por el escocés Iain Banks. El Jugador es el segundo libro de la saga sobre La Cultura, una serie de textos con los que Banks ha cautivado a toda una generación amante de la ciencia ficción. La novela relata la historia de Jernau Morat Gurgeh, un hombre cuya mayor pasión en la vida es practicar diversos juegos electrónicos, similares a un juego de mesa, pero con mucha mayor tecnología.

En el siglo XXI, pensar en juegos de mesa electrónicos suena demasiado arcaico. Los inventos futuristas de Banks fueron rápidamente superados por la realidad. En 1988 cuando El Jugador fue publicado, todavía no existían las consolas de videojuegos que conocemos actualmente. Banks nunca se imaginó los avances que lograrían empresas como Sony o Microsoft con el Play Station y el Xbox, respectivamente.

Gurgeh, nuestro personaje principal, es uno de los mejores jugadores en su mundo, es decir, en La Cultura. Goza de una fama envidiable y se da una vida con ciertos lujos. Sin embargo, en algún momento, Gurgeh se siente vacío, empieza a pensar que su vida es monótona, aburrida, sin chiste. Por ello, y además amenazado por un robot, Gurgeh decide emprender un viaje que le dé sentido a su vida. Durante más de dos años, nuestro protagonista Gurgeh viaja por el espacio hasta llegar a una civilización mucho menos avanzada tecnológicamente que La Cultura.

El Imperio, como se llama la civilización a la llega Gurgeh, tiene un sistema político jerárquico. A diferencia de La Cultura, donde no existe el poder ni la riqueza, en El Imperio gobierna una sola persona. Banks afirma que los habitantes del Imperio son una especie de “bárbaros”, de “animales”, pues basan su sistema económico en la propiedad. Según el autor, la propiedad evita el desarrollo tecnológico. En esta parte del texto Banks delinea su postura político-económica. Desde una visión socialista, el autor afirma que la propiedad es uno de los peores vicios de la sociedad. La Cultura, un sistema político donde no hay propiedad y, por ende, no hay riqueza, es mucho más avanzada tecnológicamente y, además, mucho más igualitaria. Si bien podría decirse que Banks se pronuncia a favor del estado liberal y, por ende, igualitario, también hace una severa crítica al sistema capitalista.

En este sentido, dejando de lado la ciencia ficción y volviendo a la realidad, podemos preguntarnos: ¿Los países que fueron socialistas también eran los más avanzados tecnológicamente en su momento? La respuesta parece obvia. Las sociedades capitalistas, principalmente Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y los países nórdicos han gozado de mejores adelantos tecnológicos. El texto de Banks todavía creía en el socialismo de su tiempo. Sin embargo, como todos sabemos, un año después cayó el muro de Berlín y, en 1991, se disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Banks no previó en su novela este declive estrepitoso de los sistemas socialistas.

Además de englobar una doctrina política de carácter socialista, El Jugador nos habla también acerca del racismo, la sexualidad, los roles de género y las libertades sexuales. En La Cultura las personas pueden cambiar de sexo cuando lo deseen. Así, es posible mantener relaciones sexuales tanto con hombres cuanto con mujeres. De hecho, en una parte del texto, a Gurgeh lo tachan de “anticuado” por nunca haber mantenido relaciones sexuales con otro hombre. Cambiar de sexo en La Cultura es de lo más normal. Por su parte, en El Imperio, existen tres distintos sexos: los hombres, las mujeres y los ápices. Estos últimos son una especie de mezcla entre hombre y mujer. Ni son de un sexo ni del otro. Lo curiosos es que los ápices son el sexo más exitoso en El Imperio. Los ápices dominan a los hombres y a las mujeres porque contienen a ambos y a ninguno.

¿Qué nos quiso decir Banks con la invención de los ápices? ¿Estaría hablando tal vez sobre la homosexualidad? ¿Sería una crítica a nuestra sociedad? ¿Banks en El Jugador plantea una utopía donde hombres y mujeres pueden cambiar de preferencias sexuales sin ser estigmatizados? Con estas preguntas me viene a la mente la famosa frase de que “en política no hay coincidencias” y agregaría, lo mismo vale para la cultura. ¿No es curioso que Mark Zuckerberg haya propuesto El Jugador como lectura para estas dos semanas? ¿Tendrá alguna relación con la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo? ¿Será que Banks, como buen escritor de ciencia ficción, predijo el futuro, y éste lo alcanzó demasiado rápido? ¿La utopía sobre la sexualidad humana de Banks se logró este 2015?

La novela mantiene en muchos momentos un ritmo en apariencia tedioso y aburrido. Lo cierto es que el autor busca con ello acompañar el relato en donde La Cultura es un mundo sin pasión y sin grandes momentos vitales. Todavía hay mucho material para debatir en las obras sobre La Cultura. Aquí dejaremos nuestro análisis. En resumen, podría decirse que Banks, con El Jugador, planteó dos utopías: Por un lado, dibujó un mundo feliz, sin propiedad, sin clases sociales, sin desigualdad. Por otro, esgrimió un universo con mayores libertades sexuales. Desde mi perspectiva, Banks acertó una de dos. El socialismo parece lejos y las libertades sexuales se vislumbran cada vez más cerca.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s